Todos lo sabían, nadie hizo nada

Según Ciutat Morta pasa a las páginas del mainstream, vamos conociendo más injusticias del caso y abriendo más los ojos. Que no se trata de nombres, que no fue una casualidad. Que el sistema funciona así. A Rodrigo Lanza, el acusado que cumplió la pena más larga del caso 4F, cuando denunció las torturas, le dieron, mucho tiempo después, 40 fotos tamaño carné, en blanco y negro y mal impresas, para que identificara a los agentes que le habían dado la peor paliza de su vida. Su madre, Marina Huidrobo, contaba cómo un mes después de la paliza, Rodrigo dejó de comer y dormir porque se le habían acabado los analgésicos y los golpes le seguían doliendo. Un mes después.

Por otro lado, La Directa y El Periódico -ponerlos en la misma frase es una noticia que no esperaba hasta el siglo XXII- se hacen eco del testimonio de un exsargento de la Guardia Urbana, José Martínez, jubilado desde 2008, en el que denuncia que las torturas son tratos habituales en el cuerpo. Las UPAS -Unidad de Policías de Administración y Seguridad- se dedican según Martínez a atacar especialmente a indigentes e inmigrantes en Ciutat Vella. UPAS eran Victor Bayona y Bakari Samyang, los dos policías a los que los acusados del 4F denunciaron sin éxito -gracias jueza Carmen García Martínez- y que sí fueron al fin condenados en otro caso, el de Yuri Jardine. Todos lo vieron, todos lo sabían, nadie hizo nada. O nadie pudo hacer nada. ¿Hasta ahora?

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