Precintando locales culturales: el Arco de la Virgen

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viento-dLeyendo la publicación El Raval de septiembre de 2015 en la Asociación Cultural La Virgen, me encontré con la propaganda de Junts pel sí y me di cuenta de que ya estamos inmersos en el lenguaje político de lo irrefutable: la expresión lingüística de las propuestas de los partidos no se puede negar. Comenzaba con un “Sí a Ciutat Vella” y continuaba con un “Sí a un nou país amb oportunitats per a tothom”. Luego, subrayaba sintagmas como “democràcia millor”, “millors escoles”, “millor sanitat”. Nadie puede negar esto sin que le acusen de majadero. Nadie puede decir que no quiere mejores escuelas, sino que las quiere peores, ni puede decir, sí, quiero democracia, pero quiero una democracia peor.

El lenguaje político se ha convertido en una sucesión de lugares comunes en los que no caben matices ni divergencias. Está tan acotado lo que se puede pensar políticamente que ya casi todo el mundo “comunica” la misma cosa, es decir: nada.

Pero esto no es patrimonio de ningún partido. Pocas páginas más adelante se desplegaba una entrevista a Gala Pin (BCN en Comú), la flamante regidora de Ciutat Vella. “El Raval es un modelo de convivencia de distintas culturas y comunidades. Y eso es un valor que tenemos que potenciar.” Ni siquiera Mercè Homs, la regidora anterior y de un signo político contrario, podría negar estas hermosas frases. Sigamos.

“Los pequeños agentes culturales tienen que ser todo lo visibles que se pueda. (…) Debemos potenciar esa diversidad cultural y lo modélico de su convivencia.” Claro que sí. Los pequeños agentes culturales tienen que ser visibles y hay que potenciar la diversidad cultural, ¿quién puede negarlo? Con palabras, es difícil.

Pero yo leía esta entrevista el día anterior a que fuera a ejecutarse el precinto de la Asociación Cultural La Virgen motivado por una resolución de febrero de 2013 que había prescrito (al cierre de esta edición el precinto aún no se ha llevado a cabo, pero la asociación tuvo que cerrar las puertas sin saber cuándo volverá a abrir y ahora ha trasladado parte de sus eventos a otros locales). Punto uno. Además, el Distrito de Ciutat Vella se fundamentaba en una supuesta inspección que tuvo lugar el 30 de junio de 2014, pero había sido incapaz de mostrar el acta de dicha inspección, sencillamente, porque no existe. Punto dos. El punto tres es que gracias a estas dos negligencias administrativas se cierra, de facto, una asociación cultural en marcha desde 2009 y con más de siete mil socios, una asociación, además, que también paga la revista gratuita que tienes en las manos.

El lenguaje político de lo irrefutable no es irrefutable: se refuta con los hechos. Es una buena noticia que palabras como “diversidad”, “asociación”, “tejido cultural” y “transparencia” inunden los discursos políticos. Es una mala noticia que bajo estas palabras no cambie la política práctica, porque el discurso será banal pero los hechos nos afectan a todos.

Por último, me gustaría tomar prestadas unas palabras de Gala Pin, pero, en este caso, para evitar que desaparezca la Asociación Cultural La Virgen: “Pues querría más que decir, pedir. Pedir una implicación de todos y cada uno de los vecinos en la tarea de construir un barrio mejor. Por otro lado, quiero destacar la cantidad de vida asociativa, cultural y vecinal que tiene este barrio, creo que no sacamos suficiente pecho de esta riqueza de la que todos deberíamos sentir un orgullo muy especial”. Lamentablemente, hoy saco una Virgen de pecho menos.

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