Barceloneses fuera de red {una historia de chabolas}

Según Vodafone, el 90% del exterior de Barcelona y el 75% de sus interiores tienen cobertura 4G; en la web de l’Ajuntament, vemos que hay 704 puestos de Wifi repartidos por la ciudad, para facilitar el acceso a Internet a sus ciudadanos. Curiosamente, en ciertas calles del distrito de Sant Martí, no hay. Sus habitantes tampoco lo necesitan. ¿Para qué la quieren, si no tienen ordenador, o enchufes, o ni siquiera corriente?

Son en su mayoría inmigrantes galaico-portugueses, establecidos en el barrio desde hace varias décadas; se dedican a ser temporeros y feriantes, sus ingresos son irregulares y cuando los tienen, tirando a “regulares”. Aunque también están sus hijos, nacidos y criados en Catalunya, que asisten a la escuela y participan en esplais y demás actividades junto con niños sedentarios con wifi.
Entre empresas de tecnología, viviendas (esas con paredes de verdad, calefacción y ascensor) universidades públicas y locales de copas, viven unas 50 familias en maltrechas caravanas. Aunque hablar de caravanas es pasarse. “Palets con sábanas y tiendas del Decathlon” sería una descripción más adecuada.

El tema de la infravivienda ya viene de lejos y no es un hecho aislado: Montjuic, el Camp de la Bota, Mar Bella… la historia de Barcelona está llena de barracas. La mayoría ya han desaparecido. Por ejemplo, Can Tunis fue de los últimos en, digamos, “diversificarse”. Ahora se puede ir a cualquier urbe del extrarradio y ver gente que sobrevivía allí.

Irónicamente, hay una playa llamada del Somorrostro (ahí sí que puedes ver destrozos humanos a las seis de la mañana de cualquier fin de semana). Recuerdo de un pasado que no existe, a los ojos de todos. Porque esto no mola en Barcelona. Es muy bonito recordar lo quinquis que éramos pero qué cosmopolitas somos ahora. No queda bien en la moderna ciudad, que crece a pasos agigantados con centros de diseño, capitales mundiales de telefonía y servicios para guiris. Se mira hacia afuera, nunca hacia adentro. Nunca a aquellos que no pueden contribuir, a aquellos que viven de otra manera.
¿Cómo se puede mejorar una situación que no es buena para nadie? En Francia existen zonas específicas para comunidades itinerantes, donde se les da acceso a agua y electricidad. No quiere decir que sea la mejor solución, pero al menos se trabaja para una solución. Tampoco quiere decir que los propios afectados lo acepten. No todo el mundo quiere tener wifi. Sencillamente porque “no sabemos dónde estaremos dentro de un mes”, dicen.

Supone también un problema, en sí conceptual. ¿Querríamos nosotros vivir así? U otra, ¿queremos gente que vive así a nuestro lado? Porque en Marruecos es chulo ver las comunidades bereberes, nómadas que te cantan y te pasean en camello, pero en la esquina de enfrente… sólo queremos un vecino al que poder robarle Internet.

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1 Comment

  • Interesante columna Sr. Carlos. Es cierto que la pobreza es un problema histórico en Barcelona, un dilema muy difícil de resolver como ya apuntabas…

    Tal vez si nos quitáramos algún político/caradura del ayuntamiento y ponemos gente que se preocupe de verdad nos iría mejor a todos!

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