Upper Diagonal | Exclusividad brutal

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Mucho hemos hablado sobre los hábitos, cultura y ética de la vida en el Upper Diagonal. Arbustos aromáticos, longevidad cuasi élfica, transportes blindados y una sensibilidad especial por el arte. Se ha descrito también los procesos de socialización, transcurso temporal en el cual el ego del homo Upperdiagonaler se construye con tanta fiereza que eventualmente sustituye la esencia del sujeto. Tenemos el “qué” y tenemos el “cómo”. Nos falta saber el “dónde”.

Un último apunte antes de abrir el melón. Los siguientes ejemplos no simbolizan únicamente dos caras de una misma moneda, sino que nos traslada a una lucha falsamente antagónica de identidades políticas: aquella que esconde el “misal” en la biblioteca del capellán, y la que tiñe de negro tarjetas de crédito para profanar todos los principios morales reclamados como justos.

Bienvenidos, pues a aquellos “Clubs” que no hace falta que se llamen a ellos mismos “més que un Club” porque ya saben que lo son. Hablamos del Real Club Tenis Barcelona y el Real Club de Polo de Barcelona. El primero, situado en el corazón del barrio de Pedralbes, en la calle de Bosch i Gimpera, bebe de aquella élite catalana que se identificaba en lo estético con la jet-set de París, pero que tenía unos lazos de adamantium con la sangre azul de la meseta. No por menos es el ilustre hogar de acogida del Torneo Conde de Godó, en cuyo Village se pasean con asiduidad tanto el presidente del Gobierno como el Jefe del Estado. El Real Club Tenis Barcelona no decepciona, cumple con los significantes de aquella clase social que se presume ilustrada y con clase.

Luego está el llamado simple y llanamente como “el Polo”. Es un club tan exclusivo que puede permitirse el lujo de estar por debajo de la Diagonal.

Luego está el llamado simple y llanamente como “el Polo”. Es un club tan exclusivo que puede permitirse el lujo de estar por debajo de la Diagonal. No importa. Tras cruzar las puertas doradas del recinto (previa autorización de un dispositivo de seguridad y antipobreza), un mar de coches de lujo te teletransportan automáticamente a una autopista de Dubái. Hay más Lamborghinis en el Polo que en toda Barcelona. El club cuenta con más de 40 pistas de tenis, varios campos de fútbol, pistas de pádel y, por supuesto, campos de hípica.

Dicen que con 6 grados de separación se alcanza a cualquier persona del mundo. Bien, eso es cierto a excepción de los jugadores de Polo, que habitan en cúpulas auto-oxigenadas en dimensiones paralelas. A diferencia del Real Club Tenis Barcelona, los habitantes del Polo no destilan el mismo savoir-faire aburguesado y pseudointelectual. Ellos no esconden los misales. Los cogen y se los incrustan como escudo en sus polos camisas rosáceas.

Ambos clubes, en el fondo, forman parte de la misma moneda. Es posible que un ciudadano común, del vulgo de toda la vida, no perciba diferencia alguna. Hará bien porque los percibirá directamente como son, Upperdiagonalers. Pero los dos grandes clubes Upperdiagonalers de la ciudad mantendrán una lucha eterna para diferenciarse el uno del otro, por miedo, quizá, de que se den cuenta de que son lo mismo.

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