Subcultura {reportaje}

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By Iván Cuadros

 

Nos han dicho: “Es muy complicado”, “No entenderéis nada”, “Deberían dar una subvención para pedir subvenciones, te lo digo”. Y otras advertencias por el estilo: tenían razón. Pero hemos seguido. Todo tipo de asociaciones, salas de música y teatro, espacios de creación y festivales deben sumergirse cada año en una maraña de papeleo para lograr alguna de las subvenciones que, con dinero público, se otorgan a diferentes entidades para que promuevan la cultura en Barcelona. El mundo de las ayudas públicas se rige por parámetros insospechados —a veces arbitrarios, a veces desconcertantes—, reglamentos con letra minúscula y vocabulario técnico, denegaciones, alegaciones e incluso fórmulas matemáticas. ¿Para qué dan subvenciones? ¿Quién y cómo las decide? ¿Se hace con independencia y transparencia?

En BCN Més nos hemos puesto las gafas de bucear, los patos y el tubo y nos hemos adentrado en unas aguas no siempre del todo claras para desentrañar el funcionamiento de una de estas instituciones clave: el Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB). Llevamos semanas bajo el agua, tenemos la piel entumecida y empezamos a parecernos a los palmípedos, pero atención: si quieres saber cómo se utiliza el dinero público que se destina a la cultura en nuestra ciudad, ponte el bañador y sigue leyendo.

Si algo nos ha quedado claro es que muchos no logran una subvención y algunos pocos las obtienen con asombrosa facilidad (y cantidad), como si a base de estar en el agua y codearse con los peces gordos (¿peces gordos?, quiero decir tiburones) les hubieran salido branquias. En 2014, dos festivales —adivina: Primavera Sound y Sónar— se llevaron el 30% del presupuesto total de subvenciones para programación musical, y dos salas —sí, has dado en el clavo: Sala Apolo y Razzmatazz— el 98,6% de las subvenciones para reformas en salas de música. Por cierto, el mismo escualo, Alberto Guijarro, es director del Primavera Sound y director artístico de la Sala Apolo. Qué cosas, ¿no?

 

El ICUB: la brújula de las subvenciones

El ICUB fue creado en 1996 y es el órgano único de todas las funciones municipales en materia de cultura. Es decir, en la ciudad de Barcelona, es quien da la pasta. En 2013, contó con un presupuesto de 6,2 millones de euros para subvenciones, y se basa en un modelo híbrido que conjuga las funciones ejecutivas con las consultivas, de forma que se diferencia del modelo anglosajón (plenamente ejecutivo) o del modelo holandés (meramente consultivo). Esta es la teoría porque en la práctica la consulta, la decisión y la recepción de subvenciones está más unida de lo que nos pretenden hacer ver con la retahíla de principios sobre autonomía e independencia. Pero esto lo veremos más adelante.

¿Qué subvenciones otorga el ICUB? Hay dos opciones: a) para sufragar gastos de inversión en los locales (2,5 millones en 2013) y b) para contribuir a la programación y funcionamiento ordinario (3,7 millones en 2013). Empieza por tener claro esta primera división antes de meterte en el agua.

 

Subvenciones para inmersión (quiero decir, inversión)

Se trata de reformas de accesibilidad, seguridad, insonorización, o bien dotación técnica de los locales, y pueden recibir estas subvenciones los ateneos, las salas de música, teatro o danza, las librerías y las galerías de arte. Imagina, por ejemplo, que tu local es una pesadilla para las sillas de ruedas, o que tus clientes se lo pasan tan bien y gritan tanto que el vecino está sacándose la licencia de armas. El ICUB sufraga parcialmente (hasta un 60%) las obras que tengas que llevar a cabo para cincelar un paraíso deslizante o cubrir las paredes con material aislante.

Las concede una comisión formada por el presidente del ICUB (hasta las pasadas elecciones, Jaume Ciurana) y seis subordinados (entre ellos, el director de Promoción de Sectores Culturales, Llucià Homs, un pulpo con el don de la ubicuidad).

