Arroz Negro 008

Reinado de un corazón tercero:// No sé por dónde empezar
A contar las palomas
Que se posan en lo alto
De los muros
De piel y cortinas
Con plumas que danzan
Solas
Sin necesidad de mojar
Sus alas en cal
El que las ve lo sabe
Se calla y se va
Tú no sabes
Ni cómo ni cuándo
Te fijaste en
—Ellas te venían a buscar—
Con el porte distinguido
De un gavilán
Blancas como la espuma
Olorosas como el pan
—Esas no eran aves de ciudad—
Esas eran esposas del cielo
—Escaleras que contar—
Se enroscaban verticales
Como auroras
Con el legado de un corazón
Tercero y lleno de aire
Por respirar y reinaban en paz
Por encima de las cabezas
—Por encima del mar—
Irresponsables y tiesas
Pero llenas de bondad
(Dime cuántas migas
te dejaste por contar).

Paraíso número IX://
Andamos muchas veces bordeando el mar
El camino siempre era largo y estrecho
Y la tierra siempre quedaba a la derecha
Nos cruzamos de vez en cuando
A ciertas personas
Ellos iban a veces en la dirección contraria
Y nos costaba cruzarnos sin desviarnos
Del camino
Debido a que era largo y demasiado estrecho
Y los listones de madera que nos sujetaban
En la roca
Eran a veces tan móviles que dificultaban
Nuestro equilibrio
Y el sabor del mar estaba tan cerca
Que casi nos escocía los ojos
Tú me miraste
—puede ser—
Y me dijiste algunas cosas
Que hay que saber
Para guardar el equilibrio
—en ciertas circunstancias—
Pero el mar estaba tan cerca
Que era difícil escucharte
—y más responderte—
Todavía tengo espinas que no me sacaste
—Y todas esas frases—
Dime hasta dónde subimos
—porque no caímos—
Y en qué lugar te quedaste
La tierra sigue estando cruzada a la derecha
Los puñados de sal
—y las anotaciones—
Siguen apareciendo en mis bolsillos.

Paraíso número XII:// También supe que andabas hacia ellos
Me dijiste que estabas a su alrededor
Nunca nadie pudo mirarte a los ojos
Y te enterraron sin ellos
—Sé que brindaste por todos nosotros—
Y yo te recogí
—Mucho más tarde—
Porque supe que andabas conmigo
—Yo te hablé con mis palabras—
—Tú me hablaste con palabras—
Y aquí estoy
Tengo tu libro
—No sé quién lo escribió—
Tengo tu carta
—No sé quién me la dio—
Y aquí estoy
Sigo andando detrás de ti
Sé que mañana contarán tus pasos
Una y otra vez
Yo estaré detrás de ti
Escuchando tus coces
Midiendo tus voces
Siguiendo todo aquello que dejaste
Bajo mi almohada
Y fingiendo que no sé nada
Una y otra vez
Para poder entrar por la puerta
Que a ti te cerraron
Señalando todo aquello que tú señalaste
Midiendo todo aquello que tú decidiste medir
Rebajando toda la pena que te hicieron cargar
Anulando todas tus marchas
Para poder andar
Una y otra vez
Detrás de ti.

…………………………………………………………………………………….

