Grabado de la obra “Out of many, one” del artista Jorge Rodríguez-Gerada, comisionada por la Smithsonian National Portrait Gallery; imagen de satélite recogida por digitalglobe.

Estamos viviendo una situación excepcional para todas, pero el colectivo de los artistas la vive con una afectación peculiar. Desde @b.murals hemos conversado con algunos de ellos, organizando unos directos en Instagram cada día a las 17 h. Hablamos, sobre todo, con gestores culturales y con artistas. Para los que no nos conozcáis, BMURALS es un centro artístico con sede en la Nau Bostik especializado en arte… urbano. Con ello quiero decir que nuestros artistas, aquellos con los que trabajamos y con los que hemos charlado en estos días, se han visto afectados de forma especial pues trabajan principalmente fuera de casa.



El confinamiento, para un artista al uso, no es novedad. Como un farero, una pastora, una escritora, un ermitaño o un pescador de bacalao, están acostumbrados a la soledad. Tienen callo en esto. Pero para un artista urbano, una cuarentena es dramática. El teletrabajo es imposible. No vamos a entrar aquí en el drama económico que puede suponer, hablamos solo de la imposibilidad creativa, de la dificultad extrema para desarrollar su trabajo en un formato mínimamente parecido al habitual.

¿Qué han hecho? Muchos, reinventarse. La cuarentena empezó en lo que habitualmente es el inicio de su temporada de trabajo. Proyectos y viajes cancelados, y un tiempo indeterminado en un hábitat desconocido para muchos. Su casa.

Y con este tiempo han encontrado el marco ideal para hacer lo que no hay tiempo de hacer en el frenesí productivo del engranaje viaje-mural-viaje de marzo a noviembre. Esta reinvención pasa por la experimentación en nuevos lenguajes. En la dinámica de trabajo habitual, cuando se les contrata para pintar un mural o realizar una intervención, existe un conocimiento mutuo de lo que se espera que hagan, más o menos implícito. Por ello es difícil el cambio, la experimentación, la innovación. Pero en este paréntesis, también la lógica productiva se ha puesto en cuarentena, y ello ha posibilitado generar este entorno favorable sin más condicionantes que la pintura o la tela que tengan disponibles.

Así, hemos visto a no pocas artistas experimentar técnicas que les ayudan a cohesionar su obra, como por ejemplo Jorge Rodríguez-Gerada y sus incursiones en el grabado para aplicar esa estética tanto en murales de gran formato, esculturas o piezas de land art. El mítico Zosen, con la mano izquierda (la derecha la tenía perjudicada por un accidente doméstico) traduciendo su grafiti más bruto a telas con un resultado maravillosamente fino. O Franco Fasoli, atrapado en una residencia en Charlotte durante más meses de los que deseaba, que llevó un paso más allá su técnica de collage, haciendo él mismo el papel con el que construía auténticas colchas ilustradas.