Entrevista a Jaume Collboni (PSC): “BComú son mejores activistas que políticos”

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Jaume Collboni es uno de esos políticos de verdad, en lo bueno y en lo malo. Es tan diplomático y está tan dispuesto a enfrentarse a las contradicciones que interpone la política con coraje, como a irse por las ramas cuando se trata de criticar al partido y a la marejada que lo aqueja desde el inicio de la crisis y especialmente, en las últimas municipales. Una frase resume su amor por la ciudad: “somos de donde conquistamos la libertad”.

¿Dónde conquistaste la libertad?

En Barcelona, que casualmente es el sitio donde nací, pero eso es circunstancial. No creo en la sangre, ni en las estirpes, ni en las naciones. Creo que uno se identifica por el sitio donde se realiza. La frase sale de un libro que versa sobre una conversación entre Maria Aurèlia Capmany y Pasqual Maragall en los ochenta. Hablaban sobre la ciudad, sobre de dónde nos sentimos y ella le decía eso.

¿Cómo va la refundación del partido?

Creo que se ha hecho un salto importante en el PSOE que, paradójicamente, lo empezó gente de la antigua generación, como Rubalcaba o Iceta, que aún sabiendo que a medio plazo serían otros los que lideraran el nuevo socialismo, pusieron las bases. El PSOE ha sido el partido que más rápido entendió los cambios que estaban ocurriendo en Cataluña.

¿Pero qué le pasa con Barcelona que no acaba de conectar con la ciudad?

Hay una explicación muy clara: el efecto Colau. Barcelona sigue siendo una ciudad de centro-izquierda, progresista, abierta, catalanista, no independentista necesariamente, y celebró las últimas municipales en el momento más álgido de Podemos y con un liderazgo comunicativamente muy potente como es el de Colau. Si sumas a eso que el voto a BComú es a costa del PSC, salimos perdiendo. Pero es coyuntural, estoy convencido que lo recuperaremos.

Al final sí que iba todo de Trias o Colau…

Fue así. Intentamos romper esa dicotomía y como no lo conseguimos, pringamos. Pero ya lo veíamos venir, que quien aparecía como más radicalmente nuevo era la candidatura de Colau, pero también era poco sólida. Poco trabajada la propuesta, como se está viendo ahora. Su proyecto es muy de eslogan y de piel.

Entonces, ¿qué opinión tienes del equipo de gobierno? Porque a veces lo apoyáis, otra los criticáis con mucha dureza…

La votamos por coherencia y porque entendimos que el mensaje que mandaba a la ciudadanía era de cambio y desde la izquierda y creímos que era lo lógico. No queríamos no dar la oportunidad a que un gobierno de izquierdas se instituyera en Barcelona. Pero, ¿qué es lo que hemos ido viendo? Que eran mejores activistas que políticos. Hay áreas en las que tienen claro qué hacer y otras en las que no tienen ni idea. Por ejemplo, la economía parece que les molesta, no saben cómo afrontarla. Y a pesar de que se supone que de lo que más saben es de políticas sociales, en el día a día no vemos que sean su prioridad. Hacen mucho ruido, mucho Borbón, mucha calle, mucho refugiado, ahora una proclama a favor de Mas… pero las políticas sociales que son por las que creemos que la gente les votó, han desaparecido.

¿Cuál es la oposición del PSC entonces? La percepción es de una oposición más fuerte a BComú que a otros partidos.

Nuestro aliado natural es BComú. Formamos parte de la misma familia política. Pero no nos olvidemos de que estamos en la oposición. Y no la hacemos con toda la intensidad que podríamos porque entendemos que es un partido nuevo y hemos sido pacientes.

¿No hay cierta tendencia en la política a la indefinición últimamente?

Lo que creo es que hay mucho despiste. Y en el fondo poco coraje. Gobernar es administrar las contradicciones y los conflictos. Es normal que haya diferencias porque las cosas son muy diferentes cuando se hace campaña que cuando se está en el gobierno. Eso ha pasado con la moratoria de los hoteles, que por dogmatismo se ha considerado a todos unos especuladores que vienen a ser sanguijuelas de la ciudad, pero no es así. Muchos son pequeñas empresas con un modelo sostenible de turismo. No se enfrenta a la complejidad, no acepta que no todo es blanco y negro.

¿Por qué les parece mal la moratoria?

La moratoria es un error, un intento de matar pulgas a cañonazos. Supone condenar a muchas familias, autónomos y pequeñas empresas porque se piensa sólo en la Torre Agbar, que por cierto, se ha salvado. Una cosa es que haya que planificar, como se hizo en el 92. Nosotros somos partidarios de abrir ese debate, que se consensúe un modelo turístico y se lleve a cabo. Pero no hace falta parar radicalmente las inversiones en la ciudad porque así se envía un mensaje muy negativo al exterior de inseguridad jurídica. Además, al final, por poner un ejemplo, en el antiguo edificio del Deutsche Bank no se va a construir un hotel de lujo, pero sí pisos de lujo. Nosotros no estábamos de acuerdo con el proyecto porque estaba claramente sobredimensionado, pero creaba unos 400 puestos de trabajo que ahora se esfuman, mientras el promotor sigue ganando.

