cine diciembre/enero

Este mes quería hablaros de la nueva y reluciente Filmoteca, abierta en pleno corazón del Raval, pero hay un problema: permanece cerrada. Uno, varios o todos los personajillos que hay en la cadena de mando burocrática entre el alcalde de Barcelona y el director de la misma nos la han jugado, han cerrado la vieja para no abrir la nueva. Dirán que la crisis es la responsable, ahora hermana mayor de la incompetencia, siempre tapando travesuras. Con un retraso de 4 años y pico, su inauguración fue en plena ilusión de bonanza. Con paso firme Convergència no va a dejar ni al apuntador; han prometido descabezar el CCCB e implantar su rodillo sectario catalanizador ombliguista.

 

Pero os contaré un secreto, la gran calamidad no ha sido no abrirla, sino cerrar la vieja dejándonos huérfanos de clásicos. Los filmotequeros asiduos vivimos el cambio como un trauma, siendo así, los retrasos nunca nos han parecido mal. Le teníamos tomada la medida al Aquitania (abierta hasta el 2 de este mes) y a sus habituales contertulios sexagenarios, con sus ronquidos, tos crónica y veleidades con el público. Yo gano en comodidad pues correteo por esa zona habitualmente, pero desde aquí mi solidaridad con los yayos y mi previsión de pánico a una filmoteca plagada de snobs fanáticos de Wes Anderson y Sofia Coppola. El esfuerzo de ir al Aquitania establecía la propia criba.

 

En cartelera, Polanski es nuestra apuesta, sigue en plena forma cuando exploramos sus obsesiones claustrofóbicas. Un dios salvaje es una bonita película familiar para la Navidad, súmale cuatro interpretaciones gloriosas (Waltz, Winslet, Foster y C.Reilly) al caldo de mala leche para los biempensantes, y añádele un guiño a El ángel exterminador, ya tienes postre para Nochebuena.

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