Censura {vi}

cafeamllet

Seguimos con la publicidad.

Esta vez, en cambio, se trata de una publicidad que no se ve, que no hemos visto. No hay por lo tanto declaración alguna, aunque haya dado que hablar. El alcalde sólo se ha puesto a mirar hacia otro lado. Es sabido que la tortículis le está machacando. Albano Dante y Marta Sibina publicaron un libro con el evocador título de Artur Mas, on són els meus diners? en el que denuncian la gestión de la sanidad catalana llevada a cabo por cargos de CiU y el PSC. Decidieron entonces darle un poco de publicidad en los autobuses y para ello contactaron con Promedio, la empresa que gestiona este servicio para TMB. El proceso siguió su curso y el boceto fue aprobado por TMB. Pronto, sin embargo, la decisión fue revocada. Dante y Sibina preguntaron qué había ocurrido. Oye no, mira, es que no hacemos publicidad de revistas. ¿Revistas? Esto es un libro, ¿no has visto el boceto, loco? Ah. Pues espera, no sé, llamaré a la gerente. [Aclaración: Dante y Sibina también dirigen una revista, Caféambllet, que no lustra los zapatos de los gobernantes precisamente, y ellos lo saben, porque no les gusta pisar su propia mierda.] Volvió el correveidile. Oye, que no se ajusta a las normas. ¿Qué quieres decir? Que TMB prohíbe explícitamente la publicidad de mensajes ideológicos o creencias individuales. Repito, ¿qué quieres decir?

¿Denunciar la malversación de fondos en el sistema sanitario catalán es un mensaje ideológico o una creencia individual? ¿Quién lo decide? El director de TMB, Joaquín Forn, es el responsable en última instancia de la censura. ¿Qué debió de pensar él, o uno de sus astutos asesores, al leer el título? Artur, Artur… on són els meus diners? A mí me hace divagar la mente por paraísos o palacios musicales. Pero, claro, yo no soy teniente alcalde de la ciudad por CiU y uno de los más estrechos colaboradores de Xavier Trias, quien aparece mencionado en el libro (no, no es en los agradecimientos). Débil y untosa es la carne del político. Censurar desde lo público la publicidad de este libro es justamente un mensaje ideológico y una creencia individual. Denota inseguridad moral. Parafraseando libremente a Sebastian Castellio, censurar la publicidad de un libro para defender una idea (¿qué idea? ¿el derecho a apropiarse de lo público?), no es defender una idea sino censurar la publicidad de un libro. Y uno sólo puede pensar que todo irá a peor cuando además Xavier Trias ha recibido al alcalde de Budapest, un conocido neonazi, que colaborará para hacer un parque para niños en honor a Jaume I.

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