Un ejemplo: las salas de música en vivo

Respecto a las subvenciones para inversión en salas de música (fig.1), por ejemplo, en 2010 la Sala Apolo recibió 123.117 euros de un presupuesto total para las subvenciones de inversión en salas de música de 200.000 euros (es decir, un 61,5%), o que en 2012 —en 2011 no hubo subvenciones— recibió 60.870, más 13.239, para Apolo 2, de un total de 79.000 (93,7%). Al parecer ninguna otra sala de música de Barcelona necesitó hacer reformas en 2012, o al menos es lo que consideró el ICUB. En 2013, quien se llevó la palma fue Razzmatazz al recibir 301.420 (83%) de un total de 363.000, aunque entre las dos salas de Apolo se llevaron 26.000 euros más. Por último, en 2014, Apolo 2 recibió 19.697 euros (26,6%), y Razzmatazz 53.694 (72%), de un total de 75.000 euros (es decir, entre las dos el 98,6%), y la Sala Apolo 55.804 (25%), de un total de 225.000 euros para espacios de creación (suponemos que la cambiaron de categoría porque si no se les iba del presupuesto).

¿Qué decir acerca de la concesión de estas ayudas que puede solicitar cualquier sala de música o espacio de creación de la ciudad siempre y cuando se ajuste a las bases? Pues que no deja de llamar la atención que dos salas —que sí, que son muy importantes— reciban año tras año unas cantidades tan significativas, mientras otras salas más pequeñas y al margen de los circuitos convencionales se vean obligadas a no programar música o enfrentarse a denuncias por no poder ajustarse a la normativa debido a la falta de ayudas públicas. Sergio Marcovich, responsable de la Asociación Cultural El Arco de la Virgen, que recibió 6.286 euros en 2013 y 4.297 euros en 2014 para hacer reformas en su espacio, afirma lo siguiente: “Ningún local puede cumplir la normativa de seguridad y equipamientos porque es muy complicada y se necesita mucho dinero”. Pero, Sergio, ¿no pides subvenciones? “Hace años que es una frustración continua. Pedimos muy poco porque estamos cansados de no recibir nada.” Pues ya sabes quién lo tiene.

 

Subvenciones para programación: un consejo a la cultura

El ICUB también aporta subvenciones (un máximo del 50%) para que los diferentes equipamientos culturales puedan abrir la persiana y no dejen morir de inanición a los que dan el espectáculo (ya sean artistas visuales o escénicos, músicos en directo, cineastas, bailarines, poetas, científicos, etc.).

En este caso, las decide la Comisión de Ayudas del Consejo de Cultura, éste último integrado por el Pleno, el Comité Ejecutivo y las Comisiones Delegadas (fig. 2). Prepárate para comprender cómo funciona este organismo —aunque sólo sea para darte cuenta de las capas de autonomía, independencia y delegación aparente con que se reviste el proceso del gasto público— y coge la bombona de oxígeno porque esta vez vamos hacia el abismo.

Dive 1 – El Pleno
El Pleno está compuesto, entre otros —son cuarenta y seis personas—, por el presidente del ICUB, Jaume Ciurana, la vicepresidenta, Montserrat Vendrell, responsables técnicos (entre ellos, Llucià Homs), representantes de los grupos políticos presentes en el Ayuntamiento, representantes de entidades culturales de la ciudad y una categoría harto ambigua, “Personas de reconocido valor”.

Dive 2 – El Comité Ejecutivo & la Comisión de Ayudas
El Pleno eligió a Toni Casares (director de la Sala Beckett), Miquel Cabal (codirector del Heliogàbal), Xavier Cordomí (experto en cultura popular de raíz tradicional), Daniel Giralt-Miracle (crítico e historiador de arte), Elena Subirà (productora ejecutiva del Festival DocsBarcelona), Meritxell Inaraja (arquitecta) y Montserrat Vendrell (directora del Biocat) para formar el Consejo Ejecutivo. Entre sus funciones, está “participar en la destinación de las subvenciones del ámbito de cultura, en el marco de la normativa de subvenciones del Ayuntamiento de Barcelona” y su papel es designar a cinco miembros de la Comisión de Ayudas, que además está compuesta por los ya conocidos Jaume Ciurana y sus seis subordinados (entre los cuales, cómo no, Llucià Homs). Desde 2009, y “para no desresponsabilizarse de la toma de decisiones” (según fuentes del Consejo de Cultura) los cinco miembros que designa el Consejo Ejecutivo para la Comisión de Ayudas pertenecen a este mismo Consejo. Nos marea este apunte del Consejo de Cultura: ¿quiere decir que antes de 2009 los responsables de la toma de decisiones se desresponsabilizaban de la toma de decisiones? Esto parece un pez que se muerde la boca.

