El Comidista peta la burbuja {feature}

Mikel Iturriaga (El Comidista)

Mikel Iturriaga lleva cinco años escribiendo sobre comida. De pequeño no le gustaban las anchoas, pero cuando su padre le dijo: “Es una vergüenza que seas de Bilbao y no te gusten las anchoas”, tuvo que probarlas. Quizá entonces se plantó la semilla de El Comidista. La crisis de los medios, que derivó en que le echaran de ADN, y hartarse de escribir sobre música hicieron el resto. Entre lo que opina: hay una burbuja gastro y deberíamos dejar de decir que un plato tiene o no tiene rock ‘n’ roll.

¿Te acuerdas de cuando descubriste que comer bien era muy importante?
Me acuerdo de la primera vez que probé el tomate y me gustó. Cómo disfruté de la mezcla de acidez, dulce, aceite, sal… debía tener cinco o seis años. También recuerdo la comida de la playa. El orgasmo de llevar toda la mañana en la playa, con el hambre que haces y que de repente aparecieran las tarteras con la tortilla de patatas, los filetes empanados, los pimientos…

¿Cómo empezaste?
Con la crisis nos echaron a todos los que trabajábamos en la web de ADN. Había hecho un curso en la Hofmann y leía blogs de comida que se estaban haciendo en EE.UU. y trataban la comida con una aproximación diferente. Los contenidos culinarios en la prensa española estaban enfocados a dos públicos: en un extremo amas de casa y en el otro las estrellas Michelin. No había nada que pensara en un público más joven, con un lenguaje distinto. El blog que empecé tuvo aceptación, porque era divertido y no contaba las historias de siempre. Y esa mezclilla gustó a los que en 2010 eran responsables de la web de El País.

¿Cómo ha cambiado lo que escribes?
El resultado de mi trabajo ha mejorado muchísimo. Al principio das muchos palos de ciego. Ahora veo mi primer blog y tiene un punto de frescura que ya no tengo —después de haber hecho muchas recetas—, pero con los temas afino mucho más. En los blogs es fácil notar cierto cansancio. Yo publico todos los días y eso se nota. Ahora estoy intentando reconducir la cosa.

¿Cómo ha cambiado la escena?
Antes había menos blogs, las redes sociales han influido mucho… La gente que estaba en esto estaba más por ilusión. Ha pasado lo que pasa con todo, en el momento en el que crece se apunta mucha gente que quiere ganar dinero. Se lo montan para que les manden productos gratis o que una marca les pague por hacer promoción y engañan a sus lectores. En algún momento las agencias de las marcas descubrieron los blogs… ¡y se jodió todo! Ves gente para la que todo es bueno. Yo siempre he intentado mantener un cierto tono crítico.

Hablando de los bloggers, ¿hay una burbuja?
Totalmente. Una vez me ofrecieron mil euros por un tuit y pensé: “Realmente estáis tirando el dinero”. Están pagando a cinco o seis bloggers, de los que uno tiene influencia y los demás no —porque no tienen credibilidad y son gente dispuesta a cualquier cosa—. Supongo que en algún momento quienes mueven el dinero en el mundo de la alimentación se darán cuenta de que no van a ninguna parte con esto.

¿Petará la burbuja?
Lo malo es que estas acciones de las agencias, al final, son baratas, comparadas con los canales tradicionales de comunicación. Y además la gente se vende por dos duros. Esta especie de boom pasará por puro hartazgo del público. No digo que todos sean malos —me jode un poco que se meta a todo el mundo en el mismo saco—, pero los blogs tenían una cierta credibilidad que no tenían los medios tradicionales. Había una relación de confianza que se está rompiendo. ¿Cómo vas a creer a alguien que todos los días te recomienda algún producto?

La comida es lo más vital que existe, ¿qué significa para nosotros, la gente normal, que algo tan vital se convierta en moda?
La cocina se ha puesto de moda porque hemos dejado de cocinar. Cada vez veo más clara la relación entre ambas cosas. La comida casera está en claro repliegue, cada vez comemos más fuera y cada vez tiramos más de comida industrial. Hay otros factores: la preocupación por la salud. El boom de la comida viene después de una época de bonanza económica en la que la clase social media, que tradicionalmente no tenía acceso a lujos gastronómicos, de repente la tuvo. También el fenómeno de los chefs, o la aparición de Internet; el boom no se entendería sin el de las webs, las redes sociales, cómo la comida se convierte en una cuestión de status en las redes —la foto de lo que comes da caché—. Pero lo más importante es que la gente no tiene ni puta idea y cuando ven que no están ni mamá ni la abuela, y no quieren estar comiendo pizza congelada cada día, demandan información gastro.

