Contra los poetas

Párrocos de la pederastia poética • “Lunes. Yo. // Martes. Yo. // Miércoles. Yo. // Jueves. Yo. // Viernes. Józefa Radzyminska me ha hecho llegar generosamente…” Así empieza el Diario de Witold Gombrowicz, escritor polaco que recaló en Argentina en agosto de 1939 y, cuando tenía previsto volver, a principios de setiembre, su país había dejado de existir gracias a la Alemania nazi y la Unión Soviética. Se quedó en Argentina durante veinticinco años, clandestino, subterráneo, reivindicándose como escritor cuando nadie conocía ni uno de sus libros, durmiendo en pensiones, trabajando de oficinista, frecuentando la juventud porteña y disfrutando de la inmadurez general del país. Se hizo un lugar, a una distancia exactamente infinita de Borges, su antónimo literario: «Esa metafísica es retorcida, estéril, aburrida y, en el fondo, poco original». Después de leer a Borges, Gombrowicz es la higiene intelectual que necesitamos.

Al volver a Europa, en 1963, pasó por Barcelona y consideró quedarse: no lo hizo porque había una dictadura. Bien por él.

En el Diario incluye una conferencia que dio en un café de Buenos Aires titulada Contra los poetas. Describe lo que ha vivido cualquier alma sensible que por desgracia se haya visto obligada a asistir a un recital poético: náusea, vergüenza ajena, empachamiento, acentuación dolorosa del sentido del ridículo y una pérdida de tiempo lamentable. Los poetas gritarán: «¡Sacrilegio!». Y tienen razón: se han convertido en unos párrocos de la pederastia poética. Están tan convencidos de su propia importancia, tan embebidos de su verborrea idolectal, que son incapaces de ver que, cuando declaman sus versos recopiados, solo se dirigen a otros como ellos, a una camarilla de ovacionadores que disfrutan con la retroalimentación comunal del ego.

El poeta “[…] no solo canta la Poesía, sino que también se embelesa con la Poesía; siendo Poeta, adora la grandeza y la importancia del Poeta; no solo pretende que los demás caigan de rodillas frente a él, sino que él mismo cae de rodillas ante sí mismo. (…) ¡El Poeta tiene que adorar al Poeta! (…) Todos ‘se comportan’ como si estuvieran entusiasmados, aunque ‘verdaderamente’ nadie está entusiasmado, al menos no hasta tal punto”.

Solo se dirigen a otros como ellos, a una camarilla de ovacionadores que disfrutan con la retroalimentación comunal del ego.

¿A alguien le suena? ¿La sentimentalidad forzada, la exhibición impúdica, el autobombo…? Y Gombrowicz se defiende de quienes quieran acusarlo de falta de sensibilidad poética (arma arrojadiza de poetastros sin recursos): lo que cansa es el exceso, la pedantería, la pose. Igual que el azúcar puro es incomible, el exceso de metáforas y sublimaciones, de rimas y ritmos, agota. En cambio, la poesía que hay en los dramas de Shakespeare o en las novelas de Dovstoievski, en dosis comedidas y oportunas, se equilibra, genera un efecto más profundo. No empacha.

Gombrowicz es el escritor marginal por antonomasia, aunque sea un oxímoron, aunque él mismo hubiera estado en contra de una descripción así. Leer Ferdydurke, la novela que tradujo en el Café Rex de Buenos Aires junto con itinerantes literatos jóvenes, en una especie de fiesta de la traducción más traicionera, es abrir la puerta de atrás de la literatura —esa vieja rezongona—, bajarle las bragas y darle un meneo de cuidado. Y quedarse más a gusto que un arbusto. Contra los poetas, contra los pintores, contra el postureo, contra la madurez, contra cualquier limitación de la libertad individual y del yo: Gombrowicz tiene el valor de no seguir más que a sí mismo.


Diario, Witold Gombrowicz, Seix Barral / El cuenco de plata.

