Primavera Sound y Sónar se llevaron el año pasado 150.000 euros cada uno en subvenciones. Este año también. De hecho, el presupuesto para ellos subió en 30.000 euros en 2013. No está mal, si no fuera porque el saco no es eterno y las cantidades para los pequeños sí se han ido reduciendo. Como Arco de la Virgen, que pidió 20.000 euros, como subvención cultural -la mitad de lo que presupuestaban para su actividad, que es lo que exige la normativa- y le concedieron 3.000. Después de reclamar, porque con eso no pagaban ni las nóminas de un mes, se la denegaron y ellos rechazaron la subvención por principios (y por todo el papeleo que implicaba).

En 2012, tuvieron una queja por ruido que ha desembocado en la terrible situación actual: el local está a punto de ser precintado indefinidamente.

Arco de la Virgen es suscriptor de BCN Més, es decir, apuesta por una revista trilingüe, cultural, local y alternativa. Deja ensayar a grupos gratis, como la Barcelona Gipsy Klezmer Orchestra, es decir, apoya la cultura local, de la terra. Celebra jam sessions de Swing Balkan cada jueves, es decir, ayuda a difundir la cultura y pone su granito de arena en la confección del tejido social del Raval. Y una queja en dos años va a acabar con todo eso.

La Virgen es un local de 70 metros al que se exige la misma normativa que a la Apolo en acondicionamiento. Insonorizar un local cuesta un dinero que los grandes comerciales se pueden permitir, pero los pequeños no. Y si contamos con que esto es una asociación cultural, entonces apaga y vámonos. Su presidente, Sergio Marcovich, cree que el comportamiento de la asociación es “ejemplar” si sólo ha habido una queja desde 2012, teniendo en cuenta que el centro celebra 200 eventos al año.

Nosotros no queremos que cierren la Virgen y pongan un McDonald´s o un Zara. Queremos el Raval para sus vecinos y su cultura. La Virgen hace eso. Paremos su cierre.