El miedo a la definición {vi}

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Me llegó por correo la propaganda electoral trilingüe del partido Ciutadans para las elecciones europeas. En la foto aparece Albert Rivera, con un corazón que integra las banderas catalana, española y europea a la altura de su parietal izquierdo. La expresión de Rivera nos sonríe con amor, como si fuéramos una mujer con la que quiere tener hijos. En el parietal derecho está escrito lo siguiente: “Los que quieren separarnos irán a votar. Si tú no lo haces, ellos decidirán por ti”. Es la técnica Haneke: vemos una imagen banal y fuera de campo oímos el terror.

Como cualquier mensaje político que se precie en estos tiempos, hace un potingue de conceptos para que el elector no entienda nada pero sienta miedo. No importa de qué, mientras vote al partido en cuestión. Un mensaje amenazante y una cara sonriente: caballo ganador. Alguien quiere separarnos, no sabemos quién, no sabemos de qué. Parece un pasaje bíblico de los profetas. Vota Ciutadans (aka El Mesías). Me diréis: hombre, ¿no te parece evidente? Respondo: evidente no hay nada. Y menos este mensaje.

Es un mensaje deliberadamente fraudulento para inducir al error y obtener réditos electorales de manera vil. Nada nuevo bajo el sol político. Se trata de unas elecciones europeas, pero se pretende que el elector decida su voto por cuestiones nacionales. Los que quieren separarnos son los independentistas, sí. Pero repito: se trata de unas elecciones europeas. No, hombre, no, me interrumpe Albert (¿o te llamo Alberto? ¿Tito?). Lo has entendido mal, yo no estoy mezclando las cosas. Me refiero a los antieuropeístas. A los que quieren separar Europa. Ah, amigo. Pero, ¿no te presentaste a las últimas elecciones europeas junto con Libertas, una plataforma de partidos de los que no pocos eran abiertamente euroescépticos, esto es, separatistas europeos? Vaya, es verdad. Entonces, ¿en qué quedamos? “Los enemigos de Europa son los que quieren levantar fronteras y los inmovilistas que pretenden que todo siga igual”, sueltas. Muy bien, muy bien, Putin debe parecerte ideal.

Pero tú, Alberto… ¿qué quieres exactamente?: “(…) compartir un proyecto común”, “Ciutadans defensa la unió (…), la suma (…)”, “(…) treballar units”, “(…) construir, tot junts”, etc. Pero en ningún lugar explicas en qué consiste esto que vamos a hacer juntos. Es tal tu afición de conjunto y uniformidad indefinida que incluso desdeñas la distinción entre partidos de derechas y de izquierdas (quizá por eso tampoco te importó que en Libertas, junto con los euroescépticos, estuvieran los ultracatólicos). Son diferencias del pasado y tú eres un vanguardista. Felipe González ya alienta un futuro pacto entre PP y PSOE. En Alemania ya lo tienen. Si los ciudadanos estábamos cansados del bipartidismo, pues no se hable más: unipartidismo. El modelo ruso, el modelo chino. Y esta es tu innovación, Albert (pronúnciese en inglés), claro que no hay derecha ni izquierda, porque ya ni siquiera es necesario un mensaje: el unipartidismo ambiguo, la dictadura de la indefinición. ¿Cómo vas a equivocarte si no dices nada?

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