Hola Adió:// La semana pasada estuve de compras y mis ojos no daban crédito cuando le vi. ¿Podía ser que él estuviera en la misma tienda que yo? Pues sí, era él, el gran señor adiós en el mismo lugar que yo. No pude resistir acercarme y preguntarle por un autógrafo. “Hola”, le dije. “Hola, señor adiós, soy un gran fan suyo, un gran admirador del famoso señor adiós, ¿me daría un autógrafo?”. El gran famoso señor adiós se dirigió hacia mí con una sonrisa muy humilde y agradable, y me dijo: “Hola, por supuesto puedo darle un autógrafo, pero yo no soy el señor adiós.” “No entiendo”, dije, “le reconozco, usted es el único y gran señor adiós. ¿Cómo que no es usted?”. Su sonrisa se ampliaba como si le hiciera mucha gracia mi pregunta y respondió: “¡El señor adiós no existe! Sólo existe el gran señor hola y yo, y yo soy el gran señor hola disfrazado de adiós”. Se podía ver la confusión en mi cara, entendí aún menos y no hizo falta decir nada, pero repetí “No entiendo”. La sonrisa del señor adiós aumentaba y a continuación me explicó: “A ver, como he dicho, sólo existe el gran señor hola, y yo soy el gran señor hola disfrazado de adiós. El señor adiós en sí no existe, sólo yo que soy el señor hola disfrazado de adiós, pero todo el mundo me conoce como el señor adiós”. Mi cara hacía un esfuerzo ridículo por expresar mi confusión, y sin decir nada el señor adiós se echó a reír y siguió: “Mire, cuando usted era pequeño, le llevaron el primer día a la guardería para dejarle allí en un mundo nuevo, lejos de su entorno conocido y sin sus padres, quienes siempre le proporcionaron ese sentimiento de estar seguro. Ese mismo día en el momento de decir adiós a sus padres por primera vez, sus lágrimas eran grandes y pesadas, el dolor de tener que decir adiós controlaba su mundo. Usted no quería decir adiós, pero tenía que hacerlo y sus padres le dejaron en la guardería donde el mismo día, en el mismo momento de efectuar el adiós decía hola a un nuevo mundo, dijo hola a sus nuevos amigos, dijo hola a los nuevos profesores y dijo hola a una nueva época con nueva información. Era necesario decir adiós para poder decir hola. Más tarde usted tenía que decir adiós a este mundo, adiós a los amigos de la escuela, adiós a los profesores y adiós al sentimiento que tenía mientras permaneció allí. Usted tenía que decir adiós de nuevo para poder decir hola a un nuevo mundo con nueva información. ¿Y recuerda cuando se despidió para estudiar en el extranjero? La gran fiesta con todos los amigos y profesores, usted no paraba de llorar con los mejores amigos por tener que decir adiós y poder decir hola al nuevo mundo, y otra vez aprendió muchísimo en ese nuevo mundo. ¿Entiende lo que quiero decir? Es necesario decir adiós para poder decir hola. Así que el adiós no existe, sólo existe el hola disfrazado de adiós. ¿Me explico?”, preguntó, cerrando su discurso con la expectativa de que yo le había entendido. “S-S-Sí”, tartamudeé, pensando que lo había entendido, pero yo estaba perplejo con la explicación. Así la explicación tenía sentido. Le pasé un papel y un bolígrafo preguntando por el autógrafo, que lo firmó con ganas. Me dio la mano y se giró, y salió de la tienda. “¡Adiós!”, le grité. Se dio la vuelta, me miraba a los ojos, levantó su mano y dijo: “¡Hola!”

Written By
More from staff

Peligro de extinción 010

Al ayuntamiento, sin que importe demasiado su color político, de esta ciudad...
Read More

1 Comment

  • Ante todo, felicitarlos por la publicación. me es gratificante encontrarlos tan seguido en tantas partes. y los aliento a seguir por la misma via. les mando un relato aver si les gusta. un abrazo. cristian.

    LO REVELADORAMENTE SUCIO DE CAMINAR HACIA UN DESTINO

    Iban dos caminando muy afirmados el uno del otro, enlazados por el brazo. Yo iba detrás de ellos, tratando de dominar el paso largo, apresurado por llegar a algún sitio. Tal vez iba al trabajo, no lo recuerdo muy bien, quizá llegaba tarde a una cita, pero lo más probable en esos tiempos fuese que llegara tarde una vez más al trabajo. Otro trabajo más. Otra vez llegando tarde. Siempre llegando tarde a todos lados. Y qué perdida de tiempo es llegar tarde al trabajo…! Jajaja… Trabajo, trabajo… Tarde, tarde… Ese mediodía se presentó anticiclónico sobre mi cabeza, no pensaba en otra cosa en ese instante más que arribar lo más pronto posible a mi destino. Y ahí estaban estos dos, frente a mí, y caminando tan apaciblemente, tan solo como las parejas que dan un paseo por el centro lo hacen. Apresurando más el tranco los rebasé como un relámpago por uno de los flancos hasta ubicarme a uno o dos pasos por delante, mientras, no pude evitar oír parte de la conversación que llevaban. Hablaban en voz alta: “Dale, Cris, hablemos…”, oí implorante ella, “¿De qué hablaremos? ¿Te parece de lo bueno, lo verdadero y lo hermoso? ¿O quizá sobre lo feo, lo malo y lo más verdadero aún…?”, contestó preguntando él, también acompañándolo con un irónico movimiento de cabeza y arqueando leve y espasmódicamente la espalda, lo cual me llamó de tal manera la atención que inevitablemente giré la cabeza en torno a ellos, a sus caras y sus gestos, distrayéndome completamente del ensimismamiento cabizbajo hacia donde la falta de tiempo y el destino me estaban conduciendo, de tal manera y lo suficiente para encontrarme de repente pisando con toda mi talla 43 de calzado, una monstruosamente desproporcionada montaña de chorizos de mierda que algún hijo de puta olvidó o no quiso levantar de la acera esa misma mañana, cuando sacó a su elefante de compañía a pasear. ¿Fue esto un aviso?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *