Crónicas veraniegas desde mi escritorio de la oficina

Menudo titulazo me he marcado para este mes. Bueno, a lo que vamos: ante todo, sabed que ando baja de forma, feligreses míos, así que no busquéis la chispa que da nombre a mi sección y que suele protagonizar mi prosa de bombo y platillo; seguramente no la vais a encontrar.

 

Si habéis reservado el último Donette para deleitaros doblemente mientras me leéis: stop right now, bitches! Que luego no me lo perdonaréis y todo serán reproches y lágrimas de las agresivas-pasivas. Ya tuve bastante con una novia, como para aguantaros a vosotras… Avisadas quedáis.
−Cuando te pones en plan “pero qué público más tonto tengo”, eres insoportable.
−¡¿Y a ti quién te ha preguntado?!
El bajonazo lo arrastro desde julio, mes en el que empecé a trabajar en una OFICINA.

 

Ya sé que os conocéis mi biografía de pe a pa pero, más que nada para rellenar espacio, os pondré en antecedentes. Mi vida laboral remunerada siempre ha estado del todo ligada a los subsectores hostelería y comercio. Así pues, tanto si me calzaba el mandil como las medias de leopardo rojas, afrontaba mis ocho horas detrás de la barra o el mostrador como si fuera la protagonista de mi propio reality show, en el que no paraban de entrar y salir personajes, y yo resolvía sus problemas sirviéndoles cafés o vendiéndoles camisetas. Bueno, parece más una tira cómica que un reality, ahora que me fijo… Algún día tendré que desarrollar esto.

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