¿No hay demasiada oferta de lujo?

No sé si Barcelona tiene mercado o no para ese tipo de turismo, pero grupos como Hyatt están en todas las capitales europeas y en Barcelona, por ejemplo, no. Creo que hay que hacer un estudio más riguroso porque se está tocando un tema muy sensible como es la economía.

Lo que está claro es que hay una queja de que hay demasiados hoteles y el empleo que se crea es precario, temporal…

Estamos de acuerdo en que haya una moratoria para algunos barrios. Hicimos un mapa de densidad y vivienda para averiguar qué barrios están saturados y salían zonas de Ciutat Vella y otros barrios. Pero que se paren en Sant Andreu, Nou Barris, Les Corts o Sants no tiene sentido. Y en cuento al empleo, no es algo que el ayuntamiento pueda decidir totalmente. Puede favorecer otros tipos de empresas, potenciar otras actividades con medidas de apoyo al autónomo y al emprendedor, impulsar el 22@, diversificar la economía de la ciudad… pero no quiero renunciar a nada. Esta teoría de que todo el mundo es ingeniero y universitario no es verdad. Hay lampistas, camareros y otras profesiones que también tienen que trabajar.

¿Por qué votaron en contra de la rebaja de los sueldos de los regidores?

Creemos que los políticos tienen que estar pagados de forma adecuada.

¿Y 2.200 euros no lo es?

Para la responsabilidad que se tiene, no. En privado, te lo reconocerán ahora. Los diputados del Parlament, que cobran más, no tienen responsabilidad de gobierno y los regidores sí, incluso penal. Aquí entraron en una competición la CUP y BComú por ver quién es más honesto en función de quién cobra menos. Además, al final todos cobran lo mismo, lo que pasa es que no se lo quedan, lo donan. De esa decisión, el erario público no se ha ahorrado ni un euro. Que los políticos tengan un buen sueldo es una reivindicación de la izquierda, porque si no es atractiva desde el punto de vista salarial, la política la hacen sólo los ricos.

¿Cómo va a luchar el PSC contra la homofobia en esta legislatura?

Todavía hay que luchar contra los lugares oscuros donde existe homofobia. Quedan casos de bullying escolar, discriminación con las familias monoparentales y con las personas gays mayores que se vuelven a meter en el armario porque algunos centros no están preparados para ellos. Hace falta más igualdad de acceso, también para los transexuales, que sufren lo mismo. Los gays urbanos de clase media hemos tenido mucha más suerte, pero hay que vigilar porque los derechos si no se ejercen se pierden.

¿Sigues notando discriminación?

Una gran conquista es que ahora es políticamente incorrecto meterse con uno por su orientación sexual. Pero las barbaridades que se dicen de mí o de mi marido en algunos foros continúan. He intentado encontrar un cierto equilibrio que no sé si he conseguido: no hacer ostentación ni que la homosexualidad sea un tema central de mi vida, pero a la vez, no esconderlo y que la igualdad forme parte de mi lucha. Antes de las primarias, un joven del movimiento LGTBI me hizo una reflexión; cuando les preguntaba si era mejor subrayar o no que soy homosexual, él me decía ‘dilo cada vez que surja con naturalidad, porque cada vez que tú salgas por la tele habrá un adolescente que le diga a sus padres, ¿veis? Este hombre puede ser alcalde de Barcelona y es gay’. Y eso tiene una fuerza pedagógica brutal.

Los autónomos. ¿Qué acogida tiene su propuesta de 0 impuestos durante el primer año?

Viene de los sindicatos de trabajadores autónomos y es una medida que se aplica ya en Gavà o Castelldefels y está funcionando. Consiste en hacerle la vida fácil a la gente que quiere iniciar su negocio en una ciudad. Me preocupa la fuga de cerebros de la gente joven. No hay varita mágica pero sí se pueden dar pasos. Además es una medida que parece patrimonio de la derecha y no es así. Muchos autónomos vienen de familias trabajadoras, con carrera, quieren intentar llevar a cabo un proyecto y arriesgan. La ciudad tiene que estar a su lado.

¿Algo concreto de Barcelona que podría cambiarse casi con un chasquido?

La ciudad tiene una capacidad para crear empleo muchísimo más alta de la que ha demostrado hasta ahora. Tenemos marca, proyección internacional, talento, universidades, gente joven y emprendedora… es un giro radical porque el empleo es el que permite la libertad. Es difícil conquistarla si no tienes trabajo.

Ilustración de Camille Vennier.

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