Gastroblogger al fuego: así era la verdadera sweet ball de A Tu bola

Este bloguero de experiencias gastronómicas le está cogiendo el gusto a cocinar. También porque tras cocinar llega la calma y la visita al local inspirador o fuente de plagio es siempre como visitar el Paraíso además de servirme para conocer locales que vale la pena conocer.

La visita a la cocina de Shira y a su local A Tu Bola en la calle Hospital tocando a la Rambla del Raval fue reveladora en varios sentidos. En el primero, conocer de primera mano cómo manufacturando unas bolas, especie de albóndiga pero de mil productos diferentes, se puede llenar siempre el local y tener el éxito que tiene. Y en segundo lugar me reveló lo incapaz que soy ante unos fogones. Mi resultado fue digno, al menos en primera instancia, pero la comparación no resulta positiva para mí. Y como dije en el otro fascículo, mejor para los locales que ellos lo hagan mejor que yo, no vaya a ser que me monte yo el local y lo rompa.

A Tu Bola va a cumplir dos años en febrero y está en plena forma. No paran de modelar bolas a mano, in situ, a la vista del cliente, de carne, gambas o vegetales junto a maravillosas ensaladas de mejor pinta y sabor que la mía. Los fines de semana podrías llegar a sufrir para encontrar sitio y zamparte la cola en la calle si te despistas. Hace poco han cambiado la carta y según me cuentan todas las bolas tienen un éxito similar, lo que quiere decir que sale todo rodado.

Allí me presenté con mi orgullo bolero para recibir otra torta de realidad. Decir que las bolas originales son brutales es quedarse muy corto. Mi inferioridad tanto intelectual como práctica como cocinero volvió a quedar en evidencia. En sus bolas no hay hebras ni impurezas. En sus bolas utilizan boniato, sweet potato, de calidad de la buena, sin sobrantes. Y se nota mucho. Su textura es cremosa y ligera mientras encuentras tropezones de cebolla o champiñones. Su rebozado nada aceitoso y crujiente, y su ensalada es tremenda. Y aquí, mi disclaimer: la foto que utilicé como referente no era igual al plato que me sirvieron, así que algunos de los elementos no los conjugué como tocaba. Explicación: la ensalada del local, maravillosa a todas luces, incorporaba como una especie de emulsión la salsa. Además tanto la manzana como el hinojo y la col iba cortada en juliana y yo eso tampoco lo hice al no marcarse en la receta. Vaya que soy cero creativo y me limité a poner los ingredientes en el plato, sin pensar ni siquiera en esa opción. No soy ese otro Dabiz, no. Con esa ensalada emulsionada en esa especie de mayonesa con ajo y lima se juega con ventaja y además hay que tener en cuenta que no se me comunicó, por causas evidentes, la existencia de un INGREDIENTE SECRETO en la misma… No puedo luchar contra los elementos; Felipe*, estoy contigo.

Unas bolas suaves, ligeras y sabrosas. Una ensalada sanísima y potente con salsa celestial blanca color virginidad inocente. Shira y su ayudante atentísimos, simpáticos, buena gente. No se les puede hacer sombra y tenemos que volver a probar sus bolas artesanales de gambas o de lo que sea. Porque sus bolas molan más que las mías y porque te podría dejar tu novia esa misma tarde y entre pensamiento y pensamiento sobre ella te ibas a estar acordando de esa esfera deliciosa con su ensalada de col e hinojo. Eso es así. Y yo mejoraré, lo prometo por mi honor de bloguero.

Felipe II tras el desastre de la Invencible en 1588.

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