ópera prima

great expectations

El mercado editorial no siempre deja hueco para nuevas voces, pero lo cierto es que cuando tienen calidad acaban por encontrar su espacio, aunque haya quien piense, como uno de los personajes de Dickens, que no hay “nothing harder than being given your chance”. Novel no es siempre sinónimo de joven, y otros autores publicaron por primera vez este año, con títulos como Apio (Errata Naturae), con el que el artista Gino Rubert (1969) se ha estrenado en la novela. Sin embargo, entre los mejores debutantes de 2011 abundan los menores de treinta años. A la ya imprescindible librería madrileña Tipos Infames acuden (en la foto) Alejandro García Ingrisano (1986), de cuya novela Pitcairn (El Olivo Azul) figura reseña en esta misma página, y Salvador Galán Moreu (1981), ganador del último Premio Caja Madrid por la excelente El centro del frío (Lengua de Trapo). Para Ingrisano, “haber encontrado una editorial seria como El Olivo Azul, en la que prestan atención al texto y valoran mi trabajo”, dice, le “da mucha tranquilidad”, aunque “nadie me ha dejado de hablar a raíz de la novela, lo cual es un poco decepcionante”. Por su parte, Galán sabe, como casi todos, que premio o publicación no cambian nada, que “el cero es siempre la página en blanco” y que “la incertidumbre continuará, pero no deja de resultar estimulante”.


Photo: Ana Himes

Bajo dos perspectivas diferentes pero con una apuesta decidida por los autores noveles, el sello Papel de Fumar, iniciativa editorial del centro autogestionado La Tabacalera de Madrid, y la editorial barcelonesa Alpha Decay, a través de su colección Minis, nos han traído este año títulos como la novela breve La legendaria rebelión de los fumadores, de Julio Fuertes Tarín (1989), o el ensayo Contra la posmodernidad, de Ernesto Castro (1990). A Fuertes, también músico, le interesa “una relación no profesional con la literatura” y reconoce, inconformista, que su primera novela, con ser honesta, “no apunta siquiera vagamente en la dirección” en la que sigue trabajando como escritor. Castro, también lúcido, comenta que “la experiencia de escribir un libro que sabes que va a publicarse y que, por tanto, tiene un número potencial de lectores que uno no conoce, te obliga a clarificar mucho más tus conceptos y tus ideas”.

 

Papel de Fumar (con Inés Plasencia) o los Minis de Alpha Decay (con Pablo Muñoz o Michael Cera) apuntan a un público reducido, pero también hay lugar para las tiradas menos modestas con autores noveles, como es el caso del escritor Juan Soto Ivars (1985), cuya primera y ambiciosa novela, La conjetura de Perelmán, llega este noviembre a las librerías de la mano de un sello como Ediciones B: “he querido experimentar y romper la odiosa dicotomía entre lo comercial y lo literario, tan propia de la cultura española”, dice el autor; o de la catalana Jenn Díaz (1988), que contó con un esfuerzo especial de la editorial Principal de los Libros para el lanzamiento de su novela Belfondo. “Trabajan como grandes y se hacen pequeños para quedar a tu misma altura”, dice de sus editores Jenn Díaz, que añade: “No veo una manera mejor de introducirse en un mundo peligroso como éste”. …………………………………………………………………………………….

 

Territorio de Ultramar

 

Tan alejada de las frías corrientes literarias como Pitcairn (el archipiélago) lo está de las masas continentales, Pitcairn (la novela) supone uno de los estrenos más deslumbrantes y originales de la narrativa española reciente. Escrita con irritante juventud y en innegable estado de gracia, con ella el castellano se convierte en buque para que su autor, Alejandro García Ingrisano, borre tras de sí la estela del tedio y los prejuicios. Pitcairn no es una novela de tesis y sin embargo, sin humildad ni lugares comunes, deja en evidencia lo decadente de nuestro tiempo. De ningún modo es una crónica de lo real y, sin duda, ese Berlín de los años 70 en el que pulula la caterva de cínicos, gentlemen y granujas de sus personajes bien podría ser el más fiel retrato, en un sentido beckettiano, del absurdo en el que parecemos instalados. Tampoco es esta una novela de trama, sino un texto en el que el estilo se adueña de todo, incluso de la estructura, pero la tensión narrativa está asegurada con elementos como el peculiar dictador que desde una isla remota amenaza a la trouppe berlinesa. Pitcairn no es, finalmente y por fortuna, una maniobra de demostración metaliteraria, y aún así inundan sus páginas la marea de muchas lecturas y una noción de la escritura que permite el juego, el disparate y el homenaje. Delicatessen de novela, como traída de ultramar por algún distinguido viajero, revela como principales virtudes de su autor una ironía genuina y una prosa desbordante.
……………………………………………………………………………………. Pitcairn • Alejandro García Ingrisano • El Olivo Azul

 

LEER A MANO MAX 37ºC

 

A partir de una serie de conflictos (la muerte del padre, la locura de la madre y la alienación de una chica depresiva en el perpetuo invierno de una ciudad tan deshumanizada como Leeds) que podrían desembocar en la clásica novela de iniciación o en otro experimento pretendidamente posmoderno, Viola di Grado (1988) consigue darle la vuelta al tópico y propiciar un refugio para el cambio y la belleza. Con los materiales que tenía a mano, su realidad, su deseo y la palabra, la autora de Setenta acrílico treinta lana elabora poco a poco un tejido poético con el lenguaje que trasciende la simple historia de una educación sentimental o el recurrente dietario de adolescencia y plantea un discurso de mayor calado sobre la incomunicación y el vértigo vital del descubrimiento, sobre la identidad, las relaciones entre diferentes y la distancia con los semejantes. En cierto modo, con su primera novela la joven escritora italiana desmonta y vuelve a armar el lenguaje mismo como alegoría de otra forma de hablarnos los unos a los otros, de decirnos, de callarnos y poder ser escuchados por encima del ruido de fondo que nos devasta en cualquiera de las mil ciudades transferibles al Leeds de Setenta acrílico treinta lana. Una potente voz narrativa, un lirismo pocas veces gratuito, una temperatura descarnadamente humana en su mirada, una experiencia paradigmática entre buena parte de la juventud europea y, sobre todo, un talento indiscutible, hacen que Viola di Grado sea, más que una promesa, todo un hallazgo literario.
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Setenta acrílico treinta lana • Viola di Grado • Alpha Decay

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