Entras a la típica tienda de una típica calle comercial y te preguntas si todo ese mensaje de ropa sostenible es cierto o es sólo más greenwashing. O te preguntas si esta gran marca lo hace, al menos, mejor que aquella, pero no tienes respuesta ni idea de dónde buscarla. Pues ahora sí, tu app se llama Good On You.

Puedes buscar una marca y ver su valoración, que va desde “estupendo” a “la evitamos”, y se obtiene evaluando el impacto en las personas, el planeta y los animales. Porque el 100% sostenible es muy difícil sin que los precios se suban por las paredes y con esta vida capitalista, ¿quién tiene tiempo de mirar si esta marca es un poco mejor que esta otra a nivel ético? Unas respetan al planeta pero violan los derechos humanos de los trabajadores, otras los tratan bien pero contaminan que da gusto… Uf.

Hablamos con Gordon Renouf, cofundador de Good On You (goodonyou.eco) para que nos explique cómo funciona. Spoiler: de Zara dice que “no está tomando las medidas adecuadas para garantizar el pago de un salario digno a sus trabajadores” y de H&M que “publica información detallada sobre sus proveedores y políticas de la cadena de suministro, pero crea productos de moda rápida y de corta duración”.



¿En qué momento te diste cuenta de la necesidad de una industria de la moda sostenible?

Comenzamos a explorar la idea que se convirtió en Good On You en 2013: estábamos ansiosos por ayudar a los compradores a tomar decisiones sostenibles lo más fácilmente posible en todos los campos. Pero ese año, el desastre de Rana Plaza mató a más de 1.000 trabajadores en una fábrica de Bangladesh que fabricaba ropa para marcas europeas y estadounidenses. Comenzamos Good On You porque sabemos que cada vez más personas quieren hacer algo para garantizar una industria de la moda que trate a las personas de manera justa y evite daños al medio ambiente y a los animales.

¿Cómo funciona la app?

Las calificaciones Good On You te dan el poder para tomar mejores decisiones cuando compras. Hemos hecho el trabajo de investigar a las marcas por ti. Nuestras fuentes de datos clave son informes de marca y de la empresa matriz, índices sólidos como el Fashion Transparency Index, y certificaciones independientes, acreditaciones y otros sistemas basados ​​en estándares (Comercio Justo, Cradle to Cradle, OEKO-TEX STeP y el Estándar Global de Textiles Orgánicos).

Nuestro sistema agrega estándares de la industria, certificaciones y datos de la empresa pública en una puntuación simple de 5 puntos. Hay literalmente cientos de estándares diferentes para la sostenibilidad, que pueden ser realmente complejos y confusos. Desde el comercio justo hasta los textiles orgánicos: lo reunimos todo en un solo lugar para los compradores.

Trabajáis con la idea de la capacidad individual para elegir, ¿es porque al no existir una regulación que obligue a la industria de la moda a ser sostenible la responsabilidad de cada uno es la única manera?

¡Esa no es la única razón! Los consumidores tienen derecho a consumir de forma responsable y a emprender acciones positivas para crear el mundo en el que quieren vivir. Para ello, necesitan un fácil acceso a información relevante y fácil de usar sobre qué marcas y productos son más sostenibles para poder elegir lo más ético y sostenible.

Y más allá de eso, no deberíamos suponer que se puede lograr fácilmente una regulación adecuada y eficaz. Si ni siquiera es posible en Europa, mucho menos en otros lugares. Somos tanto consumidores como ciudadanos y cuanto más aprendamos sobre sostenibilidad, más aprenderemos a comportarnos como consumidores responsables. Si actuamos de acuerdo con lo que sabemos, más probabilidades tenemos de acabar votando a políticos que compartan esos valores y apoyen una regulación adecuada.

Además, la regulación puede ser buena para prohibir las peores prácticas, pero rara vez es buena para promover las mejores. Una excepción puede ser el tipo de regulación que empodera a las personas para crear cambios, ya sea protegiendo a los trabajadores mediante el derecho a sindicalizarse o empoderando a los consumidores al exigir transparencia e intercambio de datos.

Así que sí, nos enfocamos en empoderar a los consumidores para que puedan llevar la información sobre sostenibilidad a sus elecciones diarias de la manera más fácil posible. Al mismo tiempo, enviamos un mensaje a las marcas para que lo hagan mejor y permitimos a los consumidores que se comprometan con la sostenibilidad cuando compran, no solo cuando votan.

Después de analizar la moda en todo el mundo, ¿hay algún país que sea ejemplo de cómo debería funcionar la industria de la moda?

Ningún país es un ejemplo perfecto. Un país ideal debería abordar los estándares laborales y ambientales tanto para la producción local como para sus importaciones, crear incentivos para evitar el desperdicio y promover la circularidad evitando las peores formas de marketing.

El Consejo Sindical Internacional clasifica a los países según su violación de las normas laborales y los mejores son 11 países europeos y Uruguay. Es un buen comienzo para aplicarlo a la industria de la moda, pero sabemos que gran parte de la producción, también europea, se subcontrata a países con estándares mucho más bajos. Hay puntos de referencia para el impacto ambiental general, pero no conozco ninguno que aborde los problemas particulares de la industria de la moda en toda su cadena de suministro que suele además implicar a varios países.

No hay consenso sobre qué significa “moda sostenible”, ¿qué definición darías tú?

En 1987, la ONU definió la sostenibilidad como “un desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

Entonces, la moda sostenible significa pensar en cómo equilibrar las necesidades del presente y las del futuro a la hora de diseñar, fabricar y consumir ropa. Significa trabajar para evitar el agotamiento de los recursos naturales, pero también la explotación de personas y comunidades.

Ser sostenible también significa mantener este equilibrio en el futuro y por tanto, cambiar la producción y consumo de ropa y complementos. Se trata de garantizar que la industria de la moda genere bienes y evite daños para las personas, el planeta o los animales. O preferiblemente, ¡para los tres!