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¿Cómo es el porno que se hace en Barcelona? {feature}

Decid porno. Con todas sus letras: por-no. Pensad ahora en qué significa. Erika Lust, la directora estrella de porno feminista con estudio en el Born, cree que suena a algo “sucio, oscuro, plástico y feo”, a tíos salidos que se mueren por “tocar a la tía y penetrarla” y mujeres “demasiado maquilladas”. Si vuestra definición coincide, respirad: estáis a punto de entrar en un mundo nuevo. Hay un porno alternativo dispuesto a representaros y, lejos de la casualidad, está en gran parte hecho en Barcelona.

Conocer el apasionante mundo del porno alternativo requiere saber primero de qué hablamos cuando hablamos del mainstream. Es el porno de siempre, el que vemos si abrimos los tubes, desde Pornhub a Redtube. Estas páginas web arrasaron a partir de 2005, cuando la calidad de Internet en los hogares creció lo suficiente como para que pudiéramos ver vídeos en casa sin morir de aburrimiento antes. Su filosofía es abarcar todo el porno del mundo, con pocos filtros de calidad, claro. Sólo se prohíben actos inmorales para el pensamiento dominante: que ellas sean una muñeca hinchable, vale, pero de prácticas como lluvia dorada o juegos con la religión, ni hablar.

En el mainstream, como dice Lust, vemos primeros planos genitales y la escena acaba en el 98% de los casos con un tío corriéndose en la boca/tetas/culo/cara de la mujer, de la que poco nos importa si disfruta o está haciendo la lista de la compra mentalmente. Básicamente lo de siempre, porno hecho por hombres muy machos y heterosexuales, para otros hombres muy machos y heterosexuales.

En el porno alternativo entraría, de primeras, todo lo demás, lo que no significa que todo lo que se hace fuera del gran circuito sea feminista. Por ejemplo, Selina AK, actriz porno, preguntada sobre este asunto, decía: “Como el mainstream es tan atroz en tantos sentidos, parece que todo lo que se salga de ello lo es”. No hay una sola definición válida para este tipo de cine para adultos, pero a lo largo de este concierto podremos escuchar algunas de sus notas: las mujeres deciden más, el trato es más humano, hay más espacio para el amplísimo término del “sexo raro” y, lo más importante, cualquiera puede decir “no” con comodidad.

 

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Erika Lust by Señor Archer

 

El mercado mainstream fuck me and I’ll fuck you back

El porno convencional viene, sorpresa sorpresa, en un 90% de Estados Unidos y está controlado por un puñado de productoras que multiplican sus páginas web de distribución. Internet puede haber sido para vosotros, consumidores masivos de los tubes, a juzgar por vuestras respuestas en bcnmes.com —un 60% veis porno en estos sitios— , una liberación del acceso al sexo gratis, pero para el sector va camino de ser un drama.

Ahí va la diferencia número uno con el lado oscuro. El porno mainstream se ha convertido en una maquinaria del usar y tirar. Juli Simón, director del Salón Erótico de Barcelona, cree que la red ha “esclavizado” la producción. Primero, porque la velocidad de consumo es tal que se ha impuesto la necesidad de rodar escenas de 10 a 20 minutos en vez de películas, se graban “singles” en vez de álbumes. Las productoras españolas que en los años 90 realizaban 12 cintas al año, tienen ahora que rodar cerca de 100 escenas al año. Y eso conlleva renovar caras constantemente, porque nos cansamos de ver a las mismas actrices. Adiós a los contratos estables. Hola, lógica lowcost.

Rodar 100 escenas, además de más caro que hacer pelis, es también “muy difícil, casi imposible”, de rentabilizar según Simón. Y más desde la llegada de los tubes, que ofrecen el material gratis, inundado de publicidad. Una escena, si todo el mundo cobra, que tampoco es lo más habitual, puede salir por 1.000 euros, ajustando los sueldos de los actores. Sumemos a esto la cultura del “todo gratis” y ya tenemos precariedad garantizada.

