Raval Canalla

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Ciutat podrida, ens portes la nit i la por,
ara que ets adormida, els carrers són plens de foc.
Vull sortir d’aquest infern on els crits dels perduts s’obliden
quan ets presoner, l’esclat del vent i la llibertat no camina.
La Banda Trapera del Río, “Ciutat Podrida”

El Raval es el paradigma de barrio de Barcelona. El barrio chino. Con sus virtudes y sus vicios. El Raval son los bulevares sucios, locales de kebabs, vecinos charlando en plena calle, la sonrisa de una prostituta frente la filmoteca, los mil y un negocios producto de la inmigración, las esquinas que huelen a meados, los jóvenes que fuman costo en la plaza, los bares a rebosar. El Raval es, ante todo, un barrio vivo. Y de esto trata esta pequeña guía. Tiene ante usted una resumida compilación de algunos de los locales más vivos del barrio, rebosantes de autenticidad. Ideal para jóvenes y no-tan-jóvenes amantes de la noche, la música y el canallismo. ¡Apresúrese y visítelos! ¡Dese prisa! Aproveche antes de que esta nueva Barcelona, capital de la modernidad y el diseño, los acabe engullendo a todos.

Cañas, vermú y mondadientes

Amanece otro soleado día en Barcelona. ¿Qué mejor que celebrarlo con un vermú y nuestro fast-food patrio, las tapas? Para ello tenemos La Bodega de Frank Peterssein (c/ Bisbe Laguarda, 8) donde puede encontrarse con la fiel parroquia que acude cada día a tomarse sus anchoas, olivas y vermú (unos de los mejores de la ciudad, según dicen). Pero cuidado con Armando, el jefe, ¡suele inventarse los precios según la cara del cliente! Después de la primera degustación les recomiendo seguir con un local 100% de barrio: El Atlanta Futbol Club (Rambla del Raval, 13), posiblemente de los últimos bares ibérico-catalanes que quedan en la zona. Ideal para ver el fútbol y no sentirse solo. Si se aburre de los gritones aficionados siempre puede unirse al fiel grupo de ancianos que juegan a dominó. ¿Lo mejor? La decoración: desde trofeos, hasta un pez globo, incluyendo un botijo con la efigie del golpista teniente coronel Tejero enseñando sus atributos.

raval-canalla-marques2Suba el volumen caballero

Lo del título es un decir, sobre todo por las nuevas leyes de limitación de sonido del Ayuntamiento. Pero aun así no tendrá problema para encontrar algunos garitos donde poder mover el esqueleto y dislocarse la cadera, si hace falta. Los mediodías hay que ir al Makinavaja (c/ Carretes, 51), un bar dedicado al famoso (y chorizo) personaje de cómic de Ivà. El sitio está decorado con varios originales del historietista, y a parte de tomar deliciosas tapas los sábados al mediodía suelen hacer conciertos, sobre todo de flamenco y rock. ¿Qué? ¿Que usted quiere más? No problemo, un poco más abajo puede vivir el canalleo más castizo: El Cangrejo (c/ Montserrat, 9). Todo un superviviente del antiguo barrio chino. Entrar en el local supone una inmersión total en el kitsch más pasado de rosca. No hay que olvidar que fue el hogar de algunas de las drag queens más famosas de Barcelona, como Carmen de Mairena. El show de travestis consta de números de cabaret con canciones pasadas de moda, baile, monólogos salpicados con picantes comentarios donde se burlan de la audiencia. Todo esto amenizado con algunos tragos. Si es usted perspicaz, podrá observar cómo las drag queens vocalizan cada vez menos debido a las copas que se toman entre número y número.

raval-canalla-marques1Dónde tomar la última

Para los más intrépidos amantes de la noche y poco amigos de la cama todavía hay fiesta. Aunque es bien cierto que puede encontrar más oferta de afters en el barri Gòtic, el Raval no carece de los suyos. Si no es muy quisquilloso con la música y la compañía de indeseables puede dirigirse a El Barato (c/ Sant Pacià, 4). Los fines de semana tiene un ambiente más indie y moderno aunque puedes encontrarte cualquier cosa, aunque abunda la electrónica. Cuerpos sudados bailando al son del Dj de turno. Será fácil encontrar diversión, sexo o drogas si es lo que usted se propone. Es de estos antros donde convive todo el mundo, siempre que vaya pasado de vueltas. Puede encontrar desde un policía al lado de un punk, un gay junto a un beato o un tío sucio y harapiento al lado del pijo más cool y trendy. Un consejo: haga lo que haga usted en los lavabos, no tarde demasiado o podría ser puesto de patitas a la calle en menos de lo que canta un gallo. Si es usted más proclive al ambiente más granuja puede ir desfilando rambla abajo, esquivando a los pakistaníes que intentarán vender latas, silbatos o “hashish-marihuana-coca” y las abundantes prostitutas nigerianas. Si está usted entero podrá llegar (reptando, si es necesario) hasta el Kentucky (Arc del Teatre, 11). Con cincuenta años de historia a sus espaldas, este bar ha sido testigo de mil y una historias entre marineros, prostitutas e inmigrantes. Debe su nombre a los marines americanos que venían a gastarse sus recién ganados dólares en los bares portuarios del barrio chino. Todavía conserva este aire que lo hace muy auténtico. Eso sí, vigile con sus pertenencias, no sería la primera vez que vuelan carteras o bolsos. Allí podrá acabar felizmente la noche junto a otros tarambanas, travestis, guiris, raterillos de medio pelo y otra fauna superviviente del ya extinto barrio chino.


Texto y dibujo by El Marquès

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