arroz negro 009

el visitante:// 1) Fui a la Pasarela porque me convencieron de que es un sitio ideal para hacer garabatos en los bancos de madera. El camino serpentea entre dunas cubiertas de cactus llenos de chumbos, y árboles con hojas de aguja que tienden a inclinarse al paso de los habitantes del pueblo. El suelo de la Pasarela, construido en pino, ofrece seguridad en medio de la naturaleza, conecta con el paseo marítimo, con la civilización. Para no perderse, es aconsejable no apartarse de él.

 

Yo necesitaba soledad para dejar mi poema escrito en alguno de esos troncos dispuestos a modo de apoyo para el caminante. Escogí el anochecer de un martes. Era el momento apropiado para regodearme en la naturaleza, sin ser sorprendido como un vándalo. En los quince minutos transcurridos desde mi entrada al bosque me crucé con dos personas corriendo, una oruga y un ciclista. De la izquierda, donde estaban situaban las dunas, me llegaba el sonido de la playa desierta al otro lado. La mezcla de aromas de resina y sal era fragante. Grabé un poema sencillo de tres líneas sobre una tarima que daba al mar, fruto del trabajo de los militares instalados en la base naval cercana. Me dejé llevar por el espectáculo de la caída de la temperatura y la lenta penumbra creciente. No vi camaleones porque era invierno. Tampoco hacía viento. Era un paisaje tan lacónico.

 

2) Me quedé contemplando el final del resplandor diurno desapareciendo detrás del horizonte. Salieron las estrellas de mayor magnitud. La noche iba a ser clara y fría. Me acerqué a beber a una fuente. El ruido del agua deslizándose por el bebedero me dio ganas de orinar. Noté los pasos de alguien a mis espaldas, que se detuvieron al llegar junto a mí. Me giré para cederle el turno para beber. No vi a nadie. Pasó otra bici.

 

La noche se imponía, sutil pero sin permiso. Si miraba atrás, donde había estado hacía tan sólo unos minutos, únicamente podía distinguir los contornos de la Pasarela y un haz de luz lejano recortando las siluetas de los pinos. Me sequé la barbilla y me puse en posición de alerta. Comprendí que aquel nuevo sonido no pertenecía al contexto en que me hallaba. Presté atención al visitante: era un débil y agudo zumbido, sumado a un rumor parecido al que se encuentra en un túnel estrecho bajo una autopista.

 

No puedo explicar dónde estaba el origen de mi turbación. Algo había tras los árboles, en el lugar de la luz artificial, lugar de procedencia del ruido, que producía un desasosiego que cavaba hondo en mi estómago. Abandoné la Pasarela y salté a la arena. El mar estaba negro, rugía. Empecé a buscar respuestas razonables para el ruido: es una fuente de alimentación eléctrica, es un avión de la base militar, es un ciclomotor. Y sonaba, es cierto, a todo aquello, pero yo sentía un miedo atávico, solo en la playa con el bosque mudo aquel, con el cielo pecoso y empañado.

 

Y las huellas. En el suelo vi huellas que nunca había visto. Eran líneas con un círculo imprimido en el tercio superior. El ruido a esa altura era ya ensordecedor. Me di la vuelta y corrí paralelo al rompeolas. Me detuve a recuperar el aliento, a unos treinta metros de la luz anaranjada que en mi carrera interpreté como lugar de protección. Detrás de mis pisadas había más de esas huellas. Al menos conseguí dejar atrás el zumbido. Me encontré tan a salvo de él como de los barcos que marcaban en la negrura la línea invisible del horizonte.

 

3) Caminé pálido por el paseo marítimo, también desierto. Las hojas de las palmeras susurraban, incluso con la ausencia total de viento. Me apresuré a llegar a casa. Un gato atigrado bufó cuando me vio.

 

Encendí todas las luces de la casa, pero seguía sin poder tranquilizarme. Me puse a cantar. Pasé media hora debajo del chorro de agua caliente. Cené sopa estrellada con patatas. Puse la radio y la televisión. Y me senté en el escritorio.

 

Hasta aquí he llegado. He puesto por escrito lo sucedido. Al entrar a la habitación, me pareció sentir un peso desplazándose sobre la cama. Espero que una acción como escribir me traiga de nuevo la serenidad y vuelva a pensar con claridad.

 

4) Es inútil. Sigo sin sentirme tranquilo.

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