La cultura: tu nueva hipoteca

“Obras maestras icónicas y joyas ocultas por todo el Mediterráneo”. Éste es el título que lleva el tercer congreso de Iconic Houses que se celebra el próximo día 25 en Barcelona con el fin de buscar medidas para incentivar el buen uso de casas-museo tales como La Pedrera o la Casa Batlló.

Pensándolo bien han sido bastante acertados en la elección del título del congreso. “Joyas ocultas” las llaman, a esas casas-museo que tanto prestigio tienen en Barcelona. Ocultas desde luego están, teniendo en cuenta que para verlas tenemos que pagar el módico precio de, al menos, 18 euros. Así que lo de “joyas” también les va como anillo al dedo porque, vamos, vaya precios, como si de un diamante de Tiffany’s se tratara.

Nos animan a fomentar la cultura, a conocer nuestra ciudad, a visitar sus rincones, a descubrir sus “joyas ocultas”, pero no nos avisan de que para ello tenemos que desembuchar una buena cantidad. La principal consecuencia de esto es que muchos de los que vivimos en Barcelona aún no hemos visitado la Casa Batlló o parte de La Pedrera, que también tiene sus rinconcitos no aptos para pobres. Que sí, que muchos diréis “para birras sí que tenemos dinero pero para ir al cine o visitar un museo somos pobres ¿no?” y es cierto que para el ocio siempre encontramos ese euro que nos salva la tarde, pero esto va más allá.

Es inaceptable que los barceloneses no puedan disfrutar de una visita gratuita con el fin de conocer aquello que ven cada día, que han estudiado en el cole y que forma parte de su ciudad y su cultura. Estamos capitalizando el arte y debería darnos o darles, ya no sé quién es el culpable, vergüenza.

Podríamos tomar como ejemplo muchos museos extranjeros en los que uno, si quiere, paga una entrada simbólica. Que hoy me va bien, pues venga, pago algo; que este mes voy fatal, pues entro gratis sin remordimientos. Al fin y al cabo, ¿para qué están los museos? ¿Para qué diseñó Gaudí dichos espacios? Para Barcelona y para sus ciudadanos, no para que una empresa privada se lucrara a su costa.

Lo peor de todo es que esto no acaba con estas casas-museo. Para entrar en la Sagrada Familia es necesario abonar un mínimo de 12 euros por persona. Con el Park Güell nos encontramos con algo parecido. En este caso, únicamente los vecinos, es decir, aquellos que viven cerca del parque, pueden visitarlo de manera gratuita. Alternativa algo injusta para los demás ciudadanos que también son vecinos, aun viviendo lejos. Ambos casos demuestran la mercantilización del arte que está sufriendo esta ciudad. A este paso nos van a cobrar hasta por caminar: “¡cuidado! ¡estás pisando la rajola barcelonesa! ¡Es patrimonio de la humanidad!” Vamos hombre, es vergonzoso.

Al menos tenemos la suerte de poder disfrutar de la magia de sus fachadas cada día. Aunque solo sea por fuera, la belleza de dichos edificios es incalculable e incomparable o, al menos yo no me canso nunca de cruzarme con ellos. Es lo bueno que tiene Barcelona que, sin previo aviso, sin esperarlo, te encuentras con joyas como éstas que hacen que te sientas afortunado por vivir en una ciudad tan única como la nuestra.

Así que, aparte de disfrutar de sus fachadas, lo único que nos queda y nos da esperanza es seguir luchando por nuestros derechos; por entrar allá donde queramos sin tener que extirparnos un riñón, por disfrutar de la cultura sin límites, sin barreras y sin impedimentos y poder decir: “Sí, yo he estado allí. ¡Y gratis!”.

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