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La caspa antibicicletista: Un no-brainer que está levantando una oposición feroz

No hay nada como un proyecto urbanístico para crear polémica y división donde antes no la había. Que algo tan normal como el carril bici esté siendo cuestionado por más de unos cuantos me hace pensar lo peor de algunos barceloneses. En ciudades del norte de Europa, como Berlín o Copenhague, existen carriles bici en cada calle, siendo algo tan habitual e incuestionable como tener una acera para peatones. No se pone en duda la existencia del carril bici porque siempre han estado ahí en los países nórdicos. Aquí, en cambio, los carriles bici son algo raro y relativamente nuevo, y no faltan los que se oponen a ellos con toda la mala leche del mundo. Estos casposos ven a los ciclistas como unos demonios que siempre se saltan semáforos mientras circulan por las aceras —única alternativa a veces por donde circular, precisamente por la falta de carriles bici, si no es que tienes ganas de jugarte la vida compartiendo la calzada con motos que alcanzan hasta los 100 por hora en algunas calles.

Es necesario un gran cambio de chip. No estaría mal que los políticos circulasen más en bici para dar ejemplo, si es que son capaces de montar sin hacer el ridículo, como cuando vimos a Rajoy y su tropa de payasos montando bicis en Madrid.

Si queremos dejar de pagar multas cada vez que el nivel de contaminación atmosférica supere el límite establecido por la Unión Europea, no hay otro remedio que restringir drásticamente la circulación de los vehículos motorizados. Para ello, hay que facilitar antes otras modalidades de transporte, tanto privado como público. El carril bici es una, igual que la Superilla (otro tema no-brainer que está levantando una oposición feroz y descomunal por parte de los más casposos). Pero hay que hacer mucho más si queremos que la bici se convierta en un modo de transporte “normal” en esta urbe. Para empezar, del mismo modo que habría que empezar a multar a los ciclistas y peatones que se saltan semáforos, habría también que actuar en contra de las bandas organizadas que roban bicis. También habría que incluir espacios de almacenamiento de bicis en todos los proyectos de vivienda nueva, y exigir que, en las fincas existentes con enormes entradas vacías, se permita a sus residentes aparcar bicis mientras estas no estorben a nadie.

Es necesario un gran cambio de chip. No estaría mal que los políticos circulasen más en bici para dar ejemplo, si es que son capaces de montar sin hacer el ridículo, como cuando vimos a Rajoy y su tropa de payasos montando bicis en Madrid: parecía que lo hacían por primera vez en su vida. Bueno, algo es algo cuando se trata de un partido cuya marca es no hacer absolutamente nada.

Otra cosa que se podría hacer para normalizar la bici en la mente pública es convertir “todas” las calzadas vehiculares en carriles bici, y luego restar un poco de espacio para la circulación de vehículos motorizados en “carriles especiales”. Así no solo se solucionarían las muchas desconexiones y desfases que tenemos en nuestra red actual de carriles bici, sino que sería una manera de renovar —de una vez por todas— el aire rancio de esta ciudad.

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