Pero hay más. Las productoras yanquis conocen la desesperación local y saben que la escena que a ellos les cuesta 3.000 dólares producir, entre otras cosas porque la industria está profesionalizada y nadie trabaja sin cobrar, en el Estado español es mucho más barata. Así que entran como elefantes en una cacharrería y encargan a una productora 60 escenas al año. Como es un fijo, es casi imposible decir que no, pero las condiciones son “durísimas”, estima Simón: desde la imposición de constante renovación de caras hasta el tipo de posturas. Las productoras nacionales intentan también sacar tajada vendiendo las escenas acumuladas, pero como a las estadounidenses no les gusta que estén ya explotadas, las pagan al peso: unos 100€ por pieza que no dan ni para recuperar la inversión. Pero si venden el trabajo del último lustro, pueden ser unos 40.000€, ¿y quién les dice que no? Sí, el mainstream también se ha conformado con gestionar miseria.

¿Y los actores? Su fuente de ingresos principal empieza a mudarse de las escenas que graban al fantástico mundo de las webcam. Aunque para actrices como Selina ya es su curro principal, según Simón, este mundo también se precariza por la competencia desleal: “En vez de trabajar para unas pocas empresas con ciertas normas que fijan unos precios, cada vez surgen más plataformas nuevas, desde Skype a Cam4, donde se compite a la baja y el minuto puede llegar a salir por 2 míseros euros”. Además, concurre una nueva moda: que la sesión funcione como las cabinas de los sex shops en EEUU, donde la “primera fase” es gratis y después se paga según se avanza y se desconecta a los que no están dispuestos a pagar por ver algo más. “Eso aquí no funcionaría. Antes de pasar a la segunda fase todo el mundo se ha corrido”, sentencia muy serio Simón. Como los músicos, los actores y, principalmente, las actrices, ganan cada vez más con los conciertos que con los discos. Más shows y menos rodajes.

“Lo bueno de la webcam es que no necesitas que nadie te llame para rodar”, opina Selina. A falta de un mercado alternativo que funcione a pleno rendimiento, las actrices con clara perspectiva de género que no quieren plantearse una carrera en el mainstream, encuentran en este mundo una suerte de futuro laboral. María Riot es actriz porno y, a la vez, trabaja en una ONG que defiende los derechos de los animales. De momento, el porno es sólo un complemento de su trabajo, porque no todo lo que se hace en él le convence: “Si todos los directores fueran como Erika Lust o Nico Bertrand, sí que me plantearía centrar mi carrera en el sector”. Aunque del dicho al hecho hay un trecho, porque para ganarse la vida hay que sudar de lo lindo.

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Nico Bertrand by Señor Archer

Es vox pópuli que en el porno ellas cobran más, pero es una verdad a medias. El sueldo depende de varios factores. Daniel Casado, encargado de contenidos de Cumlouder, una de las dos grandes productoras españolas de porno mayoritario, explica que “cualquier cosa que vaya más allá de un simple boy/girl siempre aumenta el sueldo de la actriz”. Por ejemplo, “se pagan más los anales y las escenas con más de un chico”. Pero también influyen “la popularidad de la chica y lógicamente, el físico y la belleza, aunque esto es muy relativo y para gustos, colores”, añade Casado. Resumiendo, una mujer puede cobrar desde 250/300€ hasta 1.000€ por un gangbang. Un hombre se queda en los 200-400€ y “no suele variar su sueldo porque haga una escena con un contenido diferente”.

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Nos asomamos al mundo alternativo con el caso de Nico Bertrand, que empezó hace dos años a dirigir porno. Conoció por casualidad a Anneke, actriz del gremio, y en cuestión de dos semanas tenían su propia productora, Blackmind Studios. El problema más importante al que se enfrentaron al inicio fue la distribución, y en su caso se añadía otra dificultad, el tipo de sexo que han producido hasta ahora: su primera temporada va sobre parafilias, desde la de “a quién le pone la asfixia” hasta “ver llorar a otro”.