Dive 3 – Comisiones Delegadas
Por último, tenemos las Comisiones Delegadas, “creadas por iniciativa del Pleno del Consejo, están abiertas a la participación de todas aquellas personas que, a título individual o en representación de asociaciones, colectivos o empresas, están directamente relacionadas con su ámbito temático o sectorial”. Estas Comisiones (de Danza, Música, Festivales, Cine, Letras…) son consultivas y se presentan como un punto de encuentro para tomarle el pulso al sector. No deciden nada. Espera, repito: no deciden nada. Pues sigue leyendo.

 

Indecisión en la Comisión

Las Comisiones Delegadas no deciden nada, y menos en lo que respecta a subvenciones, porque como ya hemos apuntado son un órgano de consulta. Pero las aguas bajan revueltas y algunos de los miembros de estas comisiones reciben, a su vez, subvenciones. Son cosas que pueden ocurrir, al fin y al cabo estamos hablando de profesionales del sector. Pero, ¿cuánto puede ocurrir?
Tomemos la Comisión de Festivales. A la derecha detallamos los integrantes, el festival para el que trabajan, y las subvenciones que ha recibido el festival en cuestión (fig. 3)

De once personas que trabajan en festivales susceptibles de recibir subvención (porque el Festival Grec y las Festes de la Mercè no reciben este tipo de subvención, y Future Places es una empresa de marketing que, precisamente, ha acuñado el “Barcelona, ciudad de festivales”), la han recibido diez personas en los últimos tres años. Un 90.9% de los integrantes. No está mal por no decidir nada. Y aunque la Comisión de Festivales es el más exagerado, no es un caso aislado.

Nos pusimos en contacto con el ICUB vía correo electrónico para señalarles esta coincidencia anómala (como si hubiera aparecido un calamar gigante), y esto fue lo que respondieron:
“Respecto a la comisiones:
—Son un espacio de reflexión y diálogo con personas del sector cultural, y sus miembros forman parte de las mismas por el alcance y la trayectoria de los proyectos que organizan.
—Estas comisiones se producen de manera esporádica (son anuales o bianuales, tienen periodicidad diferente) y se discuten cuestiones generales sobre el estado del sector concreto al que pertenecen.
—En cualquier caso, NO HAY NINGUNA RELACIÓN ENTRE ESTAS COMISIONES Y LA OTORGACIÓN DE SUBVENCIONES, no es su función.
—La creación del Consejo de Cultura es un órgano relativamente joven, creado por petición del sector cultural y articulado desde el consenso, y muchas de estas personas que mencionáis realizan su actividad desde muchísimo antes.”
Las mayúsculas lo dicen todo. Pero vamos a seguir con los números.

En la Comisión de Teatro (en la que también está Llucià Homs), compuesta por catorce personas pero de las que sólo ocho son susceptibles de que el lugar en el que trabajan reciba una subvención, la reciben seis (75%). Y en la Comisión de Música (sí, los tentáculos de Homs también llegan hasta aquí), la reciben seis de diez (60%). Si además se nos ocurre sumar las cantidades que se otorga a las empresas para las que trabajan los miembros de las comisiones en un año (2013) y sector (festivales de música), nos aparece lo siguiente:

Gràcia Territori Sonor (25.000) + Cruïlla (25.000) + Festival Internacional de Jazz (73.000) + Guitar Fest (14.000) + Connexions (47.000) + Festival de Flamenco (48.000) + Sónar (150.000) + Primavera Sound (150.000) = 532.000 euros.

Casi el 50% exacto del presupuesto global del ICUB para subvenciones dedicadas a la música (1.069.000 euros en 2013). Ahí es nada. De forma que las Comisiones Delegadas no deciden nada sobre el papel, pero es obvio que existe una relación entre estar en una comisión y recibir una subvención: será una relación afectiva, amistosa, esporádica o incluso una relación interesada. Pero existe.

 

