by Iván Cuadros
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Todos somos hijos de Pujol

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Ilustración: Iván Cuadros

 

Mármoles y amas de casa. Mármoles, porque el hijo de Pujol le colocó a Aena en los años noventa todo el suelo del aeropuerto de Barcelona: 100.000 metros cuadrados de mármol (ah, lo imperecedero, ah, lo eterno). La eternidad, a Aena, le duró 10 años. Por esas mismas fechas, el hijo de Pujol abrió una cuenta en el HSBC de Suiza.

La lista Falciani (y el listo, dice el hondo Gabilondo, que es el banco HSBC) describe brevemente la profesión de sus clientes (sin mucha inquietud, por lo demás). En la ficha del hijo de Pujol aparece: “Economista Director de Finanzas – Sector Explotación del Mármol”. No está mal si tenemos en cuenta cuáles son las profesiones más habituales de quien abre una cuenta en Suiza (por favor, accionen tamboriles y zambombas): en tercer lugar están los “estudiantes” (¿para eso quieren las becas?), en segundo, los “sin profesión”, y el primero es para… (tas tas) “amas de casa” (final splash). Son 7.300 humildes amas de casa que han ahorrado peseta a peseta mientras fregaban suelos de mármol made in Pujol, offshore. Luego resulta que también traficaban con armas, pero, oye, a ver quién tira la primera piedra.

Hablo, por supuesto, de España. Y hablo, cómo no, del hijo de Pujol. Pero es que el hijo de Pujol somos todos: yo también soy el hijo de Pujol. O esto es lo que nos vienen a decir aquellos a los que acusamos de corrupción. Y llegó entonces la comisión (no, no es de pagar) Pujol, y se puso a hablar Artur Mas, el octavo hijo (pero el primero ilegítimo) de Pujol. Marta, deja de fregar y ponte a ver la tele.

“Y respecto al señor de la Rosa, si dice que usted no lo conoce, pues yo tampoco. Pero a lo mejor lo conoce usted más que yo…” Esta coherencia alambicada, esta perla, es obra de nuestro president. Había acusado a Sánchez Camacho de relacionarse con Javier de la Rosa, el “empresario modelo” (Pujol dixit) que estafó una marmolada de millones. Y ella dijo que, bueno, habla que hablarás, tú más. En definitiva: la táctica de defensa no consiste en demostrar la inocencia, sino en demostrar que los otros también son corruptos. Si usted dice que no ha robado nada, pues yo tampoco. Pero a lo mejor ha robado usted más que yo. ¿Que el Partido Popular se financia ilegalmente? Mire usted, dice Montoro, el señor Monedero también defrauda al fisco. Es una justificación cínica y siniestra: no se piensen que aquí hay esperanza.

Pero es una innovación. Hasta ahora los políticos corruptos sencillamente no sabían nada. ¿Qué sabía usted, señor president, de la fortuna que tenía su padre en Lichenstein? “No quise saber nada.” No quiso saber, pero sabía, y no quiso denunciar ni regularizar, y no lo hizo (de hecho, en 2008 dijo que se acababa de enterar de esta cuenta, pero en la comisión “aclaró” que lo sabía desde el principio). ¿Tuvo usted conocimiento de los negocios de los hijos de Pujol? Jamás de los jamases. Pero, ay, inauguró en 2003 el puerto fluvial de Rosario, del que el hijo de Pujol era uno de los principales accionistas. No quise saber, pero supe, y no quise hacer y no hice.

Marta, ponte a fregar porque, de verdad, estos trapos sucios no hay bandera que los tape.

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