En los tubes podemos ver bukkakes en los que la mujer es sólo una superficie sobre la que se derraman hasta una decena de pollas, escenas humillantes e incluso sospechosas de ser violaciones. Nada de eso se censura, pero quedan prohibidos los vómitos, la asfixia o la lluvia dorada. Así que la distribución de este tipo de porno debe hacerse obligatoriamente fuera de los circuitos mayoritarios. Y eso sí que es chungo. Bertrand y Anneke tuvieron por un tiempo la suerte de que una tienda de arte erótico en Valencia se interesó por los vídeos de Blackmind, pero al tiempo el negocio cerró. Desde entonces, las redes sociales (con la excepción de Facebook que demuestra una teta-fobia muy seria) y la constancia son sus mejores amigos. It’s all about the fans! Twitter, que no censura nada, se convierte en la herramienta idónea para que quienes quieren salirse del carril central se conozcan y den vida a un circuito alternativo.

A la distribución difícil se suma la inexistente financiación de proyectos. Por muy cuidada que sea la imagen o por mucho que se considere que se trata de cine con sexo explícito, o hasta con función educativa (¿no es necesario que empecemos a educarnos sexualmente en una realidad más cercana que las tetas operadas y las pollas enormes del mainstream?), mientras tengan sexo no recibirán una subvención pública. La guinda del pastel es, como critica duramente Bertrand, “la falta de profesionalización del sector”. Frente al modelo estadounidense, donde existe un how to, aquí todo el porno, desde el mainstream al alternativo, es muy amateur.

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Juli Simón by Señor Archer

Con este plan, Bertrand explica que al principio “estás más cohibido, pero tienes que lanzarte a descubrir, preguntar y experimentar, como en cualquier trabajo”. La única diferencia es que en el porno hay que ser más sensibles con el contenido. “En uno de los primeros rodajes que hice con un chico y una chica, él se sacaba la polla y empezaba a hacerse una paja. Para describir eso, yo usaba en ese momento un lenguaje súper técnico, con eufemismos como ‘ahora te puedes tocar ahí abajo’. Andaba con miedo, pero poco a poco te vas adaptando y empiezas a decir claramente ‘polla’ o ‘coño’”.

¿Cómo sobrevivir entonces con un producto cuyo destinatario no es la mayoría, sin subvenciones, sin plataforma de distribución establecida y con una competencia mainstream que ofrece el contenido gratis, en un país acostumbrado a no pagar? Por increíble que parezca, hay gente dispuesta a pagar por el porno. Pero como en todo, puede vivir de ello quien hace encaje de bolillos y avanza despacio, pero con constancia. Hay varios casos de éxito con un componente común: Barcelona. Erika Lust empezó su productora con su compañero Pablo Dobner y 10 años después tienen a 15 personas contratadas y ruedan películas en las que pueden trabajar hasta 20 detrás de las cámaras y los presupuestos crecen cada año. Nico Bertrand, que empezó con Blackmind, ha seguido por su cuenta rodando, ahora distribuye desde su propia web y está nominado al gran premio de la Fête du Slip, o lo que es lo mismo, el festival de sexualidades de Lausanne (Suiza).

El aura erótica de la Condal

Ese charming. A Lust le gusta pensar que Barna tiene una energía especial, sexual, que la hace única para que florezca como capital del porno alternativo. Lejos de querer quitarle la razón y más allá de si hay o no cierta aura erótica en la Condal, lo que sí hay es tradición. El 20 de diciembre de 1975, sólo un mes después de la muerte de Franco, abrió sus puertas la sala Bagdad. Lo que empezó siendo un show erótico se convirtió enseguida en la sala de referencia de sexo en vivo a nivel europeo.

Juani de Lucía lleva 40 años al frente del Bagdad, seleccionando a sus artistas y confeccionando los shows, entre otras muchas materias. A de Lucía le reluce el orgullo de haber sido el “escándalo” de la época. En pleno apogeo de los teatros del Paral·lel, la sala abría con colas que daban la vuelta a la manzana. A modo de recordatorio, por aquella época la gente que quería ver carne cruzaba a los cines de Perpignan, en Francia.

