temazo | Autoenganys: els carrers seran sempre nostres

Probablemente pocos habían oído hablar de Autoenganys hasta el pasado mes de agosto, cuando el diario El Mundo se hizo eco de la que ha sido hasta el momento su acción más sonada: colocar en varias marquesinas publicitarias del centro de barcelona un lacito amarillo del revés, en forma de soga, y el siguiente mensaje: “Si vivim, vivim per trepitjar els caps dels reis”. Una cita tomada de Enrique VIII, de William Shakespeare, que colocó a la gente de Autoenganys en un lugar en el que no acaban de sentirse a gusto: los medios de comunicación de masas. De esta manera, eso que llamamos el gran público tuvo conocimiento, en muchos casos por primera vez, de la existencia de este colectivo que se dedica desde hace algo más de un año a realizar acciones en el espacio público. En concreto, utilizan las marquesinas publicitarias para emitir mensajes de todo tipo, con el denominador común de la crítica al neoliberalismo y al sistema capitalista.

Decididos a saber quién se esconde detrás de Autoenganys, entramos en su página de Facebook, que es hasta el momento su única carta de presentación, y descubrimos algunas de sus campañas, siempre sobre marquesinas, todas de gran fuerza visual, impactantes e ingeniosas. Un simple vistazo nos deja claro qué hace Autoenganys, pero no sabemos ni quiénes son, ni cómo actúan (¿será fácil cambiar por la cara una marquesina?), quién decide, cómo se organizan y qué pretenden con ello. Así pues, decidimos consultarles del único modo posible: un mensaje de Facebook. Nos contestan encantados, enseguida, decididos a mantener su anonimato —no nos facilitan ningún mail o teléfono—, pero dispuestos a vernos para contarnos más sobre este curioso proyecto presente de forma continua, aunque en ocasiones poco perceptible, en las calles de Barcelona.

La calle ya está llena de una ideología concreta, que es el neoliberalismo. Autoenganys reivindica que, aunque seas pobre, tu voz también pueda estar en la calle, que no tengas que tener dinero para poner un mensaje.

Nos citan una mañana en la terraza de un bar del Poble-sec. Lo único que sabemos es que serán tres, pero que tal vez uno de ellos llegue tarde. Llego puntual, me acerco a tres señoras que desayunan animadamente en lo que parece una pausa del trabajo. “¿Me estáis esperando?”, les pregunto. Me miran risueñas. “No, cariño, pero si quieres siéntate.” Sigo mi periplo hacia la mesa de al lado, ocupada por un par de hipsters de manual en sus treintaytantos que bien podrían ser esos publicistas enfurecidos a los que imagino colgando por las noches sus camisas de marca y saliendo a la calle a reventar el sistema como mejor saben: a través del lenguaje publicitario. Porque es así como nos hemos imaginado desde el principio a la gente de Autoenganys: creativos que odian la publicidad porque la conocen, hartos de ese way of life de agencia, de no tener horarios y de sentir que están destinando su energía a crear un mundo peor. Les formulo la misma pregunta que a las señoras, pero su respuesta no es ni de lejos tan cálida. Me miran con todo el desprecio del que puede hacer acopio un ser humano, niegan con la cabeza y siguen a lo suyo.

Me siento, pido un café y a los pocos minutos llegan dos personas como tú y como yo, un hombre y una mujer jóvenes, y me preguntan si les estoy esperando. Las señoras de la mesa de al lado me hacen un guiño de aprobación, mientras los recién llegados me dicen sus nombres y me piden que no los utilice, así que les llamaremos Anna y Miguel. Minutos más tarde llega el tercer miembro del grupo, al que llamaremos Paolo.

Un par de horas de conversación y varios cafés más tarde Paolo me cuenta que el anonimato es fundamental. Su recelo, obviamente, está más que justificado si pensamos en las insólitas sentencias judiciales a las que hemos asistido en este país en los últimos meses, y más teniendo en cuenta que todas las campañas de Autoenganys se dedican, cada una a su manera, a meter el dedo en el ojo del establishment.

¿Cómo y por qué nació Autoenganys?

M. Somos un colectivo paraguas, que funcionamos de manera horizontal e informal, que practicamos el subvertising, un término que mezcla subvert y advertising y que en castellano tiene una traducción complicada. Se habla mucho también de hackvertising, que se traduciría como piratería publicitaria, una definición que quizá no tiene tanta pega, no es tan millenial, pero explica bien lo que hacemos. Nuestra idea, desde que nacimos (en junio de 2017), es que se sustituya la contaminación que hay en las calles por mensajes que aporten algo, o aunque no aporten nada que te hagan más feliz.