 

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4 Comments

  • Un buen amigo a quien considero my brother me habló de este blog y más concretamente del post “Contra los poetas” (“El club de los Poetas Muertos” en boca de otro amigo común que creo detesta, no sé si a la poesía o a los poetas más bien muertos).

    Lo cierto es que al leer post y comentarios, se me han quitado un poco las ganas de escribir nada que se parezca a un comentario de nivel, después de ver el nivelazo de los intervinientes (con poesía en islandés included, ¡manda huevos!). Me ha invadido un cierto temor reverencial (eufemismo que equivale a terror o simplemente estar “acollonido”) pero como que dicen que la ignorancia es atrevida, con toda la humildad e ignorancia de que soy capaz diré mi “boutade” y me quedaré tan ancho (“más a gusto que un arbusto”), al fin y al cabo me ha parecido que todos los que habéis escrito al respecto encajáis en el perfil que de los poetas hace Gombrowicz, un tipo del que no tenía ni puta idea, pero que desde hoy me cae divino de la muerte. Tal vez quizá porque me gustan los provocadores y puede que en algunos casos tenga razón al calificar a los poetas como amigos de la lisonja y las “felaciones”, aunque no estoy de acuerdo en la generalización brutal que hace.
    Me gusta mucho la poesía y en cambio la vida de los poetas me importa un carajo, salvo en algunos casos en que un poeta le dedica un poema a otro, como puede ser Miguel Hernández a Ramón Sijé, por poner un ejemplo, o escuchar la voz profunda de Mercedes Sosa cantándole a Alfonsina Storni, o incluso apreciar en un poema que en pocas líneas resume la novela de Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac, como el “Poema del Renunciamiento” del poeta romántico José Ángel Buesa (fruto de mi fantasía, claro).

    La poesía tiene muchos géneros y registros y no se puede coger poesías y poetas y meterlo todo en el mismo saco.

    A Gombrowicz también le gusta la poesía o cuando menos sabe descubrirla y apreciarla en los dramas de Shakespeare y Dovstoievski.

    Disculpa mis delirios; al final yo también encajaré en el perfil que hace Gombrowicz, aunque eso, quizá sería demasiado pretencioso por mi parte, no sé…
    También en tu escrito he visto un párrafo muy poético, éste: “Leer Ferdydurke, es abrir la puerta de atrás de la literatura —esa vieja rezongona—, bajarle las bragas y darle un meneo de cuidado. Y quedarse más a gusto que un arbusto”; no será poesía mística ni romántica, pero sí neorrealista, si es que la poesía neorrealista existe.
    Ciao!

  • Ferran,
    Francis Ponge, que renegaba de la denominación de poeta, decía que había de “désabouffler” (traducción libre: desemperifollar) la poesía periódicamente. Admirador de Lucrecio, creía que las palabras tenían una función más allá de expresar los sentimientos del autor. Se dedicó a rescatar objetos corrientes (un guijarro, una pastilla de jabón, un espárrago) del mundo mudo pergeñando una suerte de descripciones que mimetizaban con palabras el objeto descrito. Y aseguraba lo siguiente: las palabras que describen los objetos y las que expresan los sentimientos son las mismas. Describiendo los objetos, buscando formulaciones exactas que no quisieran expresar sus sentimientos personales, acababa, sin querer, sin proponérselo, expresando sentimientos, pero como efecto secundario, mediatizados por este proceso que consiste en dar palabras al mundo mudo.
    Sin duda Gombrowicz es un provocador en ciertos momentos, pero su pose es en realidad una parodia de la pose, una forma de revelar por la exageración la impostura de la pose. Por eso no creo que sea nihilista. El ataque, como el de Ponge, va dirigido contra el romanticismo y el exceso de sentimentalismo, contra los supuesto poetas puros. Es un intento de desgajar la poesía del corsé melifluo del yo, el artista y el genio romántico. Como mínimo hacer ver que puede ser muchas otras cosas, como un De rerum natura o, en nuestros días, los Poemas Encadenados de Pedro Casariego Córdoba. Salir del ámbito habitual en el que ha acabado fosilizándose la poesía, darle caña, digamos, para que exprese lo que tiene de característico nuestra época.
    Muchas gracias por tus comentarios,
    Alfonso

    • Hola Alfonso, te agradezco mucho que hayas dedicado una parte de tu tiempo a darme una respuesta que me ha abierto nuevos paisajes.

