procrastinadora

El ideario procrastinador

Este mes he querido hacer un alto en la saga de entrevistas a singulares ciudadanos anónimos, que llevo perpetrando hasta el momento, para retomar, solo por este breve lapso de 600 palabras, el espíritu de la Chispa Ibérica en sus inicios. Como solo mis fans más acérrimos recordarán (o sea, mi abuela y mi gato —aunque sospecho que él solo me adula por interés—), durante muchos años la Chispa Ibérica se dedicó a recorrer las previsibles neurosis, experiencias y traumas varios de esta humilde servidora. Uno de los pilares básicos de mi identidad y que siempre he reivindicado con orgullo ha sido la procrastinación.

“La procrastinación, postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.” Y esto lo he copiado de la Wikipedia tal cual para que veáis hasta qué rastreros límites puede llegar una procrastinadora profesional con tal de rellenar caracteres para terminar un texto en el último minuto posible.

La procrastinadora profesional navega sin rumbo fijo, en un mar de constantes tormentas provocadas por calendarios, horarios y fechas límite. Es el debatirse perennemente entre la vida y la muerte, siempre al borde del precipicio de la derrota. La adrenalina de ese último minuto es droga pura, amigas mías, y no es apta para caracteres débiles y ordenados. La incertidumbre, el caos y la presión externa pueden muy fácilmente aplastar la psique de aquellas que no gozan entre sus talentos de un morro que se lo pisan.

Para aquellas que se atrevan con las emociones fuertes y quieran desafiar las leyes más básicas de la convivencia social, me dispongo a compartir mis ancestrales conocimientos en la materia en forma de decálogo. Bueno, dejémoslo en sexálogo, que si no, no termino la columna a tiempo y además la palabra sexálogo mola mucho. Vamos allá:

El “nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” debe quedar desterrado de vuestros cerebros. Para siempre. ¿A quién le conviene eso? Os lo digo: es una conspiración de las empresas multinacionales, ¡estoy segura! Iker Jiménez me lanzaría una mirada de aprobación.

Cuando el estrés por llevar a cabo un cometido empiece a provocaros ansiedad, aplazadlo sin más. ¡La vida está llena de segundas oportunidades! Si no, ¿cómo se explica que la gran mayoría de la gente en algún momento de su existencia haya vuelto con un ex? Pues eso.

La vida contemplativa es solo para monjes budistas. ¡Mentira! La vida contemplativa es para quien tenga el talante de llevarla a cabo. Hay culos inquietos y culos que se regocijan de estar sentados. No todo va a ser medrar y luchar por nuestras ambiciones, las hedonistas tenemos los mismos derechos que cualquier persona de bien.

Productividad, productividad, productividad. Otra conspiración de las multinacionales y de los Estados totalitarios. La lucha por ser improductiva es la verdadera REVOLUCIÓN.

Prioritario, urgente, necesario, importante… ¿Para quién? Nunca olvidéis que vuestras propias necesidades son lo más prioritario y urgente, aunque consistan en cotillear el álbum de fotos de Facebook de alguien que ni siquiera conocéis. Lo que una es capaz de arriesgar por fisgar en vidas ajenas, hacer el vago, beber otra cerveza u ordenar un cajón lleno de mierdas nos enseña muchísimo de nosotras mismas. Dejándonos gobernar por nuestros instintos más bajos llegaremos a la conquista de nuestra propia identidad.

En los momentos de flaqueza, cuando estéis a punto de tirar la toalla y sucumbáis a la tentación de hacer las cosas con tiempo, pensad siempre: ¿qué estoy dejando de aprender que podría cambiar el futuro de la humanidad? Porque quizás ese artículo sobre bonobos, o ese vídeo de gatitos, o esa serie-película-canción que vas a dejar a medias por ponerte a producir y hacer lo que hay que hacer, te iba a proporcionar los conocimientos precisos, el equilibrio emocional o la iluminación espiritual necesaria para salvar la humanidad de una hipotética futura invasión alienígena.

Grabad a fuego esta sexta y última consigna del ideario procrastinador, porque es la que os va a rescatar del sentimiento de culpabilidad, el enemigo más acérrimo de la procrastinadora profesional. Y ahora, cerrad los ojos y permitíos soñar por un ratito que podéis volar y lanzar rayos láser con los pezones.

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