Exclusiva | Entrevista a Albano Dante Fachin

Lo mejor de Albano Dante Fachin, aparte de que no tiene parangón entrevistar a un político que no tiene nada que perder, es que conoce a todo el mundo en el Parlament. Es decir, que cuando una llega a la puerta, se lo encuentra charlando con Forcadell, de quien se despide con un abrazo (no la había visto desde que salió de su noche en la cárcel) y en dos minutos vuelve a abrazarse, esta vez a una de las trabajadoras de la limpieza a quien promete organizar por whatsapp una fiesta de despedida cuando tengan que sacar sus cosas de los despachos. Eso será el 21D. Y de lo que pase ese día, de los eternos debates de la izquierda y de él mismo con su cantinela va esta entrevista que fue más bien una conversación-debate.

En la redacción dicen que eres muy progre pero no indepe, ¿qué tal esa definición?
Creo que en la situación que estamos viviendo la gente no se separa entre indepes y no indepes. Aceptarlo así es caer en la principal trampa del régimen del 78. El 1 de octubre había indepes y no indepes unidos por una cuestión que iba más allá. Cuando una organización como Podemos acepta acríticamente esa separación está renunciando a conceptos fundacionales. No se puede romper el régimen del 78 separando a los catalanes en indepes o no indepes.

Pero el mainstream sí separa a los catalanes en indepes y no indepes, y esta es la cuestión fundamental que se plantea el 21D.
Pero cuando Podemos decidió que los catalanes tenían derecho a decir, cualquier politólogo les hubiera dicho “peña, con esto no vais a ningún lado”. Pues sacaron 6 millones de votos porque creían en ello y fueron valientes. El problema es que ahora se ha renunciado. Cuando Echenique dice que En Comú Podem le ganó las elecciones a los independentistas, estaba olvidando que muchos independentistas los votaron porque entendían que se podía establecer una alianza con gente del resto del Estado para romper aquello. Nos podemos quedar en “qué malo es Pablo Iglesias o qué malo es Echenique”, pero al final lo que se refleja es una situación que va por debajo: hay dos comunidades políticas diferentes.

Entonces tú eres el llanero solitario, porque el espacio político que tú defiendes no tiene un partido al que votar.
En el discurso que hice el 26 de octubre dije 7 veces que no era indepe. Luego voy a una mani por la libertad de los Jordis y la gente con esteladas me felicita. ¿Qué pasa aquí? La gente que lleva años luchando por su objetivo se siente reconocida por alguien que les dice que la independencia no es su objetivo, pero que hay cosas que no se pueden tolerar. Se está demostrando que el problema en Catalunya ya no es si eres indepe o no, porque quien lleva una estelada no protesta contra quienes quieren votar no, sino contra quienes les apalean. No estoy en contra de que Catalunya sea independiente, si la gente lo piensa así o no, estará bien y creo que hay mucha gente que piensa así.

Haz de Nostradamus, ¿qué pasará el 21D?
Conozco a mucha gente de mi organización y mi entorno –sin valor demoscópico– que votarán a partidos independentistas sin serlo. Creo que el independentismo superará el 50% y yo quiero que lo haga. No porque quiera que Catalunya sea independiente o no, que me da igual, no me parece lo importante, sino porque lo que saldrá de ahí es otro mensaje: “No podéis venir a Catalunya a apalear a la gente y que os salga gratis”.

¿Cuándo se jodió la cosa con Podemos?
Yo vengo de trabajar en una revista donde éramos dos y cuando uno no estaba, el otro podía hacer y deshacer sin preguntarle a nadie. Así que no tenía una cultura de preguntar qué decir y qué no y al principio fue así. Eso me gustó y funcionó. Pero creo que la agudización del tema en Catalunya ha puesto a Podemos delante de sus límites. Hubo dos momentos de ruptura: el primero fue organizativo cuando se empeñaron en confluir con Catalunya en Comú aunque las bases dijeran que no al principio. Pero el segundo fue un momento político. La gente de Podem decidió que había que participar en el 1 de octubre y entonces Iglesias salió con aquello de “si yo fuera catalán, no votaría”. Te das cuenta ahí de que los círculos dan igual. ¿Qué nos importa, nuestros valores o tener que ir a la próxima entrevista en TVE y que me digan que participo en el “referéndum ilegal”?

