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Entrevista: Ángeles Esteller {PP}

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Ángeles Esteller, regidora del PP, por Camille Vannier

Ada Colau le hizo un escrache hace tres años, cuando todavía no era alcaldesa. El día después de esta entrevista, colocó junto a su compañero Alberto Fernández Díaz, un retrato de Felipe VI en el vacío que había dejado la retirada del busto de su padre, Juan Carlos I de la presidencia del pleno en el ayuntamiento de Barcelona. A Ángeles Esteller no le tiembla el pulso para defender el castellano, cogerse un vuelo a Madrid o criticar la “islamización” del Raval. Conocemos a la concejala del PP, segunda en las listas de su partido en las últimas elecciones municipales.

¿Cómo compatibilizas tu trabajo como concejala del Ajuntament y como diputada en el Congreso? He encajado bien las responsabilidades en cada institución. En Madrid se trabaja entre un día y medio y dos a la semana. Los plenos empiezan el martes a las cuatro de la tarde, el miércoles hay sesión de control y si no tienes comisiones terminas a las 11h y no hay nada hasta el jueves por la mañana. Lo normal es ir dos noches, pero cuando tienes responsabilidades en Barcelona, a veces tienes que irte el miércoles después de la sesión de control y volver el jueves en el vuelo de las 7 de la mañana. Mi gran ventaja es que no me cuesta moverme, si tengo una cena en Barcelona y me sobran horas en Madrid, vengo y punto. En avión, son dos horas de reloj de la puerta de un despacho a otro. Las distancias se miden por tiempo, unos van en coche, yo en avión.

¿Cuál es tu trabajo en el Congreso? ¿Barrer para casa? Sí. Montoro me ve y ya me dice: “Àngels, ¿qué quieres?”. Hemos conseguido cosas importantes como la reposición del 100% de las plazas de Guàrdia Urbana.

La actual alcaldesa, Ada Colau, participó en un escrache de la PAH contra ti, ¿cómo llevas eso? Creo que el escrache es coactivo y en democracia hay otras herramientas para conseguir fines políticos. Te sientes muy mal. Cuando vinieron a casa yo estaba en Madrid, el portero pudo gestionar la situación. Si vienen al Ayuntamiento, me sabe mal, pero es mi puesto de trabajo. Ir a tu casa traspasa los límites. No estamos en un país sudamericano como Venezuela o Argentina; aquí hay una democracia. Ellos fueron al Congreso, se les escuchó y el gobierno ha dictado leyes con las que se han parado desahucios. Pero para hacer cosas hay que dialogar, no se puede imponer la voluntad de un grupo concreto y menos con coacción.

¿Cómo es la relación ahora con BComú? ¿Has tenido oportunidad de encontrarte con Colau? No, todavía no he hablado con ella. Su llegada no sé describirla. Tienen 11 concejales e intentan imponerse con una minoría de cuya debilidad no son conscientes. Han llegado con la voluntad de silenciar a la oposición intentando que no tuviéramos materiales o que no accediéramos a las empresas públicas, y mandar como si tuvieran 21 regidores. Acaban de entrar al consistorio y no se dan cuenta de que ya no son activistas y no pueden seguir su sistema de funcionar imponiendo lo que quieren a través de la protesta. Por ejemplo, han suspendido las licencias a alojamientos turísticos sin consultar, cuando lo normal sería estudiar el impacto de la medida y consensuarla con la oposición antes de decidir. Además, gesticulan mucho. Nosotros les pedimos que gobiernen.

¿Repartir en campaña octavillas que dicen “El Raval no puede convertirse en un gueto islámico” no es racista? No. Hay que diferenciar entre racismo, que es perseguir a alguien por su origen, y decir las cosas claras. Con la inmigración ha habido un buenismo que ha dificultado la convivencia en Barcelona. Hay una permisividad que perjudica a la ciudad. El Raval no puede quedar fraccionado y tener tensiones de convivencia tan grandes como las que tiene. Hay que tomar medidas para evitarlo. O ves la realidad y sabes actuar o te pones una venda en los ojos y dejas que todo empeore.

Pero, ¿qué medidas tomarían? En el Raval hay una concentración enorme de personas islámicas. Algunos están conviviendo e integrándose muy bien en la sociedad y otros no tienen voluntad de hacerlo. Cuando hay gente que no se quiere integrar tienes que ser proactivo para que lo hagan. Cuando hay gente que quiere mantener costumbres y modos de vida muy contrarios a los nuestros y tú no haces nada, esto colisiona y se tensa la cuerda. Hay muchas escaleras de vecinos que han dejado el barrio porque no pueden convivir con pisos al lado en los que vive un montón de gente, con tradiciones que hacían en su país, y que algunas son insalubres. No puedes expulsar a tus vecinos. No puedes permitir que eso pase. Debes tomar medidas de convivencia. No puede ser que viva gente solo islámica que ha expulsado a la gente que estaba hasta entonces ahí. Debemos ser acogedores y exigentes. Aquí los niños van a la escuela, las niñas van a gimnasia y las mujeres no pueden estar recluidas en casa. Si lo permites todo, perjudicas al tuyo. Por eso, cuando las cosas se dicen, a veces chocan. Esto te lo dicen los vecinos cuando vas.

¿Qué le ha pasado al PP en las últimas elecciones? Hemos bajado en toda la provincia. El entorno sobre el PP a nivel mediático nos ha perjudicado. En Barcelona era la primera vez que teníamos un activo que ha tenido un peso importante en hechos que han beneficiado a la ciudad como la reforma de la Diagonal, Pere IV, cubrir general Mitre o medidas sociales que han supuesto más de un millón de euros como las ayudas fiscales a viudas, una mesa de alimentación… pero la coyuntura global sobre el PP nos ha afectado. Aquí hemos perdido el 40% de los votos. En número de votos no bajamos tanto, pero al subir la participación, perdemos más. El PP ha sido eficaz pero ha tomado medidas duras. La gente ha sufrido mucho, la crisis ha afectado a clases bajas, medias, medias-altas, y el PP, aunque ha conseguido recuperar la economía con el apoyo de todos, ha perdido votos porque las mejoras todavía no han llegado a todo el mundo.

¿El castellano está amenazado? En la sociedad civil no. Pero institucionalmente está excluido. Cuando se aprobó el reglamento lingüístico del Ayuntamiento de Barcelona en el anterior mandato, el PP lo impugnó porque subordinaba el castellano. La lengua vehicular del Ayuntamiento era el catalán y si tú querías comunicarte en castellano tenías que hacerlo a través de una petición. Lo ganamos en el TSJ, pero hoy su uso sigue siendo rogado. Las instituciones quieren excluir al castellano. Yo soy catalana y castellana. La cabeza independentista tiene un proceso de razonamiento que nunca he entendido: si defiendes el castellano, vas en contra del catalán. Pero las multas y los impuestos sí que te llegan en castellano, para que lo entiendas.

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