El Eixample, un barrio sin identidad

“El Eixample es un baluarte, una fortaleza de la Razón que mantiene a raya las fuerzas animales del barrio húmedo, y suaviza la salvaje codicia del barrio seco. Es una llanura intelectual y laboriosa cuya enorme extensión hace muy difícil el choque frontal de las dos castas enemigas. Un criminal del sur, sediento de venganza, se aburrirá antes de llegar hasta su víctima, el patrono del norte”.
-Félix de Azúa-

El mapa de Barcelona es un engaño. El mapa de Barcelona se encuentra en todas las paradas de autobús, metro y tranvía de la ciudad. El mapa de Barcelona sitúa el mar al sur cuando en realidad está al este, sitúa las montañas al norte cuando están al oeste. El mapa de Barcelona es un engaño para facilitar la vida al turista, que entiende el mapa global en términos de norte y sur…

Recuerdo mi vida en el barrio del Eixample de Barcelona. Eran todo calles rectas e infinitas, se perdía la vista en el sur o en el norte. Fue un barrio repetitivo en el que me perdí cientos de veces porque todo era igual y la única forma de situarme era con el nombre de las calles que, por fortuna, siempre logré recordar. De noche incluso todo era más parecido por la falta de luz y apenas había personas por el barrio (necesidades como el sueño y el trabajo lo explicaban). Preguntar por esas calles de referencia que con el tiempo habíamos aprendido en nuestros viajes de día se hacía más difícil a medida que pasaban las horas y avanzaba la noche.

Se hizo y llegó así la Noche Barcelonesa del Eixample, tiempo en el que conocí a muchos tipos de personas sin llegar nunca a ser una de ellas. Sólo observaba, era verano y se podía caminar a esas altas horas de la noche sin problemas. Una noche vi a un hombre de setenta y tres años que hacía ejercicio después de la una de la noche, que consumía cocaína para evitar la muerte por vejez y volvía a casa a las tres de la misma noche tras beber por última vez un poco de agua en una de las decenas de fuentes públicas que había en los cientos de cruces.

¡Ah, los cruces! Porque en el Eixample los cruces de las calles no forman cuadrados sino octógonos. Para pasar de una acera a la otra hay que hacer una diagonal calle adentro, cruzar el paso de cebra y de nuevo hacer otra diagonal calle afuera para seguir en la misma línea que se dejó al tomar la primera diagonal.

Este cruce de calles barcelonesas tan particular permitía que se pudiese reconocer en seguida a dos tipos de personas –se podría decir incluso a los dos tipos de personas que existen en ambos hemisferios-, como si aquello fuera un mapa del mundo en la escala doméstica de un barrio de Barcelona. Aquellos que hacían el recorrido más largo eran sin duda los no barceloneses o los que tenían miedo; los de Barcelona, conocedores del Eixample, o aquellos sin miedo, atravesaban las calles en línea recta para no perder el tiempo.

“Con sideral intuición, los munícipes han ido bautizando las calles del Ensanche con nombres de lugares: calle de Aragón, de Córdoba, de Valencia, de Calabria, de Mallorca… reconociendo de ese modo la ambición intelectiva del barrio que quiere ser el lugar de todos los lugares, mapa del mundo a escala doméstica”.
-Félix de Azúa-

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