Nova Bocana: Entre el capitalismo y la nova política

La Nova Bocana: Estrella Damm no grabaría aquí ni el teaser del tráiler de su anuncio.

Que las mujeres hagan política sin dejar de ser mujeres supone que el resto trague y digiera dos verbos que en un mundo masculinizado hasta el último de sus pelos se han convertido en pura sustancia feminista: ceder y depender. Presentar como un éxito un acuerdo con el Puerto de Barcelona, dominado por señoros con intenciones en las antígonas de Barcelona en Comú, nos exige a las demás otro esfuerzo: ver, comparar, respirar y asimilar que no se puede sacar el cuchillo todo el tiempo y que las cosas hay que verlas en su contexto. Periodistear, al fin y al cabo.

El Ayuntamiento y el Puerto de Barcelona han acordado la tercera modificación de la Nova Bocana. Esa zona que empieza en la sede de Desigual y acaba en la última roca del espigón y que, hoy por hoy, no podemos llegar a visitar. ¿La tenéis en mente, no? A un lado la torrecita de la que sale el telefèric con los guiris resguardándose del sol bajo paragüas/sombrillas rojos. Los tinglados a los que no se entra pero, oye, están pintaditos y fetén. Ese otro edificio a la izquierda que no sé qué es, pero está muy bien que tiene soportales para resguardarse del sol cuando pega y tú estás esperando al maldito D20 o al 64 porque has decidido que era buena idea ir a darte un bañito a las cuatro de la tarde. El Vela y por ahí al fondo, no sé, como unas zonas medio verdes. Tampoco es que hayas ido mucho. Tampoco dirías que estás en el mar, salvo por el trozo de agua que hay más allá de la arena de parque infantil a la que, incautos, llamamos playa. Estrella Damm no grabaría aquí ni el teaser del tráiler de su anuncio.

En el tira y afloja, el Ayuntamiento tiene como plan recuperar el mar. El Puerto, zonas comerciales y alguna que otra obra faraónica. El trencadís resultante habrá que observarlo con lupa, que nos conocemos. Pero a juzgar por el primer boceto, al menos el mar lo veremos. Los barcelonins tendremos 14.000 metros cuadrados más de espacio público, sobre todo en torno a lo que será la Marina Vela, con dos tramos de paseo que el ejecutivo se maravilla en anunciar que tendrán la longitud de las Ramblas. Vamos, que recuperaremos el paseíto espigón en el que lucir modelito mientras divisamos el amplio Mediterráneo y frente a la última piedra de la ciudad, simular a Jack y Rose, que eso es muy de paz social y demócrata.

Nada en contra de la hostelería pero no es precisamente lo que falta en el entorno.

En la Nova Bocana, el 100% de los espacios que limitan con el mar serán públicos, cuando ahora lo son sólo el 68%. Los usos comerciales serán del 20% y, ¡oh, no!, ¡horror!, un 15% serán de restauración. Nada en contra de la hostelería pero no es precisamente lo que falta en el entorno. Se incorporarán a los usos habituales dos más: cultural y docente. Aquí es donde quizá nos plantan el Hermitage. Y donde toca respirar y coger aire. Porque por ahí asoma también el Pont-Porta-Port, un edificio en forma de pórtico que será mirador y desde el que se podrán tener unas “vistas privilegiadas sobre el Mediterráneo”. Las cubiertas serán públicas, pero en la primera planta habrá restauración y en la baja actividades culturales y comerciales.

El miedo a un Maremagnum 2 trepa que trepa. La Rambla del Mar tiene 6.000 metros cuadrados. ¿Será algo más del doble suficiente para sentir que hemos ganado de verdad espacio público? ¿O entre restaurantes y comercios será otra locura capitalista más? Toca expirar: el terreno es del Puerto pero sus usos tienen que pasar por el aprobado del Ayuntamiento. Para algunos habrá sido un esfuerzo y una pequeña victoria; para otros, una prueba más de lo vendida que puede llegar a estar la política cuando pierde el estrecho contacto con la calle; para los que ya tienen jardín, una oportunidad perdida para ampliar negocio.

No llueve a gusto de todas. Las mujeres tejen y, aunque este no fuera su plan, Colau repite que el uso comercial se limitará al 20% y el de restauración al 15%. Está bien porque en los 22.000 metros cuadrados del Maremagnum no hay espacio para la cultura, la docencia o el aire, sólo para el consumo de trapitos o yantar. Está mal porque no será lo que querían quienes votaron a BComú para que el futuro de la ciudad fuera diferente. Pero así es la filigrana. Esto es el feminismo. Gobernar para todas. Para ti también, súbdito del dinero.

More from Esperanza Escribano

Alfred Bosch: “Per què ens entestem que Barcelona sigui Benidorm si pot ser Niça?”

Alfred Bosch em va parlar, primer de tot, de la Sagrada Família...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.