Todas las estrellas del porno han pasado antes o después por Bagdad. Nacho Vidal salió de allí. “Empezamos con desnudos integrales y a los poquitos meses empezamos a hacer porno”, cuenta de Lucía, que se trajo a los primeros shows de Alemania, porque aquí no había actores dispuestos a hacer sexo en vivo. Pero con la gran dificultad que supone encontrar a un hombre capaz de aguantar una erección durante todo un show pase lo que pase, su presencia en el Bagdad es la que les asegura una futura y brillante carrera y convierte a la sala en la escuela del porno.

La clave de la sala está hoy en día en la participación del público. Se pagan 90€ por entrar con una consumición incluida. Anécdota cotilla uno: el día que esperamos durante media hora en la puerta a que nos recibiera Juani de Lucía, escuchamos al portero contar a un par de interesados que las copas dentro costaban entre 10 y 20€. Anécodta dos: Bertrand contando que fue con una amiga y pagó 25€ por dos chupitos.

“Las artistas seleccionan a un hombre, a una mujer o también a una pareja que sube al escenario y el límite lo ponen ellos.” Una suerte de guiño al porno amateur incluido en el precio. Pero de Lucía no quiere ni oír hablar de la estética alternativa entrando en su templo: “Sí, sí, pero las que guían el espectáculo son mis chicas, que además son las únicas guapas que hay en el sector ahora, que está perdiendo mucho en belleza”.

La otra pata sobre la que se sostiene la actitud abierta hacia el porno es el Salón Erótico de Barcelona (SEB), que no se instauró hasta el año 92 en el Poble Espanyol, y que pronto se quedó pequeño. La idea surgió de un grupo de personas que se dedicaban al sexo amateur y que querían profesionalizarse con un festival de cine. Pero la imposibilidad de conseguir subvenciones —algo que explica también que siga siendo un mundo con mucha precariedad y pocas normas— les llevó a montar una feria paralela que sirviera de fuente de ingresos. Hoy el SEB se financia con los expositores y demás que asisten, que pagan diferentes tarifas, pero no paga a nadie por ir. Su director, Juli Simón, cree que el Bagdad sembró esa tolerancia con el porno que está ya “en la epidermis de Barcelona”.

Fem porn – fem de feminista, cony!

Si pinchamos la cara B del porno, lo primero que suena es Abbywinters, la página web de porno holandesa con la que cualquier actriz querría trabajar y que lleva ya 15 años funcionando. “Te tratan y pagan muy bien”, dice Selina. Garion Hall, dueño de Abbywinters, define así cómo marca su productora la diferencia: “Las modelos llevan su propia ropa y tienen personalidad, son gente real”. Si hay algo que destaquen los directores de porno alternativo es que quieren trabajar con gente segura de sí misma. Pero esta plataforma condiciona esa realidad para asegurarse de que sólo entran quienes de verdad quieren hacerlo. “Se graba en sus propias casas, las modelos no llevan nunca maquillaje y pagamos igual a ellas que a ellos”. Para proteger su compromiso ético, las únicas escenas en las que aparecen pollas son, obligatoriamente, las de los novios de las actrices. Y aún hay un filtro más: 45 minutos de charla en la que se explican todos los riesgos de entrar en el mundo del porno, el cooling off period, como Hall lo define. María Riot pasó por ese proceso y, aunque no dudó, tuvo que procesar algunas ideas en las que no había pensado antes: “Tuve que firmar que el contenido estaría siempre en Internet, incluso si yo muriera”.

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Alex y Selina AK by Señor Archer

Pero, aunque Abbywinters tenga un compromiso ético y pague a sus actrices entre 200 y 750€ por día de rodaje, no dejan de producir porno para hombres heterosexuales, su “enorme mayoría” de visitantes. Su perfil, en palabras del propio Hall, es el de “hombre con alta formación, de unos 35 años y que comprende que el porno gratis daña la industria terriblemente”. Hall tiene claro que las mujeres “no pagan por ver porno de una manera lo suficientemente alta como para que hacer porno para ellas sea rentable”. Y ni corto ni perezoso ve el equivalente en las novelas eróticas, “totalmente para ellas”.

