Solar de la discordia: La edificación que no fue

Hace un par de meses, en camino a mi coworking, vi cómo unos operarios limpiaban un solar entre medianeras que llevaba años —casi una década— vacío y que, durante este periodo, un colectivo de vecinos jardineros había convertido en un hermoso huerto urbano. El solar se había quedado vacío por culpa del derribo de un edificio antiguo en estado ruinoso, como tanto pasa, desgraciadamente (el artículo de Esperanza Escribano en BCN Més #59 lo describe con más detalle). Al ver cómo sacaban absolutamente todo con una excavadora, incluso árboles, intuí que se iba finalmente a iniciar la reconstrucción de las viviendas que desaparecieron ahí en su día.

En esta ciudad hacen falta viviendas, y es siempre preferible construirlas en los vacíos urbanos antes que en la periferia (o cubriendo las Rondas como a alguien se le ha llegado a ocurrir). De este modo se restituye el tejido urbano dañado por derribos, consolidando la ciudad, y se aprovechan infraestructuras existentes en lugar de pavimentar zonas rurales.

El huerto que ocupó este lugar, levantado durante años con esfuerzo y cariño, estuvo abierto a los vecinos todos los domingos. Se hicieron comidas, música y talleres de arte urbano. Nada ofensivo. Mil veces preferible la apropiación de solares para huertos a que estos se llenen de basura y ratas. Zaragoza —con su “Tubo” hecho picadillo— ha sabido sacar partido a sus vacíos urbanos con el programa Estonoesunsolar, una iniciativa de la arquitecta Patrizia di Monte y el ayuntamiento en la cual han participado propietarios y ciudadanos, y que ha sido copy-pasted en Barcelona bajo el nombre Pla BUITS, pero no en este solar.

Hace unos años, en el curso que imparto de proyectos de arquitectura, les di a mis alumnos una serie de 20 solares vacíos en Ciutat Vella para que proyectaran viviendas en ellos. Hasta aquí nada nuevo. Lo que también les pedí fue asignarles un uso temporal hasta que se construyesen sus hipotéticas viviendas, teniendo en consideración carencias existentes en los barrios. La carencia más evidente en cascos antiguos es espacio verde, y curiosamente casi todos los proyectos acababan trasladando los huertos temporales que proponían a los terrados de sus viviendas.

Sí, hacen falta espacios verdes, pero un solar vacío entre medianeras de cinco plantas no es el lugar óptimo para ello. Mientras no se construya un hotel o una finca dedicada exclusivamente a pisos turísticos, es preferible la edificación. Incluso si son pisos de alto standing: Los barrios donde se mezclan las clases —donde hay diversidad— siempre son preferibles a los guetos, sean de ricos o pobres. Mejor si evitamos los monocultivos.

Pues, en este caso, menuda decepción. Cuando acabaron de limpiar el solar, los operarios pusieron un candado y se fueron. Meses después de este “desalojo”, aún no se perciben señales de que se vayan a construir viviendas. Que vuelvan los jardineros a apropiarse de este espacio mientras no se construya nada. Esperemos que la próxima vez, los constructores vayan en serio con las viviendas que hacen falta ahí y en tantos otros solares barceloneses. Dejémonos de horteradas.

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