La primera acción

Tuvo lugar en junio de 2017 y coincidió con una manifestación por el derecho a la vivienda. Autoenganys quiso sumarse colocando en las marquesinas del Bus Turístic “una serie de informaciones que realmente fuesen útiles para los turistas. Bajo el lema ‘¿Has oído hablar de la turismofobia?’, nuestra intención era dar argumentos sobre los inconvenientes del turismo de masas en diversos ámbitos, tanto para la sostenibilidad como para la convivencia”

¿Contra qué protestáis?

M. Lo que nos une es la reivindicación del espacio público, que ya hemos dado por perdido, hemos aceptado que no es nuestro. La publicidad que copa la ciudad no es más que un montón de imaginación malgastada con relatos que tienen en común un único mensaje: “¡Compra!”. Nos da pena que gente que tiene una imaginación brutal y una capacidad estética increíble se dedique a crear historias con mensajes tan chungos. La gente de Autoenganys considera que la publicidad que tienes que tragarte, básicamente porque inunda el espacio público, es esencialmente basura que entra en tu cabeza pero que no has pedido. Es como la suciedad que te va quedando en el disco duro y cada dos por tres tienes que formatear. Por no hablar del hecho de que vas por la vida convencido de que todo ese espacio no es tuyo, cosa que es falsa.

¿Hasta qué punto hemos renunciado al espacio público?

 M. Un buen ejemplo es mi campaña preferida de todas las que hemos hecho, que parte de un anuncio de la inmobiliaria Engel & Völkers en Sant Antoni, y se colocó unos días antes de que reabriese el mercado. Se veía un loft impresionante en el barrio gentrificado por excelencia, donde apenas quedan viejecitas que echar de sus casas. Nos pusimos a pensar qué mensaje lanzaría Engels & Volkers si lo hiciese sin ningún tipo de filtro, y se nos ocurrió que sería “Stop Being Poor!”: no seas pobre. Si eres un pobre de mierda no te mereces vivir en Sant Antoni: vete. Lo que me emocionó de la campaña fue que la gente se lo tragó, ese es el nivel de indefensión que tenemos frente a la publicidad.
P. Y eso que había un apéndice que ponía ‘Ja Ja’. E incluso periodistas como Víctor Lenore se hicieron eco de la campaña pensando que iba en serio.
M. Que la gente crea que la publicidad puede mearse en tu cara de esta manera es muy sintomático de la necesidad de reapropiarnos de un espacio que es de todos.

¿Cómo actuáis?

P. A cara descubierta, a plena luz del día, con pinta de aburridos. Nadie repara en nosotros. De hecho, en una ocasión paró un coche de las fuerzas de seguridad del Estado al lado de unos compañeros que cambiaban una marquesina y no se percataron. Basta con ponerse un chaleco reflectante para pasar desapercibido.

Todas vuestras acciones se caracterizan por el activismo y la crítica a la monarquía, el capitalismo o el turismo de masas. ¿Qué premisas tienen que tener vuestras creaciones?

A. Es cierto que hasta ahora nuestras acciones tienen una coherencia, para mí somos incluso un poco panfletarios. Pero estamos en el momento de expandirnos y abrir la veda a otras vías de expresión, porque creemos que el movimiento adquirirá fuerza. Basta con que alguien sustituya, si le apetece, una publicidad de una marquesina por un cartel que ponga “Mamá, te quiero”.
P. Eso sí, no aceptamos ni mensajes discriminatorios ni cuñadadas.

¿Cómo habéis vivido la evolución del espacio público en el último año con la proliferación de lazos amarillos y otros símbolos?

A. Cada uno puede hacer en la calle lo que quiera. Nos divierte que señoras y señores que nunca habían hecho nada de repente sepan lo que es un espray y se pongan a hacer pintadas. No deja de ser entrañable que la gente salga a la calle y de repente haya un lacito amarillo y luego uno rojo y luego otra vez amarillo y luego se tache y así sucesivamente.

¿Aunque esa simbología sea en ocasiones susceptible de esconder intereses de determinados partidos políticos?

