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Esquí franco {al}

A Barcelona le preocupa haber dejado de ser una ciudad olímpica. Y como Xavier Trias ya se rajó de presentarnos como dignos candidatos invernales —cuando la temperatura media más baja es de 10 grados en enero— hace un año, qué mejor que sacarse una propuesta de la manga para calentar o enfriar motores, según se mire, y petarlo en 2026. Porque ya en ese momento, el alcalde dijo que la ciudad y el Pirineo “no dejarán escapar” la oportunidad de organizar unos Juegos de Invierno. Desde entonces llevo yo pensando una propuesta. Ahí va.

Enfundémonos el gorro de lana, compremos spray de espuma y empecemos a practicar el alpino. Propongo convertir Barcelona en la nueva Baqueira Beret. Sólo hay que conseguir enfriar las calles y establecer un horario. El passeig Joan de Borbó podría ser la pista verde, donde aprendan los guiris y las familias que no hayan tenido el placer de subir nunca a La Molina. Las Ramblas, por tramos, podrían ser la pista azul. Para la roja, ¿qué tal Balmes o Pau Claris? Y claro, la negra tendría que ser alguna calle estrechuja del Raval o la carretera del Tibidabo.

Sustituiríamos el bicing por el esquing. Imagináoslo, seríamos el colmo de la modernidad. El mejor horario sería el de las horas puntas, para sacar todo el humo de nuestras calles y respirar aire montañés. Para enfriar las calles, podríamos utilizar las vías abiertas por el metro e introducir unos tubos refrigeradores que en verano nos calmarían del calor. Lo que nos gastáramos en eso nos lo ahorraríamos en regar las calles, porque cuando se derritiera la nieve cada día y gracias a que Barcelona está hecha pa’ bajo, arrastraría toda nuestra mierda. ¿Y qué costaría todo eso, unos 50 millones de euros?

No es que yo me haya vuelto loca, que puede que un poco sí, es que de verdad que Barcelona quiere ser olímpica invernal. Pero achaca su fracaso a la falta de deportistas de élite que no disponen de instalaciones para convertirse en Marcs Márquez del hielo. Mi idea puede parecer absurda, pero la del Ajuntament es peor. Pretende que la empresa SnowWorld construya un complejo deportivo en plena Zona Franca.

Baqueira Beret tiene 120 km esquiables, La Molina, que mira que es pequeña, tiene 61. La Zona Franca tendrá 300 metros. Si la velocidad media de un esquiador está cerca de los 50 km/h, para bajar la única pista de descenso de la Zona Franca se tardarán 21,6 segundos. Como no nos hagamos campeones olímpicos de 300 metros, me explican la herramienta, porque yo no la entiendo. Y todo eso, efectivamente, por 50 millones de euros (que asume la empresa, claro).

Bajo el halo de la ecología, el Ajuntament nos la quiere volver a colar. Porque la gran superficie está junto a Ecoenergies Barcelona, que produce energías renovables y tiene capacidad para producir frío industrial —el que quería yo para el resto de la ciudad, ¿veis como no estaba tan loca?— en forma de hielo, recuperando el frío residual de la central de gas licuado del puerto.

Muy bonito. Minicampeones olímpicos y, además, verdes. Casi se me olvida con tanto rollo que el centro contará con un hotel de 200 habitaciones y un gran centro comercial. Aprovechando que de eso tenemos mucho más, ¿no sería mejor presentarnos a los Juegos Olímpicos Hoteleros de Compre-Compre-Que-Vendo-De-Tó? Ahí seguro que nos cae oro para construir otro.

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