¿Por qué una cofradía prefiere vender un casoplón en Vallvidrera a un fondo de inversión de capital extranjero?

“Evangelizar a los pobres” es la misión que desde 1625 tiene la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl. Puede parecer un objetivo ambiguo en 2019, pero entre las acepciones del verbo no se encuentra “vender al mejor postor” o “expulsar a los vecinos”. Tendría que ser, en todo caso, al contrario. Por más que lo intento no consigo entender por qué una cofradía prefiere vender un casoplón en Vallvidrera a un fondo de inversión de capital extranjero y no a una cooperativa de vivienda social de Barcelona, sin dejar de cumplir con sus valores. Esta es la historia de la Casa Buenos Aires, de la lucha de un fondo de inversión y la Iglesia contra los vecinos.



La Casa Buenos Aires fue en sus inicios el hotel Buenos Aires. Después se convirtió en residencia para los estudiantes de la UB; durante la Guerra Civil, en refugio para heridos; y hasta 2012, en la Llar Betània, otra residencia, en este caso, para mayores. Durante ese último uso albergó también una escuelita y se erigió en una especie de centro social para Vallvidrera, donde las abuelas del barrio iban a pasar sus días mientras sus familias las visitaban y seguían viviendo cerca. Pero en 2012, los padres paúles, que habían adquirido la casa en 1960, cerraron porque dijeron no poder asumir las obras que necesitaba el edificio para seguir garantizando su existencia.

Desde 2012 hasta marzo de 2019, la Buenos Aires estuvo por primera vez cerrada y abandonada. Pero hace dos años, un grupo de gente del barrio se organizó para hacer, a través de la cooperativa Sostre Cívic, una oferta de compra: 2,5 millones de euros. Su sueño era un proyecto de cohabitatge sénior, es decir, una cooperativa de vivienda para mayores de 55 años en la que ya se previeran los futuros cuidados que necesitarían. A la vez, querían que los espacios comunes estuvieran abiertos al resto del vecindario. Pero los paúles dijeron, según Eulàlia, una de las activistas implicadas, que “por menos de 4 millones de euros no se sentaban a negociar”. Sostre Cívic no podía asumir ese precio y se retiró.

Ante el abandono del lugar, otro grupo decidió tomarse la justicia por su mano y ocupó la Buenos Aires en marzo de este año. Desde entonces organizan charlas, talleres, conciertos de música clásica y dan techo a una veintena de jóvenes a los que la subida de precios del alquiler ha ido expulsando de Vallvidrera y otros distritos de la ciudad. Pero, ¡ay!, en esos días London Private Company, un fondo de inversión, hizo público que había hecho la precompra de la finca por 3 millones de euros y junto a la congregación, denunció a los ocupantes. Entre ellos, Eulàlia, que junto con otra compañera ha sido condenada a pagar 1.000 € de multa y desalojar la Buenos Aires. Ellas de momento no piensan cumplir ni una pena ni la otra.

Los padres paúles son propietarios de 57 inmuebles en todo el Estado español. Decidieron vender la casa a un fondo de inversión antes que a una cooperativa de vivienda social por 500.000 € de diferencia, extremo que provoca mucha rabia entre los vecinos que quieren hacer de Buenos Aires un espacio comunitario. Sin embargo, London Private Company planea construir un hotelazo de lujo que, en sus primeros planos, ni siquiera respeta las cristaleras modernistas que tiene la casa, obra de Jeroni F. Granell, el mismo arquitecto que diseñó los vitrales cenitales del Palau de la Música.

Es ahí donde entra en el juego el Ayuntamiento de Barcelona. El consistorio aún no se ha dignado a proteger el edificio como patrimonio cultural. En una charla con una de sus portavoces, nos advierten de que se está estudiando y esperando el informe correspondiente, aunque el regidor es nuevo y aún no se ha puesto a ello. Se trata del hombre de seguridad, Albert Batlle. De momento parece tener otras prioridades en Barcelona. Quizá la presión vecinal le haga cambiar de opinión.