Press Play 011

Doctor Astur. Llevo con pesadumbre la desgracia de ser o intentar ser músico. Antes componía con una facilidad de la hostia, casi todo mierda, eso sí, pero desde hace un tiempo no consigo nada de nada, por mucho que me esfuerce. Hasta el punto de que casi me revuelve el estómago coger la guitarra ¿Qué tengo que hacer? ¿Hay alguna solución? Deme un respiro, por favor. Jimi, Madrid

 

Primero dejemos clara una cosa: yo soy escritor, no músico, es cierto que lo intenté en mi adolescencia, pero mi falta de talento terminó por ganarme la partida. Aún así creo que te puedo ayudar, o al menos soltarte una de mis muchas teorías sobre el proceso artístico y ya luego haces lo que te dé la gana con ella.

 

Tengo muchos amigos músicos, de hecho por alguna razón, supongo que franca admiración, este colectivo supone el 70% de mis amistades. Hay de todo, unos parece que nunca compongan y de pronto te vienen con un montón de canciones, otros dedican muchas horas al día a trabajar con paciencia de artesanos en sus temas, otros anotan ideas en una grabadora y luego las sueltan en el local de ensayo para, entre todos, darles forma. Los hay muy prolíficos, los hay desesperadamente lentos, los hay buenos, los hay malísimos, todos cagan, todos sufren. No creo que ninguno te sirva de ejemplo. Cada cual tiene su templo.

 

Decía Truman Capote, y cito de memoria, que cuando Dios te da una talento también te da un látigo con el que fustigarte.
También decía, y ahora sí que cito de memoria e incluso altero lo que dijo, que cuando somos niños aprendemos la diferencia entre escribir mal y escribir bien y cada sobresaliente en nuestras redacciones del colegio es un aplauso que nos confirma que valemos para algo. Más tarde, en la primera juventud las cosas se complican un poco porque comprendemos la diferencia entre escribir bien y escribir muy bien. Aquí llega la primera criba y hay muchos que desisten, pero si tenemos algo de talento sudaremos y seguiremos adelante, en la mayoría de los casos, copiando un poco, es normal, de nuestros primeros maestros, que por esta época ya habrán entrado con fuerza en nuestras vidas.

 

Lo terrible comienza después: ya en la madurez: cuando descubrimos la sutil e intangible diferencia entre escribir muy bien y escribir jodidamente bien. Aquí llega el látigo. Supongo que estarás en esta fase y por eso tienes miedo. Estás bloqueado.

 

Relájate, todo lo anterior suena muy bonito, pero es solo literatura.

 

Personalmente creo que hay que trabajar muchas horas al día y ser exigente, pero no esperar revelaciones cada vez que te pongas a ello ni sufrir porque solo te salga mierda. Eso es bueno, ten en cuenta que los malos artistas se empeñan en fingir que su mierda es oro y viven, avergonzados, negándolo. El proceso artístico hay que tomárselo con la modestia de un niño cuando juega: totalmente concentrado, disfrutando, pero sabiendo que, aunque apasionante, no deja de ser un juego.
Pretender tener una iluminación cada vez que cojas la guitarra (o te pongas a escribir, o a pintar, o a rimar, o lo que sea, esto es aplicable a cualquier arte) es tan absurdo como el tipo que se fuerza a ir todos los días a misa esperando encontrar a Dios: terminarás dando la espalda a tu fe o, como muchos artistas por todos conocidos, convertido en un cínico quemado o en un cretino fanático de sus mentiras.

 

Espero haberte ayudado. Aunque tengo mis dudas: también a mí me cuesta horrores convertirme en un buen cura.
Abrazos.

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