América, América

Todo un inmenso jardín

Eso es América, cantaba apasionadamente Nino Bravo, soñando con una tierra de promisión que con los años ha ido basculando entre destino y origen de las esperanzas de aquellas generaciones que, a uno u otro lado del charco, desearon un futuro mejor. En las últimas dos décadas nuestro país llegó a convertirse en lugar de acogida para multitud de escritores latinoamericanos, y en especial Barcelona, tal vez gracias al eco de los años 60 y su feracidad editorial, por obra y gracia de la agente Carmen Balcells. Sobre aquel momento dulce, sobre García Márquez, Vargas Llosa y muchos otros, el periodista Robert Saladrigas ha publicado recientemente Voces del «boom» en la editorial Alfabia, pero, después de aquello, después también de Roberto Bolaño, ¿qué queda hoy del gran exilio literario latinoamericano en Barcelona? ¿Ha reverdecido ese inmenso jardín entre nosotros o, como muchos de sus compatriotas, en tiempos de crisis vuelven los escritores a sus países? Quizá el matiz sea distinto, pues el obrero que decide regresar cuando el sueño se desmorona no está exactamente en la misma posición que el escritor, aunque la vida cotidiana de este último pueda ser a veces tan precaria. Sin embargo, todavía encuentra aquí un tejido editorial que a menudo falta en su país, a pesar de que a veces la creatividad y las ideas florezcan con más fuerza precisamente en lugares como México, Argentina o incluso los EE.UU., cada vez más hispanos. En todo caso, tal vez el jardín esté en nuestra orilla un poco descuidado y falto de semillas, a pesar del empeño editorial de sellos como Anagrama en descubrir una vez sí y otra tampoco al nuevo Bolaño de los huevos de oro.

 

Con todo, nuestra ciudad sigue siendo espacio de encuentro para los autores venidos de la otra orilla del idioma. Dedicados también al periodismo cultural, como el argentino Matías Néspolo o la peruana Gabriela Wiener. Reconocidos narradores como el mexicano Jordi Soler, el peruano Santiago Roncagliolo, los argentinos Raúl Argemí y Flavia Company o el colombiano Juan Gabriel Vásquez. Poetas como los argentinos Carlos Vitale o Antonio Tello. Todos han elegido Barcelona o su entorno para vivir, aportan su acento y, ya sean referentes en nuestras letras como el porteño Rodrigo Fresán o aún no tan conocidos como el mexicano Juan Pablo Villalobos, los escritores latinoamericanos nutren sin duda nuestro panorama literario. A veces como reactivos de la vida cultural de la ciudad. Es el caso del novelista ecuatoriano Leonardo Valencia y los talleres de su Laboratorio de Escritura, de la narradora chilena Claudia Apablaza a cargo de la colección de vanguardias latinoamericanas en la editorial Barataria, del periodista y poeta peruano Jaime Rodríguez Z. al mando de la revista Quimera o del argentino Hernán Casciari con su proyecto al frente de Orsai.

 

Pero sobre todo Barcelona ha sido, desde aquellos dulces 60, y sigue siendo una cabeza de puente editorial para que otros autores latinoamericanos se den a conocer entre el público español, a través de sellos como el de Herralde pero también de las editoriales independientes más modestas. Cabe destacar en los últimos dos años a escritores como los argentinos Martín Lombardo, con su novela Locura circular en Libros del Lince, o el gran Fabián Casas, quien tras Los lemmings y otros repite este año en Alpha Decay con Ocio. Precisamente en su colección Héroes Modernos, esta editorial barcelonesa publicará también en 2012 No leer, un particular compendio de ensayos literarios del chileno Alejandro Zambra, una de las nuevas voces más interesantes de ese inmenso jardín americano.
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Cuentista a estribor

 

En el panteón de la gran literatura latinoamericana, tantas veces asentada sobre el cuento, y al lado de Borges, Cortázar, Quiroga, Saer, Arreola, Rulfo o Felisberto Hernández, sorprende que hasta ahora no figurara un autor como Francisco Tario (Ciudad de México, 1911), un completo desconocido en nuestro país, a pesar de que figuras como García Márquez señalaran en su momento el valor de su obra. La editorial Atalanta se apunta el tanto del descubrimiento por estos lares y nos revela a un narrador genial, dueño de una prosa vibrante y en estado de gracia, a través de los relatos reunidos en La noche y de un prólogo esclarecedor sobre la vida y la obra de Tario. Hijo de emigrantes asturianos y, ya para quien esto escribe, uno de los escritores mexicanos mejor dotados para el cuento, Tario fue un personaje irrepetible: portero de fútbol, pianista, empresario y, sobre todo, autor instalado en el margen. Desde ahí, Tario se lanzó a una escritura libérrima, portentosa e inclasificable, con obras como Equinoccio, malvada colección de aforismos a la altura del Diccionario del Diablo de Bierce, o Una violeta de más, una suerte de elegía escrita ya en su etapa final en Madrid, donde fallecería en 1977. Pero sobre todo con estos relatos, verdaderos prodigios de imaginación y tajos profundos de la mirada de Francisco Tario sobre las cosas (enfocada desde lo inverosímil: un muñeco, un ataúd, un barco o una gallina) que, como grietas, hacen tambalearse las convenciones del relato breve y, de paso, airean los secretos de la condición humana.
……………………………………………………………………………………. La noche • Francisco Tario • Atalanta

 

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Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973) reside desde hace años en España y, después de varios títulos, publica ahora su segunda novela, Moravia, que le confirma como uno de los narradores más solventes y honestos del panorama actual. Aunque Moravia tiene mucho de crónica argentina y homenaje tanguero a los años 50, el porteño arranca su novela con dos temas universales: la necesidad, a veces violenta, de que el otro nos acepte y la soledad del artista en sus inicios. A partir de ahí, y a través de un detonante que le dará un potente giro a la narración, Luján hace con el género negro lo que todo buen novelista con ambiciones literarias, es decir, utilizar sus resortes para contar una historia y no quedarse en el manierismo de las fórmulas. Con ese punto de vista, y sin olvidar su deuda con El extranjero de Camus, Moravia es una novela emancipada de clichés, con una prosa equilibrada, entre lo poético y lo efectivo, con la que su autor demuestra conocer la demora en el detalle y, al mismo tiempo, poseer la agilidad del buen flautista de Hamelin (armando en este caso con un bandoneón a su protagonista), que sabe llevar a los lectores a su terreno hasta el final del viaje, brillante en esta novela. Moravia es una carga de profundidad sobre la impostura, el rencor, la emigración, el destino, la ambición y los lastres de la memoria o, por decirlo con Gardel, sobre el “miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida”.
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Moravia • Marcelo Luján • El Aleph

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