¿Te culparías un poco?
Mejor dicho, me responsabilizaría en una pequeña parte. A los que estamos en esto nos viene de puta madre. Los medios han descubierto que la comida vende. ¿De toda esta moda qué va a quedar? ¿Esto está ayudando a que la gente coma mejor o cocine más en casa? Quiero pensar que sí, pero hay que esperar.

¿Qué es lo mejor y lo peor de esta moda?
Lo mejor es que un público joven al que antes la comida le importaba tres cojones y se comía cualquier mierda, ahora es un poquito más exigente. Esto incluye a los niños, Master Chef Junior puede ser criticable, pero si consigue que los niños se interesen por cómo se hacen las cosas es una buena noticia. Cualquier cosa que ayude a que la gente vuelva a cocinar en casa es buena. Cualquier cosa que saque la alimentación de las manos de quien la tiene es buena.
Lo peor es el postureo. Me parece lamentable todo ese fenómeno de aparentar que eres el que va a los sitios más guays. También la pérdida de ciertos valores de la cocina tradicional en pro de una más moderna, estandarizada y mal entendida. En muchos sitios en vez de apostar por cosas sencillas, hacen el gilipollas.

Hablando de esnobismo, ¿hay frases cliché en la cocina que odias?
“A este plato hay que meterle rock ‘n’roll.” No. Es una metáfora que me pone muy nervioso. Se ha convertido en un topicazo. También el abuso del diminutivo. Basta ya. Y hay mucho cliché con la trascendencia de la comida. El discurso de algunos chefs se me hace pesado. Están en una carrera por ver quién es más conceptual y a veces dan un poco de risa. Tiene que haber cierto discurso detrás, pero hay gente que se pasa de frenada. No es necesario y tampoco creo que sea muy bueno para ellos situarse en la estratosfera y alejarse de la gente.

¿Con qué cocinero te quedarías, quién ha transmitido más?
Difícil. Es un topicazo, pero el que más ha influido en cómo come la gente en su casa es Arguiñano. No tiene un discurso muy alto cualitativamente, no ha pretendido ser un gran chef y tampoco lo ha sido. El impacto de Adrià en la alta cocina internacional es gigantesco. Aunque pienso que se ha pasado con el discurso, porque lo aprecio pero no entiendo lo que dice. No hace falta darle tanta vueltas a las cosas y obsesionarse con la creatividad o el genoma. El discurso se queda frío y no llega a la gente. Pero es un personaje revolucionario que ha cambiado muchísimas cosas.

¿La gastronomía es apolítica y por eso se ha popularizado?
La cocina es muy clasista, aunque con la crisis la alta gastronomía se ha democratizado un poco. A la gastronomía no la veo muy política, pero a la alimentación sí. Uno toma decisiones en el supermercado que son políticas. Con lo que comes beneficias a unos o a otros. No por comer un filete con patatas eres de derechas o por comer verduras eres de izquierdas —que también un poco (carcajada)—. Michael Pollan dice que cocinar en casa es revolucionario y tiene razón. El sistema te empuja a consumir fuera o comida preparada. Si compras en el mercado —y no en el hipermercado— y cocinas, vas contra el capital, y siento ponerme muy marxista. Pasa con los refrescos. Poner límites al tabaco del siglo XXI es política. El gobierno socialista quiso hacerlo en los colegios y la gente se llevó las manos a la cabeza. La obesidad y todas las enfermedades relacionadas con la alimentación también son política. El problema es lo que comemos, no que llevemos una vida sedentaria y no hagamos deporte, ¡si hay gimnasios por todas partes!

¿Cuándo fuiste por última vez a McDonald’s?
El otro día. Porque fui al cine con una amiga y le había prometido a los hijos ir después. Así que picoteé lo que se dejaban. No tengo ningún empacho en decir que he ido a McDonald’s. Es comida basura bien hecha. Otra cosa es que sea buena.

¿Dónde haces tú la compra?
Cuando puedo voy al mercado, pero no siempre tengo tiempo. Por un lado porque creo que encuentro mejor oferta y, por otro, por una cuestión ética. Prefiero favorecer al pequeño comerciante especializado que a las grandes superficies.

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