¡Ay! He ahí la clave. El mundo del porno alternativo ha avanzado en la manera de tratar a sus actrices e incluso en la manera de rodar, pero no deja de estar dirigido al mismo público que el resto de la producción masiva. En cambio, el porno feminista da un paso más allá y se convierte en el género del futuro: porno hecho por hombres y mujeres, que integra todas las visiones desde la producción hasta la distribución. Pasamos el micro a Lucie Blush, otra de las directoras porno que despuntan hoy en día: “No creo en el porno para mujeres. En mi opinión, no existe. Es una simplificación que apoya estereotipos de género. Las mujeres somos todas diferentes y los hombres también. Mi porno es feminista y se dirige a mujeres y hombres por igual”.

Las mujeres consumen porno, querido Hall. El problema es que no lo hacen más porque ojito a lo que se encuentran si ponen esta palabra en Google (click sólo apto para estómagos con ganas de ver primeros planos sin gusto). Bertrand también avanza en ese sentido: ha empezado a producir una serie que, bajo el título Oral Orgasm, graba exclusivamente las reacciones de una mujer cuando le practican sexo oral y quiere hacerlo en el futuro con las reacciones de un hombre. Selina y Alex AK, una pareja que empezó con Lust en el mundo del porno, lanza ahora en febrero su propio proyecto con la idea de contar sexualmente “cómo se abre una pareja” y entrar con ello en el mundo de las relaciones. La generación indie crece y quiere enseñarnos que hay doscientas mil formas de sexo afectividad.

La propia Erika Lust empezó su andadura en este mundo del porno alternativo cuando se dio cuenta de que el porno que veía le ponía pero, en el fondo, no le gustaba. Quería describir mujeres con las que le gustaría ir a cenar, no “sólo un trozo de carne”. Tampoco quiere chicos musculazos, sino alguien más moderno e interesante. Y así empieza la democratización del porno. Cada vez son más quienes quieren saber de dónde viene, de la misma manera que empezamos a mirar de dónde viene la carne que comemos. Lust: “¿Lo que veo es un hombre machacando a una mujer que tiene cara de muerta? Entonces es que igual no le gustó. No es tan difícil de ver”. ¡Y ojo! No caigamos en la trampa fácil de pensar que el porno que hace es para mujeres, porque según cifras de Lust, su audiencia la forman un 60% de hombres y un 40% de mujeres. En Cumlouder esa cifra es más acusada, con un 90% de tíos espectadores.

En la misma línea de porno feminista, Blush destaca la necesidad de “crear buenas condiciones de trabajo para los actores”. Y más importante sería que “los actores sepan que pueden decir ‘no’ en cualquier momento”. También a nivel de contenido: “Es hora de mostrar mujeres que no tienen miedo de decir lo que les gusta, mujeres emancipadas que no tienen vergüenza de disfrutar de su sexualidad”. Esa es la gracia del porno feminista, “que muestra a las personas como son realmente, para alcanzar un sexo verdaderamente excitante”, opina Blush. No somos muñecas, somos personas. Su llamamiento: “Nos tenemos que aceptar como somos y liberarnos de la dictadura de las revistas de moda y de la sociedad en general”.

Si dejamos que el porno feminista sea el mayoritario en el futuro, podríamos liberarnos de la dictadura de la estética. En las películas de estos directores alternativos, el único elemento imprescindible para rodar es tener personalidad. Si el sexo no es en nuestras vidas pura estética, ¿por qué tiene que serlo en nuestras pantallas? Al igual que tampoco lo es el acto aburrido e higiénico que vemos en ellas, sino una mezcla de sensaciones, deseos y fantasías. Claro, que para eso deberíamos estar dispuestos a rascarnos el bolsillo.

Porno. Por-no. ¿Ha cambiado algo en nuestras cabezas? Sea cual sea la respuesta, sería interesante que sigáis estos proyectos de cerca. Si el Bagdad o el SEB acercaron el porno a nuestras rutinas, ahora son sus sucesores, Lust, Blush o Bertrand, los llamados a hacer la siguiente revolución sexual, la de todas. ¿Queremos que Barcelona sea recordada por ello? Si la respuesta es no, no sé qué hacéis aquí seis páginas después.

Fotos de Señor Archer.

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