Nadie parece confiar {zfr}

No sé si alguno de mis lectores tuvo la ocurrencia de ir a ver Il Divo de Paolo Sorrentino, el biopic sobre Andreotti. La historia le viene como anillo al dedo en relación al linchamiento actual de Duran i Lleida. Ambos democristianos, ambos aliados de EEUU y de la burguesía de su país en la lucha contra el socialismo, y ambos, una vez cumplida su misión, masacrados en el momento en el que no quieren dar un paso más. Vendepatrias, pero no del todo. Además el paralelismo es muy exacto, porque a ambos los salpican con casos que ocurrieron hace veinte años justo en la época en la que más se les ensalzaba. A Andreotti, cuando cometía sus tropelías, le apoyaban USA, el Vaticano y la mafia sureña en el momento álgido del Partido Comunista Italiano. Una vez pulverizado el enemigo rojo, Andreotti, eso sí, no estaba por la labor de acabar de vender el país a las burguesías extranjeras, y es cuando empieza a estorbar. Fue cuando le empezaron a acusar por la corrupción del pasado. Tres cuartos de lo mismo ocurre con Duran, cabeza visible de la marca blanca del PP en Cataluña: Unió. Una vez ha cumplido con su misión, se le lincha con chanchullos pasados. El neopaganismo avanza a marchas forzadas bajo la dirección de Alemania.

 

El Conseller d’Economia confesó el otro día que sus padres querían que hiciera Ingeniería y él quería hacer Filosofía y que, para mediar y sus padres no se enfadaran, hizo Economía. Él lo pintó como ejemplo de hombre ecuánime, explicando que la economía es la parte más filosófica de las matemáticas. Pero desde esta columna pensamos que la idea misma de la carrera de Economía es filosofía de la mala, puramente ideológica. En la Antigua Grecia, el oiko-nomos o economista era el cabeza de familia que controlaba las cuentas de la casa, algo tirando a básico, las cosas se complicaban a la hora de participar en las decisiones y conflictos de la polis, llegando al extremo, cuando tocaba filosofar, que requería argumentaciones complejas y no sólo las cuentas de ir al supermercado. La burda moda de la economía no hace sino simplificar la complejidad de la vida política, y en último término filosófica, en algo puramente pragmático. En Grecia había una palabra para esta gente, idioté, los que no se metían en política y sólo se ocupaban de la economía. Quizás en esa línea hay que leer las palabras de Mas-Colell a propósito de los Presupuestos para 2013, cuando comentó que serían “de subsistencia”.

 

Hay modas que no son precisamente ino- fensivas. La última que han fundado esos lacayos llamados periodistas a sueldo del nuevo proyecto pangermánico es la que tilda de soberanistas a los partidarios de la creación de la nación catalana y no soberanistas a los que prefieren la permanencia de la nación española. En el fondo de esta argumentación parece esconderse la idea de que en España la soberanía no reside en los españoles, al tratarse de una monarquía parlamentaria, y que sin embargo en la futura nación catalana la soberanía, o sea, el poder, si que residiría en la gente al tratarse, presuntamente, de una república. En el fondo de esta argumentación late la idea de que el poder no lo ejercen grupos y élites, sino que es posible que emane de la voluntad sincronizada del pueblo. El filósofo riojano afincado en Asturias, Gustavo Bueno, llama a esta práctica, con bastante mala leche, democracia fundamentalista. Como dando a entender que estamos inmersos en una ideología según la cual los razonamientos están por debajo de los procedimientos técnicos a la hora de decidir. La democracia fundamentalista sería levantar la mano antes de debatir la cuestión, precisamente la ideología que nos rodea, la mayoría siempre tiene la razón y es de “fachas”, “provocadores” o “pesados” intentar combatir una idea mayoritaria presuntamente ignorante o nociva. En el caso que nos ocupa, la idea de que en la nación catalana la gente tendrá más poder que en la española únicamente por la ausencia del monarca, parece, cuanto menos, discutible.

 

Crece la Barcelona pobre. De los 73 barrios de Barna, 55 están por debajo de la media. Tomando como referencia el 100, hace cuatro años la renta familiar en Pedralbes era 194 y la de Can Peguera 52. Hoy por hoy, la de Pedralbes es de 241 y la de Can Peguera de 34. Vamos camino del neochabolismo. La esperanza de vida de los barrios ricos es de hasta 8 años más que en los barrios pobres. La Iglesia Católica, mediante Cáritas, está redoblando las ayudas. El párroco de Sant Josep Obrer en Trinitat Nova, Joan Quadreny, ha dejado de pasar el cepillo y nos ha comentado a BCN Mes que su parroquia atiende a 700 familias al mes: “Tras dos décadas en el barrio nunca había visto una situación tan límite; si no fuera por Cáritas y por las familias, ya habría barricadas en las calles”. Mientras tanto la prensa del establishment sigue a lo suyo, declarando su amor a la cultura y culpando de todo a los “españoles”.

 
 
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