¿A cuántos metros estamos? Otros secretos de la Comisión de Ayudas

No sólo de festivales vive el hombre cultural: también vive de conciertos y obras de teatros ordinarias. ¿Sabes cómo decide la Comisión de Ayudas las subvenciones que debe destinar a la programación de las salas de teatro y de música? Con una fórmula matemática. Para “objetivar sus decisiones” (son las palabras que utilizó la fuente del Consejo de Cultura), a principios de los años 2000 pactaron con las salas de teatro una ecuación que eximía a la Comisión de Ayudas de ocuparse de algo tan tedioso como decidir cuánto dinero le daban a cada sala de teatro. La abulia fue aumentando y en 2009 también aplicaron la fórmula (fig. 4) para la salas de música, una obra de arte contemporáneo, como puedes ver. Pero entre los diferentes índices que aplican —Índice de no ocupación (14%), Índice de espectadores (6%), Índice del coste de la butaca (4%), Índice del precio de la entrada (3%), Índice del peso de las subvenciones (3%), Índice del número de espectáculos (3,5%), Índice de la programación de danza (3,5%)—, resaltan el Índice de la producción de espectáculos (28%) y el Índice de calidad de la programación (35%), el porcentaje más importante, que se rige por los valores de… ¿coherencia, riesgo, singularidad y hecho en Barcelona? ¿Cómo? ¿Qué hay de objetivo en el riesgo y la singularidad? ¿Toda esta amalgama de signos matemáticos para que todo dependa de si puedes producir tus espectáculos y de si estos son suficientemente coherentes, arriesgados, singulares y hechos en Barcelona? Parece una broma: o bien la Comisión es un fraude porque podrían utilizar una calculadora o bien, y esto es lo que nos parece, esto no es nada objetivo. Y es que no tiene que serlo: la decisión debería ser estética, musical, literaria, teatral, incluso política. Cualquier cosa antes que dejar que las subvenciones para programación de las salas de teatro y música de la ciudad dependan de una fórmula matemática que alguien hizo en su momento para que, eso sí, las ayudas se mantengan constantes en teatros como la Sala Beckett o el Romea.

 

No le preguntes a un tiburón si tiene hambre

Además, hay, como mínimo, dos casos en los que debería existir un régimen de incompatibilidad para que aquel que “participa” (esta es la palabra que utiliza el ICUB) en la concesión de subvenciones no sea, a la vez, quien la reciba. Se trata de Elena Subirà, productora ejecutiva de DocsBarcelona, y de Miquel Cabal, codirector del Heliogàbal, que forman parte del Comité Ejecutivo y de la Comisión de Ayudas. DocsBarcelona recibió 50.000 euros en 2013 y 54.000 en 2014 para el funcionamiento ordinario y la programación. Y Heliogàbal recibió 3.000 y 4.000 en 2013 y 2014 para celebrar el Trimestre de poesía, y, al menos en 2014, 5.000 euros más para el Festigàbal. De modo que fue necesario dirigirse de nuevo al ICUB, porque nos parecía significativo (eufemismo para decir “inaceptable”) que alguien pudiera decidir el destino de una subvención que, en mayor o menor medida, recibía la entidad para la que trabajaba. Esta fue la respuesta de nuestro interlocutor en el ICUB (que, por cierto, no quiso aparecer nombrado):

“Respecto a la formación del Comité Ejecutivo:
—Son personas externas al Ayuntamiento, y son nombradas desde el consenso entre el Ayuntamiento y el Ple del Consejo de Cultura.
—Las personas que forman parte del Comité Ejecutivo están vinculadas al sector cultural o científico y, efectivamente, algunas de las entidades en las que trabajan reciben subvención, como tantas otras entidades o empresas. De hecho, las recibían desde bastante antes de formar parte del Comité Ejecutivo. En este sentido, no hay incompatibilidades. Cuando se analizan sus respectivos proyectos, estas personas abandonan el espacio donde se delibera sobre su subvención.”
Si no hay incompatibilidades, ¿por qué “abandonan el espacio donde se delibera sobre su subvención”? O, que hayas recibido la subvención desde bastante antes, ¿te convierte en “compatible” para otorgarte subvenciones?

Las cantidades que reciben Heliogàbal y DocsBarcelona no son desproporcionadas si las comparamos con las que reciben otras salas o eventos del sector. Y no hace falta decir que lo que programan Heliogàbal y DocsBarcelona nos parece de primer orden. Pero esto no tiene nada que ver: lo que se dirime aquí es una cuestión de funcionamiento. Hay, por lo tanto, al menos dos puntos que se tendrían que revisar, concretamente respecto a las subvenciones a Festigàbal y DocsBarcelona, puesto que además no dependen de la enrevesada fórmula matemática que les exime de responsabilidad.

