El Apocalipsis

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Calvino quemó a Miguel Servet en la hoguera en 1553 por no reconocer la Santísima Trinidad. Hoy en día hasta Alberto Fernández Díaz pone en duda la existencia del Espíritu Santo. En uno de los debates electorales, Ada Colau se refirió al documental Ciutat Morta y Fernández Díaz, el apocalíptico, respondió lo siguiente: “También hay una ciudad quemada, porque los contenedores no los quema el Espíritu Santo, señora Colau”. Lo cual es un problema especialmente grave en la ciudad de Barcelona, donde tenemos el agua más cara de España.

Lo de Fernández Díaz seguramente era un farol para pasar por ateo, sobre todo en una campaña polarizada por dos monjas de clausura. Quién le iba a decir a la derecha catalana que le iban a rebasar por el flanco religioso, y quién le iba a decir a la derecha española que debería enarbolar la separación entre la Iglesia y el Estado.

Porque Teresa Forcades, cofundadora de Procés Constituent, anunció que estaba deliberando ser candidata a la presidencia de la Generalitat en las elecciones previstas para el 27 de septiembre y, aún más, apoyó la candidatura de Ada Colau para ser alcaldesa de Barcelona.

Convergència i Unió estaba descolocada. ¿Acaso Unió no había votado con Gallardón para restringir el derecho al aborto? ¿Acaso no dan dinero a colegios católicos que separan a niños y niñas para que no se consuman en el pecado? Y ahora va y les sale una monja de izquierdas.

Mas y Trias se pusieron manos a la obra caritativa y ficharon a Sor Lucía Caram, la catalana del año. Para muestra, un botón: “Mi intención no es la militancia política, como Forcades, sino hablar de lo que molesta”. El movimiento se demuestra andando, así que Sor Caram se puso a hablar: “Tendrán un problema si votan a Ada Colau”. Esto respecto a militancia política. A ver entonces sobre “lo que molesta”: “Sorprende el discurso de la descalificación que hacen algunos, como si en Barcelona y en Cataluña no se hubiera hecho nada durante años en el terreno social, cuando aquí en realidad se está haciendo un gran trabajo”. Será con el Evangelio, porque es un hecho que las desigualdades en Barcelona, Cataluña y España no paran de aumentar, Sor Caram. Pero, por si quedaban dudas: “Estoy enamorada del presidente Mas”. Ah, bueno, si es por amor, ya es otra cosa.

Quien no comprende nada es Fernández Díaz, Jorge, ministro del Interior. Su hermano se vuelve ateo, le salen monjas independentistas (y una de ellas, para colmo, de izquierdas) y se ve obligado a hacer declaraciones como ésta: “La separación Iglesia-Estado se remonta al Concilio Vaticano II”, cuando poco antes había afirmado: “Dios está muy presente en el Congreso de los diputados. Las Cortes son el órgano legislativo y, Dios, el gran legislador del Universo”. Qué papelón. No es extraño que, con Barcelona calcinada después de la administración convergente y con Ada Colau de alcaldesa, el ministro del Interior considere que estamos en el Apocalipsis.

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¿Te ha gustado la ilustración? Es de Iván Cuadros.

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