2012, el año que pudo ser Madrid

El nuevo Plan de Limpieza

En Barcelona hay 25.229 papeleras. Con el nuevo plan se instalarán 500 papeleras más. La novedad es que serán papeleras dobles de alta capacidad (220 litros). El plan incluye también el incremento de la frecuencia de vaciado. Desde algunos sectores se ha alzado la voz para denunciar que la mayoría se van a colocar en Pedralbes, Sarriá y Sant Gervasi. Por otro lado, la recogida de cartón y papel, que hasta ahora era diurna, pasará a ser nocturna. Este breve no es muy polémico, pero es para ir calentando la columna, poco a poco vendrá el “in crescendo”.

 

La Vuelta vuelve a Barcelona

Pese a los numerosos escándalos de doping en el ciclismo, el que aquí firma sigue siendo un humilde aficionado a este deporte. Si dejamos a parte que la medicación personalizada, o doping, está institucionalizada en la mayoría de deportes de élite, ni qué decir tiene del fútbol, y que el ciclismo paga el pato precisamente por el cocktail explosivo de requerir un elevado esfuerzo físico sin los presupuestos de otros grandes deportes, estamos de enhorabuena. La novena etapa de la Vuelta a España 2012 terminará en Barcelona, concretamente en el Estadio Olímpico de Montjuïc. Así pues, se hará la subida completa a la montaña, lo cual promete un final de etapa muy picante. En línea con esta subida a Montjuïc, la Vuelta de este año se ha diseñado a medida de los escaladores, con la friolera de 9 finales en alto.

 

La Generalitat, enamorada de la Merkel

Francesc Homs, el portavoz del Ejecutivo catalán, ha vuelto a mostrar las vergüenzas de los planes de CIU para Catalunya al comentar, en rueda de prensa, que la Generalitat debería estar supervisada no por España, sino por nuestra amiga la Unión Europea. La misma que pide una reducción del salario mínimo interprofesional en España de los actuales 641 euros mensuales hasta 200 euros menos. Recordemos que las autonomías son responsables de 15.000 millones del total de los 20.000 millones de déficit nacional, lo cual no es extraño dado el enorme poder actual que tienen hoy en día las taifas neofeudalistas autonómicas. El mismo Francesc Homs se lanzó a la fama por querer vender edificios públicos de la Generalitat a una empresa privada, de la cual era accionista, para luego volver a alquilar esos edificios a la Generalitat. Esto de la supervisión de la UE –Francia y Alemania, a efectos reales– es muy jocoso. Francia y Alemania supervisan, y luego el déficit lo paga España. Es como pedirle al lobo que cuide de las gallinas. Lógicamente, es una manera sutil del consejero burgués de pedir a Alemania y Francia que descarguen a la Generalitat de las penosas leyes laborales que tiene que soportar su burguesía. Así se muestra el aparentemente inofensivo lema catalanista de que los japoneses, los chinos, los ingleses y todo el mundo es guay, excepto los españoles que son muy malos; lema que esconde en el fondo un desgarrador interés pecuniario.

 

El PSC, río revuelto y pescadores varios

Ya se acabaron los turrones y empezamos el año pisando fuerte, seguimos con política y olvidamos los anodinos sucesos. Hagamos ahora una reflexión sobre el PSC. Tradicionalmente, el PSC tenía asegurado el voto del denominado “cinturón rojo”, la facción más obrera, andaluza y menos afectada por el catalanismo pequeño burgués del PSC. Así pues, pese a que la mayoría de sus votantes no se masturbaba con la bandera cuatri-barrada, el discurso del PSC, en su búsqueda por arrancar votos a CIU, se aburguesó. Gracias a ello ganaron las elecciones, y gracias a ello gobernaron como si hubiera continuado CIU en el poder. Ahora, todo ha cambiado. En el cinturón rojo, escaldados, sus votantes tradicionales se han pasado alegremente al PP, o incluso a CIU, –puestos a ser nacionalistas, mejor el original que una copia vergonzante–. La solución, según lo visto en la prensa, pasa por convertir todavía más al PSC en CIU hasta integrarse en ella, en una sola Cataluña, prístina, pilotada por un sólo partido, el convergente. Ese quizá sea su destino, haberle hecho el trabajo sucio a CIU, de la misma manera que Justo Molinero pedía el voto para Jordi Pujol. Así, ilustres miembros del PSC, como Montserrat Tura, dicen, literalmente, sin que les haya supuesto la expulsión de su partido, que aspiran a un PSC cuyo objetivo sea la “autodeterminación de Cataluña”. Una auténtica rareza histórica la de este PSC, jamás la cúpula de un partido estuvo tan alejada de las aspiraciones de sus votantes. ¿Será casualidad?

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