Las bicis de Donkey Republic conquistan el espacio público, parte 2

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En el artículo anterior nos hicimos varias preguntas sobre el uso del espacio público en Barcelona, a raíz de la implantación de la nueva empresa de alquiler de bicicletas, Donkey Republic, que utiliza los aparcamientos públicos. Prometimos escribir a Marta Pigem, asesora del departamento de prensa del Ayuntamiento, para que respondiera a nuestras dudas. En paralelo, también hemos hecho unas preguntas a Donkey Republic, que ha contestado uno de los cofundadores, Alexander Frederiksen, desde Dinamarca. Desde marzo de 2016, Donkey Republic lleva a cabo su actividad en Barcelona y alquila bicicletas —actualmente tienen 150, pero pronto esperan llegar a 550— que están en la calle gracias a una tecnología móvil. Su modelo de negocio consiste en asociarse con una empresa local, en este caso Smart Cycling, con la que comparte beneficios (80% para la empresa local, 20% para Donkey), y su desembarco en Barcelona ha sido ampliamente publicitado. La diferencia con cualquier otro negocio de alquiler de bicicletas es que Donkey Republic utiliza los aparcamientos públicos, lo cual ha suscitado un debate sobre si es legítimo o no. Por esta razón, al inquirir al consistorio sobre si ha dado permiso a la empresa para utilizar los aparcamientos públicos, nos sorprendió su respuesta: “No, no hi ha cap permís d’aquestes característiques. Els aparcament públics poden ser utilitzats per tots els usuaris de la via, sempre que compleixin amb les condicions establertes per l’ordenança de circulació de vianants i vehicles, i l’ordenança dels usos del paisatge urbà”. Según el Ayuntamiento, no hay relación alguna con Donkey Republic, pero “s’han rebut queixes del sector i de ciutadanes sobre la presència d’aquest servei i estem estudiant tècnica i jurídicament el cas”.
En Amsterdam y Londres, Donkey Republic utiliza los aparcamientos públicos sin que haya generado debate alguno.
La aparición de una nueva tecnología siempre requiere reformas legales que se adapten a la nueva realidad. Airbnb y Uber son ejemplos (lacerantes) de ello. Pero, de la misma forma que uno no puede montar un tenderete en medio de la calle o poner una terraza sin que aparezca la Guardia Urbana para sancionarlo, nos parece extraño que una empresa utilice otros espacios públicos sin que el Ayuntamiento tenga nada que decir. Y más cuando asegura: “Tenim constància d’una queixa formal presentada per un grup d’empreses de lloguer de bicicletes i per l’associació Biketours, si bé encara no hi ha hagut una reunió per tractar el tema”. En cierta forma, es inaudito. El uso del espacio público por parte de Donkey Republic supone un perjuicio comparativo con el resto de empresas de alquiler. El Ayuntamiento conoce la situación. Donkey Republic asegura estar en contacto con el consistorio (¿qué empresa haría una inversión de estas características sin tener la necesaria seguridad jurídica para no pillarse los dedos?). Entonces, ¿por qué el Ayuntamiento tarda tanto en actuar, en un sentido o en otro? Sin duda hay que estudiar la nueva situación pero, ¿no deberían haberlo hecho antes o tomar medidas preventivas? Por su parte, Alexander Frederiksen, de Donkey Republic, se muestra flexible. Es consciente de que debe haber diálogo y que la implantación de su empresa tiene que generar beneficios para la ciudad. También está abierto a repensar la espinosa cuestión de los aparcamientos: “Creemos que es beneficioso que nuestras bicicletas puedan compartir los aparcamientos públicos con el resto de bicicletas (…). Pero también estaríamos dispuestos a pagar un importe determinado por tener aparcamientos especiales para Donkey Republic, si esa fuera la mejor solución”. Por otro lado, la legislación de otros países, como Alemania, permite el uso de los aparcamientos públicos “siempre que el propósito principal de compartir bicicletas sea proporcionar transporte”. Y en otras ciudades, como Copenhagen, Amsterdam, Londres y Madrid, Donkey Republic utiliza los aparcamientos públicos sin que, al parecer, haya generado debate alguno. No cabe duda de que, en una ciudad tan contaminada como Barcelona, se debe incentivar el transporte en bicicleta. Pero, en este caso, se tiene que compaginar tanto con el sector del alquiler de bicicletas (parte significativa del tejido comercial de la ciudad, como puede ver cualquiera que dé un paseo por el centro) como con un uso del espacio público justo y equitativo. Donkey Republic es la punta de lanza de otras empresas similares que no tardarán en implantarse en la ciudad. Puede ser el modelo. Y está abierta a negociar con el Ayuntamiento la mejor manera de hacerlo. La tecnología no se puede parar, pero sí se puede gestionar para que genere el mínimo de perjuicios y el máximo de beneficios. Este es el papel de nuestros representantes. ¿A qué esperan?
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