¿Alguna vez has hecho el ejercicio de caminar por la calle contando una a una las colillas del suelo? Si lo pruebas, verás que el número de ellas es incontable. Y escandaloso.

Cuando una colilla que provenía del coche de delante impactó en su casco cual proyectil, por poco provocándole un accidente, Miquel Garau se dio cuenta de lo grave de este residuo y decidió hacer algo al respecto. No Más Colillas en el Suelo Barcelona empieza con una simple página de Facebook y ha ido creciendo hasta convertirse en un movimiento global formado por voluntarios que luchan por concienciar del desastre medioambiental que suponen los cigarrillos.

Las colillas están en el top one de la lista de residuos a nivel mundial. Sí, por encima de las botellas y las bolsas de plástico. Como nos cuenta Patricia Agüera Pàmies, miembro del comité de No Más Colillas en el Suelo Barcelona, una colilla está compuesta de acetato de celulosa, que aunque nos suene a papel, es un derivado del petróleo, es decir, un tipo de plástico. Éste, cuando se degrada, pasa a ser un nanoplástico, un tipo de residuo que puede incluso acabar en nuestro propio organismo. Así lo muestra la fundación Rezero en una investigación en la que se han encontrado restos de plástico en las analíticas de orina de las nueve personas que participaron en el estudio en España.



En un entorno natural ya sabemos todos que tirar una colilla al suelo canta bastante, pero ¿por qué es tan dañino esto en la ciudad? “Las colillas tiradas en el suelo en las ciudades, por ejemplo, en cuanto llueve acaban en el alcantarillado, y de ahí van directas al mar. Y esto en el mejor de los casos. En el peor de los casos pueden ir a parar a un río, que tiene mucha menos cantidad de agua”, explica Patricia. Una sola colilla en el mar puede llegar a contaminar hasta 50 litros de agua dulce y hasta 10 de agua salada.

“Las colillas tiradas en el suelo en las ciudades, por ejemplo, en cuanto llueve acaban en el alcantarillado, y de ahí van directas al mar. Y esto en el mejor de los casos.”

Además del problema medioambiental que genera lanzar una colilla, hay otro más grave incluso, porque no se ve. Todos los cigarrillos, incluidos los de liar, contienen más de ocho mil sustancias químicas “extremadamente tóxicas”, entre ellas la nicotina, un “potente insecticida”, y numerosos metales pesados. Por no hablar ya del Polonio 210, una sustancia radioactiva que se ha encontrado también en las boquillas de los cigarros. Estamos también ante un problema de salud pública.

Desde que nace el movimiento en 2016, No Más Colillas en el Suelo Barcelona no ha dejado de organizar periódicamente salidas para recoger colillas en las calles de Barcelona, con el objetivo de hacerse ver y de dar información a los más curiosos que se les acercan. El protocolo consiste en, armados con guantes y garrafas de agua reutilizadas, recoger del suelo el máximo número posible de restos de pitillos y rellenar estas garrafas con ellos, lo que visualmente es bastante potente. Después, tiran las colillas sobre una lona de plástico y crean “la montaña de la vergüenza”. En la mayor de todas consiguieron juntar unas 330.000 colillas en total. A estas acciones muchas veces se suman otros grupos como WWF, Greenpeace, Surfrider y diferentes oenegés ecologistas. También colaboran con la Agencia de Residuos de Cataluña e instituciones relacionadas con el ámbito de la salud, como el ICO (Institut Català d’Oncologia) o la SCATT (Societat Catalana d’Atenció i Tractament de Consum de Tabac).

No sólo hacen recogidas, sino que también llevan a cabo lo que ellos llaman la “tiza de la vergüenza”, que se basa en dirigirse a puntos estratégicos de Barcelona donde saben que hay muchísimas colillas, las rodean con tizas de colores dibujando en el suelo y escriben al lado mensajes concienciadores del tipo: “Tu cigarro, tu responsabilidad” o “No lo normalices”.

No Más Colillas en el Suelo Barcelona tiene el foco de esta batalla en los filtros, de hecho piden tajantemente que se prohíban, que dejen de producirse y de venderse, que se erradiquen por completo, vaya. Y yo me pregunto, ¿y los “biodegradables”? Pues bien, la industria tabacalera vende filtros con este término para hacer lo que se denomina Greenwashing o lavado verde, es decir, pura estrategia de marketing. Los consumidores están dispuestos a pagar más por un producto que no es necesariamente más ecológico, y además, pensando que son biodegradables, pueden acabar en el contenedor marrón, lo que es todavía peor, señala Patricia. “Este tipo de filtros no sólo no soluciona el problema, sino que incluso puede agravarlo”. ¿Se pueden reciclar? Técnicamente sí. Pero necesitan un tratamiento tan complejo como poco sostenible.

Si hablamos de soluciones, una sería la de hacer recogida selectiva de colillas, de la misma forma que separamos el cartón, el plástico y el vidrio, con un contenedor sólo para colillas. Pero no existe. Y las pocas empresas que lo hacen en España, son eso, empresas cuyo único fin es lucrarse (y encima el trabajo sucio va de la mano de la colaboración ciudadana).
Patricia nos cuenta sus intentos por hablar con la Generalitat en busca de soluciones… ¿Y qué obtiene? ¡Ah, sorpresa! Evasivas, lavado de manos, falta de voluntad…

“Los gastos que genera el tabaquismo a nivel sanitario y medioambiental no se cubren ni de lejos con los impuestos que paga la industria del tabaco.”

¿Amiguismo con las tabacaleras? ¿Intereses mutuos?, le pregunto. “Si no es eso, no lo entendemos”, concluye Patricia. Y añade: “Es más, los gastos que genera el tabaquismo a nivel sanitario y medioambiental no se cubren ni de lejos con los impuestos que paga la industria del tabaco”. Si con todo esto no se nos quitan las ganas de fumar, al menos pongamos nuestro granito de arena y dejemos de lanzar nuestras colillas al suelo. Que no es tan difícil, ¿no?