viento-p

Sinonimia salvaje, polisemia brutal: cómo se explica la independencia según el bando

“Todo lo que ocurre en Cataluña no tiene sentido.” Que no sirva de precedente, pero por una vez entiendo la posición de Rajoy. Y no me refiero a las diferencias semánticas que puedan tener el limpia-inmigrantes Albiol y la CUP, a la que calificó de “partido estrafalario”. Respondió la CUP con un tweet:

En la teoría lingüística el significante es la parte material, la que designa algo, y el significado es lo designado. Por ejemplo, el significante “gato” tiene dos significados: el animal de compañía y la herramienta para levantar objetos pesados. Es una palabra polisémica. El caso contrario sería el de dos significantes para un mismo significado: “marido” y “esposo” para designar al cónyuge de una mujer en la familia tradicional. Los llamamos sinónimos. Veamos un ejemplo político en la actualidad.

En este país (¿Cataluña? ¿España? Oh, Dios, qué más da) nos enfrentamos a una realidad en la que se utilizan, principalmente, dos tipos de diccionarios: el diccionario independentista de JxS y la CUP, y el diccionario unionista de Ciutadans, PSOE y PP. ¿Qué es “Cataluña”? Según el diccionario independentista es una “nación” (milenaria, cómo no), pero según el diccionario unionista es una “comunidad autónoma” fruto de la Constitución del 78 (que muchos de ellos se negaron a apoyar, mira por dónde). ¿Qué es “España”? Para los independentistas sencillamente no existe: es el Estado español. Para los unionistas es la “nación más antigua de Europa” (y seguramente también de la Vía Láctea, don Mariano). ¿Qué ocurrió el 9N? Según los primeros fue una “consulta democrática” pero para los segundos fue un “simulacro electoral” o un “acto de propaganda política”. ¿El 27S? Para unos fueron unas determinantes “elecciones plebiscitarias” y para los otros unas prosaicas “elecciones autonómicas”.

Y ahora, ¿qué está sucediendo? El sintagma predilecto del independentismo siempre incluye “proceso”, al que añaden “de independencia”, o “soberanista”, o incluso lo llaman “proceso democrático unilateral” o directamente “desconexión”. Pero para los unionistas es un “desafío separatista”, un “proyecto secesionista”, una “ruptura” o, indistintamente, una “broma” o un “drama”.

La realidad no es un significado cualquiera a la que se le pueda atribuir un significante preciso e inamovible. Es normal que haya diferencias en la percepción, pero algo está ocurriendo cuando estas diferencias son cada vez más insalvables. “Los acuerdos inconscientes sobre el léxico suelen servir como termómetro para analizar las posibilidades de un consenso. Por el contrario, las divergencias en el vocabulario preludian siempre el conflicto”, escribió Alex Grijelmo (El País, 15 de noviembre de 2015).

En este caso, estamos hablando más bien de desacuerdos conscientes, o de una sinonimia salvaje, y lo que parece obvio es que si las dos partes no se pueden poner de acuerdo en denominar la realidad difícilmente podrán llegar a un acuerdo sobre ella. Porque incluso cuando aciertan a decir las mismas palabras (significantes) al ciudadano le aborda una polisemia brutal: ¿Qué significa “sentido común” cuando lo dice Pablo Iglesias o cuando lo dice Mariano Rajoy? ¿Y qué significa que Mas y Rajoy ofrezcan “diálogo” y siempre estén dispuestos a hablar, si en realidad es lo único que no hacen? En fin, cuando dicen la misma palabra se refieren a cosas contrarias, y cuando se refieren a la misma cosa, la nombran con palabras opuestas. A ver quién se aclara.

More from Alfonso Barguñó

La nomenklatura definitiva

Se congratulaba Núria de Gispert, presidenta del Parlament, de que Convergència no...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *