Tocamos a tres turistas por cabeza

robadorsCapicúa! (Y me acabo de dar cuenta de que viene de cap i cua). Bien, después de comprobar que el Consorci per a la Normalització Lingüística lo está petando conmigo, resulta que el turismo extranjero también, pero con Barcelona. O al menos, eso es lo que nos están vendiendo. “El turismo extranjero marca un nuevo récord de visitas y gasto” leo en El País. “Catalunya batió el récord turístico en el 2014 pero el gasto medio cayó”, en El Periódico. El gasto medio cayó. Ajá.

Cualquiera hubiera podido titular por “Hay tres turistas por catalán”. Porque es lo que dice Puig y es lo que cualquiera puede comprobar en cuanto afina el oído en la calle. Nos comen. 16,7 millones de visitantes extranjeros recibió Catalunya en 2014. Aunque a Trias se le llene la boca hablando de la calidad, con los datos sobre el papel podemos ver que el plan es atacar el turismo low cost, que vengan más aunque gasten menos. Por primera vez en los últimos cuatro años, el gasto medio por turista baja de 907 a 897 euros.

Para esas hordas de cruceristas (que joder, parece un deporte y es lo puto más alejado que existe de cualquier forma de vida saludable y sostenible) hay que limpiar la ciudad. De putas, entre otras cosas. El Ajuntament les sugirió primero que presentaran una propuesta para optar a ocupar una vivienda donde ejercer. Lo rechazaron porque el consistorio vetaba prostitución y Raval. Pero al final han presentado una propuesta a Trias, que de momento, se pasa por el arco del triunfo.

Querían el edificio de Robadors 25, propiedad del Ajuntament. Cafetería en la planta baja, habitaciones para currar en las primera y segunda planta, formación en la tercera y viviendas para proteger a las que se decidieran a liberarse de sus chulos en la última. Este es el punto más interesante. Hay putas libres y putas esclavas. El Ajuntament las quiere a todas fuera, por mucho que diga que lo que quiere es luchar contra la trata. Aquí tiene una oportunidad de lujo. Trabajadoras sexuales que se conocen y confían las unas en las otras -¿o cuántas esclavas acuden a la policía?- con mecanismos propios para gestionar su oficio y su espacio. No estarán en las calles, que “queda feo” y estarán mucho más seguras si eligen dónde, cuándo y están rodeadas de las demás para su seguridad. Pero claro, para el Ajuntament es demasiado progre. Mucho más fácil ser cínicos, multarlas, precintar sus casas y presionar para que salgan del barrio para el que tienes otros planes.

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