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Un palacio para el barrio

Imaginaos que vivís en una ciudad tan próspera que se permite construir un palacio para que los periodistas ejerzan su trabajo durante un evento informativo que durará unas semanas. Nada de pabellones adaptados o sótanos donde sólo se respiran las historietas de la vieja guardia. No es un sueño, es el pasado: para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 se levantó el Palau de la Premsa, un edificio de rollo mudéjar —que para una maña es como una bofetada de Cierzo que la teletransporta a una divertida infancia persiguiendo palomas por la plaza del Pilar disfrazada de baturra. La obra es del arquitecto Pere Domènech i Roura —sí, el hijo de Lluís, el que hizo el Hospital de Sant Pau—, que hizo felices a los cientos de reporteros condenados a cubrir la Expo.

Si hemos llegado a este punto de precarización en el que muchos periodistas son falsos autónomos y otros tantos escriben gratis, os podéis hacer una idea de lo que le pasó al Palau de la Premsa: de sede de la información pasó a serlo de la Guàrdia Urbana, que también lo abandonó. Desde entonces las cosas han ido a molt pitjor porque se frustró el intento de instalar una exposición permanente del Museu de les Arts Escèniques y el espacio se encuentra en una espiral de, degradación constante. Como el periodismo, vaya. Por suerte, ahí están los vecinos para remediarlo.

El Poble Sec es alargado y estrecho como Don Quijote con dos centros cívicos, la Albareda y el Sortidor, en un extremo del barrio y en su centro, respectivamente. Así que desde la plaça Sortidor hasta avinguda Rius i Taulet, no es barrio para el civismo. Los vecinos, agrupados en la Unió de Veïns del Poble Sec y la Coordinadora d’Entitats, han creado una Comisión para exigir que en el otro extremo del barrio haya otro centro. Precisamente, en el abandonado pero recuperable Palau.

Centro a secas, porque si a alguna conclusión han llegado Jordi Goñi y Carles Burgès después de años en pequeñas luchas del Poble Sec, es que hay que ir paso a paso. No nos engañemos, ellos tienen claro que les gustaría un espacio para los más mayores, que perdieron el que tenían en Font Honrada y como señala Carles, “no tienen tiempo que perder”. Pero lo importante para ellos es hacer un trabajo de formiguetes. Primero, que el Ayuntamiento se comprometa a que el equipamiento será para lo que quiera el barrio. Y después, que se decida. Entonces vendrá la lucha libre.

Ahí está el intríngulis. Carles, que ha pasado por numerosos cargos en el barrio, considera que existen varias tribus urbanas. Hay vecinos movilizados en las asociaciones de toda la vida, vecinos que van por libre, los que forman el Ateneu La Base y después lo que él denomina “antisistema con los que no se puede hablar”. Poner de acuerdo a toda esta amalgama pinta difícil, pero si algo enseñan los tiempos que corren es que ahora toca pacto, pacto y pacto.

Las vibraciones son buenas. Durante la campaña ya consiguieron obtener el compromiso de todos los partidos acercándose a ellos amigablemente. Llegaron incluso a organizar una pacífica reunión en la que todos dieron el sí. Bueno, no todos exactamente. Ciutadans no se arriesgó con el sí definitivo porque a esa cita acudió uno de los últimos candidatos de la lista por Barcelona, que no se vio capacitado para dar la palabra en nombre de todo el partido.

Hace poco, un medio de la semicaverna publicaba un artículo que titulaba ¿Qué hay de lo nuestro, Colau? en el que enumeraba todas las peticiones de las entidades que han apoyado a BComú y se preguntaba si sería capaz de responder a todas ellas. El Palau será un punto más y lo miraremos de cerca, que aunque no tengamos palacios, los periodistas también salimos del sótano.

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