El festival en el que se tiene que estar

Del 11 al 13 de abril se celebró la edición de 2014 de Coachella, uno de los más importantes festivales de música de Estados Unidos. Outkast, Arcade Fire, Beck, Queens of the Stone Age, The Knife, Lorde y un centenar de artistas pasaron por los escenarios del desierto de California, a 200 km de Los Ángeles. Sin embargo, si tecleas correctamente las letras que forman el celebrado nombre del festival en Google y buscas las imágenes con que te responde, lo único que vas a encontrar es a un puñado de celebrities, algunas conocidas y muchas otras de las que conforman el elenco celestial de la televisión yanqui y que pasan completamente desapercibidas en esta parte del mundo. Las unas y las otras (nótese que el femenino corresponde al celebrities y no al género sexual) aparecen practicando sus mejores poses, unas cuantas descuajeringadas (entiéndase por “descuajeringadas” a las rodillas hacia adentro, la espalda arqueada hacia fuera y el pelo perpendicular al suelo), otras haciendo un Pataky (dícese de la pose de espaldas con la cabeza girada de manera almost exorcista y mirada coqueta) y otras más con la ya clásica pose Peter Pan (mano en la cintura y ojos de vicio sexual).

Estas fotos sirven para decir que están-en-el-festival-en-el-que-se-tiene-que-estar y para promocionar de esta manera unos outfits que, de no ser por el Coachella, no podrían ser patrocinados en ningún otro lugar. A simple vista vemos escotes que llegan hasta las vergüenzas, pantaloncitos que finalizan muy por encima de las rodillas, barbas perfectamente cinceladas con litros de cera, camisas-estropajos de colores atadas a un costado y un sinfín de ladygaguismos estrafalarios que poco (o mucho) dicen de lo que musicalmente se pudo haber vivido allí.

Lo mismo sucede con los reportajes y artículos de la red: un buen porcentaje, y casi todos listados en lo más alto de la tecnología Google, pertenecen a blogs de moda, trendseterismo y corazón. Modelinia, por citar a uno, en sus artículos “Coachella confidential” entrevista a los asistentes del festival y les pregunta en primer lugar a quién han ido a ver (es importante justificar el pase de prensa), para pasar a lo importante: ¿qué outfit hay que ponerse en los días calurosos del festival? La palabra, por si a alguien le interesa, es “comodidad”. Algo difícil de relacionar con unos pantalones ajustados en cuyos bolsillos no cabe una monedica o un pañuelo para el pelo que la estrellucha de turno ajustará escandalosa y repetidamente en medio de un concierto, jodiendo a los selfistas demasiado atentos a su duckface para darse cuenta de que, en la pantalla del smartphone, Lana del Rey permanece oculta tras el recogido in progress de la celeb de turno.

Y es que por muchas críticas que se estén llevando los organizadores del evento son muchas las economías que están en juego durante “el fin de semana de la música”, muchos los focos puestos encima del festival y mucho, mucho dinero que ganar en tres días. Así que ya se pueden tirar a la yugular los cronistas de revistas musicales independientes y puristas alegando la falta del valor musical (cada vez más mainstream) en pos de una cada vez más vistosa lista de invitados y excéntrico diseño de los recintos VIP.

El caso es que el Coachella se ha venido convirtiendo a estas alturas en la antesala del Primavera Sound: muchos de los artistas son compartidos en los dos festivales, la gigantesca noria parece haberse trasladado el año pasado de la costa oeste americana a la mediterránea, y a los que estamos por aquí se nos va haciendo la boca agua solo de pensar en que se acercan jornadas festivaleras. Ahora bien, si el Primavera llega a ser el Coachella europeo, esto será en tono totalmente despectivo por haberse construido a lo largo de su historia encima de la misma balanza que el hermano americano, aquella que se inclina mucho más sobre el dinero y el postureo que en el amor y la celebración por la música.

Por mucho que nos hayan vendido los festivales como las nuevas formas de economía musical (y seguramente lo sean por la cantidad de fieles que van sumando año tras año), empezamos a ver a estas alturas cómo esta tendencia puja por una moneda de cambio que denigra la calidad de un evento en pos de una enorme fiesta en la que lucir presencia, gafas de sol, coronas de flores y subidones de los de no-me-acuerdo-de-nada-de-lo-que-pasó-a-partir-de-las-23h-de-ayer.

Esta economía musical está claramente en alza y lo demuestran las subidas de los precios que año tras año se suceden en los abonos (ríase TMB). He aquí un nuevo paralelismo entre el Coachella, donde las subidas de los precios han generado muchas quejas entre los asistentes más veteranos del festival, y el evento de la capital catalana, donde no sólo se han disparado un 70% más en relación a los precios de sus primeros años (los dos días de la edición de 2003 costaban 62 euros), sino que han tenido que afrontar la polémica que se generó al lanzar la noticia de que la prensa debía pagar 50 euros para hacer su trabajo durante los tres días de conciertos.

Pero como Barcelona mola el triple gracias al Primavera Sound, porque el Primavera Sound de repente es Barcelona, porque Barcelona es un salpimentado de juventud inglesa, alemana, francesa y americana que se deja 1.000 euros un fin de semana… Ajo y agua, al fin y al cabo, Barcelona es en turismo lo que el Primavera es en economía musical.

¿Dónde quedamos, entonces, los que nos resistimos a dejar de ir al evento y tan sólo queremos escuchar música y pegarnos una fiestecilla sin sentir que vamos en chándal? Pues pasamos por el aro, pagamos lo que nos piden y nos olvidamos de la música; si descubrimos algún grupo gritaremos “eureka” mientras olvidamos a base de bebidas caras que estamos poniendo chiribitas (de emoción) en los ojos a alcaldes, ministros y chupatintas de la ciudad.

Así que bienvenido al negocio de la moda, de la influencia, del postureo, de los Pataky y los descuajeringados, de los Modelinia y de los duckface, los ladygaguismos, el trendseterismo, los outfits y las celebrities porque si este año consigues ver a Arcade Fire sin que el de al lado no se pase el concierto de espaldas al escenario, te devolvemos el dinero.

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