M. La calle ya está llena de una ideología concreta, que es el neoliberalismo. Autoenganys reivindica que, aunque seas pobre, tu voz también pueda estar en la calle, que no tengas que tener dinero para poner un mensaje. Me parece fantástico que una viejecilla se empodere y haga una pintada.
A. Personalmente, a partir del 1-O tuve cierta esperanza de que la gente se entusiasmase a hacer acción en la calle, sin olvidar que muchas de estas acciones están promovidas por los medios y por determinados partidos políticos. Pensé que, tras esto, mucha gente se contagiaría del espíritu y empezaría a hablar de otros temas, cosa que no está pasando.

Calificáis como epic fail vuestra campaña en el Mobile World Congress. ¿En qué consistió?

P. Es mi campaña preferida, precisamente por lo significativo de ese epic fail. Poco antes del Mobile World Congress, uno de los miembros de Autoenganys propuso una idea muy interesante: hacer unos carteles con el lema Mobile World Order. Llenaron plaza España de carteles y al final descubrimos que este concepto ya se usa por parte de la industria del móvil para referirse al internet de las cosas. Es, de hecho, un trademark de Cisco Systems, uno de los mayores productores mundiales de hardware en redes. Nos pareció muy simbólico.

Algunas de vuestras acciones han sido muy mediáticas, como la que criticaba la monarquía mediante un lacito amarillo en forma de soga.

A. Nos hemos dado cuenta de que solo somos mediáticos cuando nuestras iniciativas sirven para atacar a Colau. Ocurrió también con una que hicimos con el lema “Barcelona is not your fucking shopping center”, en que se veía una bolsa en llamas. Desde diversos frentes se dijo que ella era la responsable.
P. De hecho, tenemos que agradecerle que haya compadreado en repetidas ocasiones con Autoenganys. No es la primera vez que Colau ha insinuado en Twitter que sí, que es ella la que orquesta las acciones.

Talleres de Autoengany

La galería Àcid Sulfúric (Ricart, 23) acoge el próximo 22 de noviembre a las 17.30h un taller de subvertising impartido por Autoenganys. Constará de dos bloques: por un lado, la explicación y contextualización del movimiento, y por el otro la creación de una acción colectiva con motivo del No Ad Day. “Es una jornada internacional que tiene lugar en todo el mundo justo en la víspera del Black Friday, que es el viernes 23, y que invita, en este caso, a limpiar el espacio público de basura publicitaria”, explica Anna.

¿Os sentís cercanos a algún partido político local en particular?

M. Nuestra inspiración ideológica se encuentra en el situacionismo. Al final todos somos posmodernos, todos usamos Twitter. El mundo es el mundo y o lo aceptas o lo transformas, por eso también lo de la guerrilla semiótica como grito de guerra.

¿Es paritario Autoenganys en cuestiones de género?

P. Es cierto que se han generado dinámicas de agregaciones informales que se dan entre colegas y colegas de colegas, y los que han querido poner energía han sido chicos.
A. Putavidatete.
M. Nos gustaría, sin embargo, que hubiese un núcleo paritario en materia de género, y ahora mismo no lo hay. No vamos a mentir, ¡para eso ya está la publicidad!

¿En quién se inspira Autoenganys?

“Es un grupo de subvertising súper importante, que se dedica a hackear la marca Barcelona y nos sirve de inspiración”, afirma Miguel.
facebook.com/bcnmata

Bajo el lema “Public Space Matters”, este colectivo londinense que se llama Special Patrol Group, que también se dedica al subvertising, colabora a menudo con Autoenganys. “Nos han ayudado mucho a nivel técnico”, explica Paolo.
facebook.com/specialpatrols

Los padres de esta disciplina son, sin duda, estos canadienses de estética muy trabajada, sutiles y muy populares.
adbusters.org

Un grupo argentino “muy punky, que hacen collage. Son también un referente histórico, pero serían la otra cara de la moneda de la finura de Adbusters”, explica Paolo.
proyectosquatters.blogspot.com

Para Anna, el street art en todas sus manifestaciones, más allá del grafiti, es una fuente de inspiración fundamental. Uno de sus preferidos es el colectivo japonés Chim Pon. “En Tokyo hay un montón de ratas muertas, y la gente de Chim Pom las diseca, las pinta como pikachus y las dispersa por la ciudad, ¡animo a hacer cosas parecidas en Barcelona!”

Chim↑Pom (part 1 of 9) – The Influencers 2013 from The Influencers festival.

 

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