Nomenclatura anarquista {vi}

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¿Decepcionado con la realidad política? ¿Estás pensando en fundar un grupo anarquista? ¿Todos tus amigos te envían whatssups sobre cómo fabricar bombas caseras? Pues lo primero que hay que hacer es escoger un nombre y, para ello, nada mejor que conocer el mercado de marcas y franquicias anarquistas.

Empecemos por el tipo Pierre Menard, en honor al famoso plagiador de Borges: un grupo anarquista actual toma el nombre o las siglas de un grupo conocido del pasado para obtener crédito, aunque se deba a una confusión premeditada. Sírvanos como ejemplo la FAI. Pero no la de antes; sino la de ahora. Es decir, no la Federación Anarquista Íbera, sino la Federación Anarquista Informal. Lo que nos obliga a decir frases absurdas como: “Ahora la FAI (Federación Anarquista Íbera) ya no es la FAI (Federación Anarquista Íbera), sino que es la FAI (Federación Anarquista Informal)”. Otros, quizá con una ambición mayor que la de copiar unas siglas, también adoptan una estructura de cariz convencional, pero le añaden un nombre histórico y reconocido, lo cual siempre le da más empaque: es el caso del Comando Insurreccional Mateo Morral, en honor al anarquista que tiró una bomba Orsini sobre el carruaje de Alfonso XIII, pero el artefacto rebotó en un cable del tranvía, cayó sobre el público y causó una masacre. Hay que tener mala suerte, pero con el tiempo incluso la mala suerte se puede reivindicar. A éstos los podríamos encuadrar en el tipo clásico, sus nombres son claros, tienen un toque antiguo y sirven para cualquier época. Su producto estrella: las bombas con bombonas de butano en catedrales.

Otro tipo en la nomenclatura anarquista es aquel consciente de su tradición pero que se considera renovador, y que yo agruparía en la división deconstruccionista. Por ejemplo, los Neomaquis Caótica Barcelona – Gasteiz – Madrid – Valencia – FAI / FRI. Es una sucesión musical en la que cabe cualquier cosa imaginable, como en la lista del emperador chino (y dale con Borges). Su especialidad son las cartas-bomba en entornos urbanos. Sin embargo, mi preferida es la línea situacionista-cómica, en la que el mundo es un espectáculo y da igual lo que digas, pero ponle chocolate alrededor.

En tiempos de crisis, ya se sabe que la innovación es primordial. Aquí se incluye el Club de Artesanos del Café para sus Nuevos Usos. ¿Qué nuevos usos? Por ejemplo, la cafetera-bomba que supuestamente colocaron en una sucursal bancaria. Por último, y en esta misma línea, el nombre al que yo daría la mención especial del jurado: el Grupo Anticlerical para el Fomento del Uso del Juguete Sexual. Han adoptado un plan de marketing demoledor: enviar consoladores-bomba al arzobispo de Pamplona y al cura de un colegio de los Legionarios de Cristo. Pero, en fin, aquí cada uno con su gusto. No hace falta decir que, en cualquier caso, se debe promocionar como una experiencia explosiva, informal y antiautoritaria. Y si además se pueden evitar las bombas, pues mucho mejor.

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