Que nuestro espacio ponga el foco en el desprecio de la unilateralidad como herramienta política más allá de la DUI es una locura. Porque la unilateralidad no es lo que hace Puigdemont, es lo que hacen 2 millones de personas en la calle. Siendo una organización supuestamente transformadora y revolucionaria, el hecho de tener 2 millones de personas en la calle que desobedecen a un Estado es un sueño. Es el sueño de cualquier Lenin y no me puedo creer que nosotros renunciemos a eso.

Entonces, ¿defiendes el 1 de octubre como símbolo de desobediencia o también sus resultados?
Si me preguntas si fruto de esa consulta Catalunya se puede declarar independiente, digo que no. Pero eso no invalida el resultado, al contrario. El referéndum tuvo déficits, pero lo que pasó tiene que estar en un pedestal y toda propuesta que no lo tenga en cuenta es politiquería barata. Las condiciones del referéndum no permiten aplicar el resultado aunque hubiera participado el 90%, pero para mí tiene mucha más legitimidad que la convocatoria del 21 de diciembre.

Pero, ¿no acaba de ser el independentista un movimiento burgués?
Cuando Artur Mas se ponía al frente de las manis del 11 de septiembre, sí, era una maniobra para proteger a las 400 familias sin ninguna duda. Pero ese movimiento ha evolucionado. Yo vivo en un pueblo de Girona, convergente de toda la vida. En aquel pueblo ocupamos el CAP durante 4 meses porque Boi Ruiz lo cerraba y las señoras nos miraban fatal. Esa misma gente cuando topa con una injusticia que desde su punto de vista les afecta, tiene una reacción muy digna. El 1 de octubre estuve en Breda y a las que había que pillar para que no la liaran eran las señoras convergentes de toda la vida.

Pero es que a esas señoras de buena familia de toda la vida nunca les había pegado la policía y por eso se defendían así, ¿no? Es más atrevido el que no sabe a qué está jugando.
¿Y los que ya estamos curtidos no salimos ganando teniendo nuevos aliados? Porque el enemigo es el mismo.

Y es una buena base para construir el futuro, pero no puedes aceptar los resultados del referéndum porque mucha gente no fue a votar porque tenía miedo o porque no consideró que la convocatoria tuviera todas las garantías que debería tener en una democracia.
Para mí los resultados son válidos en la medida en que, más allá del debate sobre independencia sí o no, se empieza a entrever un problema mucho más grave.

Vale, pero nadie votó en condiciones normales.
Pero condiciones normales quiere decir que hay dos años para decidir, que habría un debate de verdad sobre lo que significa la república, formar parte de la UE… eso nos lo merecemos. Y muchos de los votos del sí, que en esas condiciones hubieran ido al no, quieren decir que queremos ser independientes para decidir. Pero es que a día de hoy el debate no es si los catalanes estaremos mejor en España o fuera de ella, sino si aceptamos la represión, los palos y la subordinación o no. Por eso, cada sí significa “nos rebelamos”.

¿Y qué crees que debería pasar ahora?
Hay que hacer unos de octubre hasta que cambien las cosas. Asumir la unilateralidad en las formas que sean. En la próxima legislatura podría ser, por ejemplo, en el tema de pobreza energética con el Tribunal Constitucional tumbándola. Si tenemos a Puigdemont, un señor cuyo partido no se metería tanto en estos temas si no fuera una manera de acusar a Madrid de ser malísimos, tenemos que convertirlo en un 1 de octubre. Es decir, okupar todas las oficinas de Gas Natural. Hasta que pase algo. Eso es el 1 de octubre, es unilateral y es transformador.

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