Por un lado, no es ética ni estéticamente aceptable (además de ser bueno, hay que parecerlo, sobre todo en las instituciones públicas donde uno está expuesto al escrutinio de la ciudadanía) que quien está en un Comité Ejecutivo, entre cuyas funciones se encuentra la de participar y decidir en la concesión de subvenciones, reciba estas mismas subvenciones. Todavía más censurable es que forme parte de la Comisión de Ayudas. Por otro lado, las Comisiones Delegadas de Música, Festivales o Teatro, están compuestas mayoritariamente por directores de salas o festivales, y sorprende el número tan reducido de profesionales no susceptibles de recibir subvención, como podrían ser críticos de arte, teatro o literatura, profesores o autores, dado que en el caso del Comité Ejecutivo y las Comisiones Delegadas lo que está en juego son los contenidos. En un ámbito tan endogámico como éste, en el que las relaciones entre el Ayuntamiento y el Consejo de Cultura son tan estrechas, se deberían adoptar medidas para evitar tanto la tutela política de la cultura como el clientelismo. Ya es hora de emerger a la superficie.

 

Descompresión: en la cuerda floja de las instituciones

Ahora bien, entre las salas de teatro que reciben subvenciones y cuyos directores están en una Comisión Delegada hay casos en los que, tanto por la trayectoria como por la línea de su programación, el dirigismo o el favoritismo parecen estar fuera de cuestión. No es lo mismo lo que uno va a ver en el Teatre Nacional de Catalunya o en la Sala Beckett, que lo que se programa en Antic Teatre o en Conservas, dirigidas respectivamente estas últimas por Semolinika Tomic y Simona Levi, ambas también presentes en la Comisión de Teatro, y cuyas salas recibieron 46.000 y 47.000 euros en 2013, y 42.000 y 48.000 euros en 2014.

Elisabeth Ruiz, encargada de la coordinación y la gestión de Antic Teatre, aseguró a BCN Més que la capacidad de influencia de estas Comisiones Delegadas es muy reducida, tanto en un sentido como en otro: “Nunca hemos recibido presión por parte de las instituciones para programar una cosa u otra. Al contrario”. Reconoce que sin la buena disposición del Ayuntamiento a día de hoy Antic Teatre no existiría, y eso es un punto para el consistorio, a pesar de que en el balance general siga en números rojos. Ahora bien, no ignora la importancia de estas relaciones: “Es imprescindible formar parte de las instituciones para recibir subvenciones”, y muestra sorpresa al saber que un integrante del Comité Ejecutivo pueda recibir una subvención “aunque abandone el espacio donde se delibera sobre su subvención”, según la expresión del ICUB.

 

Donde hay patrón, no manda marinero

El ICUB, a pesar de mostrar una complicada estructura que debería conferirle independencia y autonomía, ha acabado cayendo en la endogamia: las relaciones que se establecen en este organismo tienden a anquilosar su funcionamiento, con mayor o menor interés. Bani Brusadin, responsable del festival The Influencers que recibió 3.000 euros en 2013 y 4.000 en 2014, lo tiene claro: “Una vez aprobado un proyecto recibirá, casi con toda seguridad, subvenciones en los sucesivos años. Nosotros siempre recibimos lo mismo, sin importar cómo presentemos nuestra propuesta. Para bien y para mal”. Algo que es positivo para dar continuidad impide a su vez que otros proyectos puedan beneficiarse de las subvenciones porque les barra el paso. El agua, por lo tanto, se queda estancada.
Además, es una institución que adolece de un centralismo muy marcado: si habéis prestado atención, os habréis fijado que las figuras del Gran Tiburón Ciurana y el Pulpo Homs están en todos los órganos decisorios y en última instancia todo debe pasar por sus manos. Esto provocó, por ejemplo, una carta de protesta del sector artístico que reprochaba a Ciurana haber nombrado a Homs director del Palau de la Virreina sin concurso público. O que los Premios Ciutat de Barcelona, cuyos jurados elige el Comité Ejecutivo, otorgaran el Premio de Teatro de 2011 a Oriol Broggi (Comisión de Teatro), el de Música de 2012 al Heliogàbal y el de 2013 a la Associació de Sales de Concerts de Catalunya, presidida por Carmen Zapata (Comisión de Música).

Ahora que va a haber un cambio de gobierno en el Ayuntamiento es un buen momento para revisar algunas de las formas de hacer. En declaraciones a La Vanguardia (26.05.2015), Javier Rodrigo, de Barcelona En Comú, aseguró que el ICUB “debería ser un órgano mucho más transversal que favorezca el tejido de base y que conecte con otros ámbitos y áreas que tienen que ver con la calidad de vida de los ciudadanos” y que además contará con participación ciudadana.

Esperemos que todo esto signifique algo y no se quede en mera retórica. Lo esperamos ya en la arena, tomando el sol, frente a un mar que se ha mantenido en aparente calma durante demasiados años. Ya es hora de acabar con esto.

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