      Tienes razón: las palabras que describen los objetos y expresan los sentimientos son las mismas. No hay más y hay que apañarse con lo que hay. Las palabras son idénticas, faltaría más, lo que cambia es su capacidad de sugerir, de combinarse -especialmente en la poesía moderna- muy por encima de lo que quiso decir el poeta. La buena poesía nos da alas, alas de libertad para imaginar, recordar o desear. La poesía une las palabras para decir algo que está más allá de su significado. Ponge, en su afán de desintoxicar las limita “O Table, ma console et ma consolatrice, table qui me console, ou je me consolide.”

      Creo que es legítimo destacar la capacidad de denuncia de Grombowicz y extasiarse ante su forma de, como bien dices, parodiar la pose y de revelar la impostura de la pose. Pero en realidad, desde mi pobreza de análisis, me parece que se limita a manifestar su rechazo contra algo y en mi opinión, más alla de su denuncia, manifiesta una pobreza creativa, que debía torturarle hasta desear “matar a Borges”.

      Se recrea en una iconoclasia justificada; pero creo que en definitiva le falta saber distinguir entre la evidente idolatría, en la que los poetas se adoran a sí mismos y la iconodulia en la que veneramos a la POESÍA (con mayúsculas). Quizás sea un tema de matices. El mundo sigue, como lo demuestra tu acertada alusión a Pe Cas Cor: Tú que no existes/sólo tú puedes. Yo que últimamente leo algo de poesía islandesa, tiendo a relativizar la recuperación de figuras históricas y me columpio entretenido en el Gleymy að Muna (olvidarse de recordar).

  • Esta bien recuperar la figura de Gombrowicz para replantearnos los excesos de las identidades colectivas y oxigenarnos, de vez en cuando, frente a los agobios de imposiciones culturales injustas que limitan al individuo y a su libertad. Pero creo que la reivindicación que haces de Gombrowicz debe quedar ahí.
    Encuentro que hubo en él mucho postureo. Que vivió en un afán irredento de reconocerse en un ataque nihilista a la poesía y a los poetas, como forma de personalizar una aversión a las formas en las que la gente falsamente se reconoce en la madurez.
    Cuando afirma que su tesis es: “que nadie (o casi nadie), en verdad, ama los versos y que el universo de la poesía en versos no es sino ficción y afectación”, está provocando. Si lees los textos de sus conferencias, ves como se sitúa en una desaprensión crítica dirigida a la poesía super versificada a cargo de poetas profesionales de los que se autocontemplan. Poetas de su época sumidos probablemente en un exceso de palabras poéticas, de metáforas, de estrofas, de elaboración, en definitiva de un mundo poético falsificado y ficticio. Pero desde hace muchos siglos la poesía es otra cosa.
    Yo creo que, como me enseño Osnofla un poeta cercano, la poesía nos permite intuir y expresar sentimientos y emociones. Si no estás muy de acuerdo te aconsejo dar un vistazo a Lope de Vega y Marta Poveda.
    https://www.condenastthink.es/amamos-la-poesia/
    Finalmente te quiero felicitar por tu buen artículo, más descriptivo que crítico. Y decirte que no puedo estar de acuerdo contigo cuando afirmas que “ Después de leer a Borges, Gombrowicz es la higiene intelectual que necesitamos”. Creo que Borges, más valorado por su prosa (?) es un gran poeta, como me hizo ver mi suegro islandés en una conversación en 1972. Acabo con uno de sus versos.
    “Más allá de este afán y de este verso
    me aguarda inagotable el universo.”

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