Expendeduría poética, poesía take away

Todos los que desearan tener a John Keating (Robin Williams, RIP) como profesor lo saben: “poetry, beauty, romance, love – these are the things we stay alive for.” Aunque a veces la sensación sea que vivimos en una sociedad poéticamente muerta, más que en la sociedad de los poetas muertos, sigue existiendo quien cree que la lírica se puede adaptar a la modernidad.

Porque ¡no!, gritan los de la Expendeduría Poética, la poesía no ha muerto. Y nosotros, amantes de Goethe, Neruda, Pessoa y Whitman, aunque seamos bichos raros, todavía no estamos extintos.

La idea de este nuevo espacio parte de una verdad irrefutable: vivimos en un mundo de fast-food, fast-love, fast-sex y fast-dreams. Asistimos y consentimos la globalización de la hamburguesa y la dictadura de la inmediatez. Entonces, ¿cómo encajar un arte tan absoluto y complejo en tiempos de-sechables? Jo Graell ha descubierto la respuesta: creando un espacio de Poesía take away.

Aunque suene, como mínimo, peculiar, el concepto de la Expendeduria Poética no podría ser más brillante. En líneas breves, así es la experiencia: vas de paseo por el Born, más concretamente por el carrer dels Cotoners, y te encuentras con un par de chicas, ilustremente nombradas Poetógrafas Performáticas, sentadas delante de máquinas de escribir. Decides entrar. Aquí te invitan a elegir tres palabras que serán estampadas en la parte superior de tu hoja. Entregas el manuscrito a la Poetógrafa número 1 que iniciará el poema basándose en dichas palabras. Cuando termine, el documento pasará a la Poetógrafa número 2. Poco después tu poema está concluido. Sólo queda firmar el certificado de recepción (una pequeñita burocracia) y depositar, como mínimo, un euro en la caja.

Si vas demasiado hambriento y con prisa, la Expendeduría Poética también te dará la opción de sacar un poema de la máquina expendedora, untarlo en tinta comestible y… sí, eso es, podrás realmente comerte las estrofas.
Ahí queda la invitación: si te apetece hacer una degustación de poesía (y llevártela como souvenir), atento al calendario de próximas actuaciones. Después de un agosto a tope, las chicas de swing c’est si bon están recuperando fuerzas. Y la inspiración, sobre todo.

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