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Anestesia urbana {ci}

A mediados de mes siempre me llega un correo electrónico de la santa editora jefa de esta maravillosa revista, en el que me comunica la fecha de entrega límite para enviar mi columna. Por descontado, ella ya sabe que, como cada mes, me voy a pasar esa fecha por el forro; aunque le jure que no, que la quiero, queestavezserádiferente, y otras promesas de mal novio. La paciencia y la templanza de esta hembra, como hay pocas, son de admirar. Fascinada me tiene.

Después de registrar dicha fecha en algún recóndito lugar de mi cerebro y hacer COMO que pienso (porque incluso en los momentos de intimidad me gusta hacer el paripé y escenificar que pienso sin llegar a hacerlo, que es más descansado), me suelo olvidar del tema durante varios días, hasta que el resorte de la responsabilidad catapulta esa fecha de nuevo hasta el primer plano de mi petarda sesera. Ahí sí que me entran todos los males —entiéndase por todos los males la inquietud, la zozobra, el desasosiego— y me reconcentro (esta vez de verdad, qué remedio) en la temática de rigurosísima actualidad sobre la que versará mi columna del momento.

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Este mes no ha sido distinto a los demás y he respetado con ahínco mis rutinas de producción habituales, por aquello de respetarse a una misma o a las tradiciones, o por respetar algo, aunque sea. Pero cuando ha llegado el momento de reflexión, cigarrillo en mano, sobre las vicisitudes del complejo mundo contemporáneo, me he quedado en blanco. Qué flojera de mes, oyes. Es que trabajar por cuenta ajena te cambia, chica, mira qué poca guerra das. Ni los cartelitos de “El Park Güell com mai l’havies vist” logran enervarme. Y ante la previsión de vivir el 2014 en una ciudad infestada de obras en casi todas sus principales vías de tránsito ni siquiera he levantado una ceja. Ronda General Mitre, Balmes, la Diagonal, Passeig de Gràcia, Glòries, ¡y vamos para bingo! Si el Director de Mobilitat CREU que les afectacions no seran massa importants, jo també m’ho crec. ¿Por qué no? También hay gente que cree en Dios. La fe mueve montañas.

Barcelona mola big time y molará muchito more en 2015. Año de elecciones municipales, curiosamente. Ni me inmuto. Probablemente ya no me acordaré de la muerte de Juan Andrés Benítez, el vecino del Raval que falleció el pasado mes dándose de cabezazos contra los puños de unos Mossos. Ni me acordaré del interminable año de obras, ni de la tontería del Park Güell así que, ¿por qué alterarme ahora? Me resigno. Estoy como anestesiada, a la expectativa de la nueva muestra de soberbia de este ayuntamiento hacia sus ciudadanos. A ver qué nuevo chiripitifláutico edificio se les ocurre construir en el triángulo de las Bermudas barcelonés-Glòries, a ver cuando empiezan a cobrar entrada para ir a darse un baño en la playa de la Barceloneta, a ver qué nueva ordenanza cívica se sacan de la manga… Y así. Pero no bad feelings, ¿ok? Parece ser que ya he empezado a interiorizar la distintiva templanza que tanto admiro en mi querida editora jefa y he aprendido a ignorar los azares de la contingencia urbana. La sangre cada vez me hierve menos paseando por Barcelona; la pasión se ha evaporado. Soy feliz con mis vulgares pasatiempos: esperar ansiosa a que se puedan hacer pedidos internacionales de Soylent, ver ¿Quién quiere casarse con mi madre?, hincharme a cervezas cualquier martes por la tarde en un bar de chinos. Definitivamente, soy más feliz ignorando todo lo que ocurre, sí. Más que una fase zen, esto mío sería una fase Sálvame Deluxe.

Para el 2014 tengo el proyecto de hacerme con una tonelada de palomitas de maíz y encerrarme en mi piso mientras escucho Kraftwerk sin parar. Todo el año entero. Creo que será la única manera efectiva de proteger este estado de anestésica resignación. Así saldré en 2015 mejor preparada que nunca para mi deber principal como ciudadana: votar al tuntún. A esa fiesta que no falte nadie, ¿eh? Y como todo van a ser avenidas reformadas, esteladas ondeando en los balcones y fotos de sonrientes políticos que se deben a su pueblo en affiches electorales, quizás me vuelvo a excitar un poco con esta ciudad, ¿quién sabe? Lo mismo hasta acabo votando al que tenga más cara de buena persona, que es un poco lo que hace mi abuela. ¿Para qué complicarse? [/s2If]

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