Mi reino por un Mercadona {al}

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Vivimos malos tiempos para la lírica y para todo lo que lleve como primer apellido cultural sin que el segundo sea masivo. Así, los cines se convierten en tiendas de Mango, como pasará con el Alexandra, o en un Mercadona, como iba a ocurrir con el Niza, que cerró en febrero de 2005. Iba en vez de va, porque la Plataforma Recuperem el Niza, formada por los vecinos de l’Eixample, está luchando para que la gran superficie no derribe un emblema del barrio y en vez de un súper súper, construya un equipamiento social y cultural que, al menos, conserve la fachada.

Da la casualidad de que el cine está entre las calles Sardenya y Sicília, delante del parque que da a la Sagrada Família. Boom, ahí está el negocio. Miles de turistas comprando geles de Deliplus y helados Hacendado no son moco de pavo para el dueño de Mercadona, Juan Roig.

El 10 de julio se manifestaron más de 200 personas delante del cine. “No es baladí”, dice Xavier Monge, abogado de la plataforma, “teniendo en cuenta que es un barrio al que le cuesta movilizarse”. Muchos vecinos, viendo sus tranquilas vidas arrolladas por la presión turística, se han mudado a otros lugares.

El edificio no tiene plan de usos, estando “casi a los pies” del templo, como señala Monge. Al no estar acogido al plan, se puede convertir en lo que al propietario, una promotora inmobiliaria, le dé la gana. La miga del asunto es doble: por un lado, Mercadona, por la ley que regula las grandes superficies, está obligada a construir un parking proporcional al espacio que ocuparía. Concretamente, 5 plantas. Una obra faraónica de las que gustan en este país y cuyo coste el supermercado no podría asumir. Nadie contesta a la incógnita, pero en el teléfono del Ajuntament suena Living Barcelona a modo de premonición.

Si esto parece poco, lo mejor (o lo peor) está por llegar. La promotora, que se dedica a la construcción de hoteles en otra de las ramas del negocio, ha solicitado una altura de siete plantas. El Niza, que las abuelas del barrio todavía recuerdan con cariño, tiene dos y Mercadona quiere dos. ¿Qué pasa entonces con las otras cinco? Monge responde con un “blanco y en botella”. Segundo boom: hotelazo de lujo a dos pasos de la Sagrada Familia.

A la plataforma no le importa si el cine queda en manos privadas, pero quieren que decida el barrio. Hasta el regidor del distrito, Gerard Adanuy, admite que la falta de equipamientos sociales y culturales en l’Eixample es brutal. Pero ni por esas, después de reconocerlo añade que no se van a gastar 12 millones de euros “en un solar para construir un ateneo”. Escudándose en que la propiedad es privada, Poncio Pilatos se lava las manos.

El cine abrió en la posguerra, en 1946, y podría considerarse patrimonio histórico. Además de que cambiar un cine precioso por un Mercadona es un atentado contra la cultura, cualquier población más pequeña tiene un ateneo que el Eixample no. El movimiento tienen bastantes posibilidades de ganar porque hay defectos de forma importantes en la presentación del proyecto, confirma Monge. Lo ideal sería que Mercadona renuncie cuando se vea ante el abismo de un parking de 5 plantas. Hasta dónde están dispuestos a llegar, si se plantean hasta la ocupación, es una pregunta que me encanta hacer. La respuesta: “Somos muy buenos y un poco gamberros, así que hasta el final”.

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