Sólo trueques de lujo

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Podemos contarlo. Y hasta aquí: tal vez lo vieron en los periódicos. En enero, el líder del PP, Alberto Fernández Díaz, convocó a los medios delante del Taller Masriera —esa especie de panteón neoclásico que hay en el carrer Bailén— para comunicarles que la ciudad lo recuperaba en forma de equipamiento público. El fondo de inversión KKH Property Investors, con sede en Luxemburgo, lo había comprado en diciembre por 8 millones de euros y cedido al Ayuntamiento. Sí, un acto de altruismo puro desde un paradisíaco entorno fiscal.

La Fundació Pere Relats, que se dedica a la asistencia a ancianos, es propietaria del edificio desde 2009, cuando se lo donó una entidad religiosa. Pero la fundación no podía hacer nada con él por falta de fondos y tampoco se puede modificar porque está protegido como bien de interés local. ¿Se equivocó KKH? ¿Se les fue la olla y pensaron en devolver a la humanidad algo de bien? Quizá practicaban eso de la responsabilidad social corporativa. Pero nada más lejos de la realidad: la zona tiene calificación de edificabilidad y cuenta con 4.736 metros cuadrados, pero, ¿para qué los quiere si no puede poner ni una sola piedra?

trueques-lujo-dRebobinemos. Más o menos, hasta los tiempos del trueque. KKH irrumpió en Barcelona a golpe de talonario en 2013. Hasta ahora se ha dedicado a comprar edificios emblemáticos y transformarlos en hoteles de lujo, entre ellos, la sede de l’Agrupació Mútua en Gran Via. También tiene el edificio donde trabaja el despacho de abogados Cuatrecasas. Y en 2014 se hizo con la torre del Deutsche Bank, por 95 millones de euros, con la misma intención de convertirlo en un todoterreno de la burbuja turística: complejo hotelero y zona comercial. Ambos de lujo, evidentemente.

Pero incluso la torre se les quedaba pequeña. Haciendo cálculos, les pareció que para rentabilizar la inversión necesitaban más habitaciones. Y he aquí el proyecto que desvelaba la revista Carrer: “Esdevé imprescindible revisar a l’alça la superfície construïda, per planta i global”. Es decir, es muy necesario añadirle plantas para que el lujo sea de un standing aún más alto. Concretamente 10 más, hasta los 100 metros. Pero ¿de dónde se sacan los metros de edificabilidad que necesitan para ello? ¡Tracatrá! Nada por aquí, nada por allí, tú me das los metros del taller que te he regalado y yo me los llevo a mi humilde morada para ricos. Trueque puro, transferencia de aire. El Ayuntamiento autorizó la operación con el apoyo del PP y sólo tuvo la oposición de ICV.

A la caza del rico metro cuadrado, KKH siguió buscando otra entidad a la que comprarle un poco más de espacio, porque con casi 5.000 no bastaba, había que redondear. Y los encontró en los Lluïsos de Gràcia, que tenían un local de 398 metros cuadrados en el barrio. Su presidente, Oriol Hosta, reconocía en Carrer que ya intentaron vender la edificabilidad en plena crisis porque andaban flojos de subvenciones públicas, pero en aquel momento el Ayuntamiento les dijo que era imposible: no hay un mercado público de traspaso de metros cuadrados. Pero fíjate tú por dónde, hace unos meses, el propio teniente de alcalde, Antoni Vives, les comentó en una reunión que un comprador buscaba unos cuantos metros por ahí. Al más puro estilo caciquil. Por 800.000€, KKH se hizo con los metros que le faltaban para cuadrar el círculo.

Acostumbrados a un país que deja todo para mañana, las prisas del paraíso fiscal llaman poderosamente la atención. Y no sólo porque en el norte sean más de hoy, es que también leen periódicos: las elecciones están a la vuelta de la esquina y una operación así, legal pero de dudoso talante democrático, sólo cabe bajo la amable mirada de Trias. Sí, lo que podemos es contarlo. Tal vez en otros tiempos de menor tráfico aéreo, hubiéramos podido volar más allá.

Si quieres más corruptelas urbanísticas, léelas en A Ladrillazos

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