La cosa ocurrió de un día para otro. Mirases donde mirases, ahí estaba: un nuevo fumador de CBD. Luego vinieron los aceites y las vitaminas, que sedujeron a los representantes del partido antidrogas con sus dolores de reuma.

Aquella nueva tendencia merecía mi atención y empecé a preguntar a los consumidores de CBD más cercanos sobre ese nuevo producto. Después de afirmaciones tales como «un incienso para dejar los porros» o «una vez me comí un yogur caducado y me colocó más que esa mierda», busqué nuevas fuentes para informarme.

Así he llegado hasta el Dr. Robert Uhlenbrock de Kalapa Clínic, una plataforma informativa de médicos que apuestan por tratamientos alternativos con cannabis medicinal. Al poco de presentarnos me confiesa que aunque Kalapa Clínic, así como el cannabis medicinal, no tienen una regulación en España, nuestro país es el principal productor para muchas de las grandes compañías farmacéuticas que luego venden cannabis medicinal al extranjero. A partir de aquí, se abre el telón y empieza una larga lista de incongruencias características del Spain is different.



Dame una M de medicina vs. mercado

Descubro, a través de diferentes estudios, que el CBD es una medicina alternativa con miles de posibilidades: en la Universidad de St. George (Londres) el Dr. Wai Liu llevó a cabo un estudio con ratones en el que demostraba que el CBD combinado con radioterapia era una herramienta para reducir significativamente los tumores cerebrales. En la Universidad de Queensland (Australia) propusieron el CBD como sustitutivo del antibiótico para ralentizar el desarrollo de la resistencia bacteriana, que actualmente representa un gran problema en casos de infecciones simples como una neumonía básica, que no responden a ningún antibiótico del mercado. Recientemente, en la Universidad de Oslo (Noruega) también han estudiado los cannabinoides como reguladores del estado de ánimo, sobre todo en personas que sufren trastorno bipolar.

Y aquí en casa, en el Institut Hospital del Mar d’Investigacions Mèdiques, hace al menos diez años que se descubrieron los beneficios para paliar los síntomas de la fibromialgia con el consumo medicinal de marihuana. El propio Dr. Uhlenbrock realiza tratamientos en Kalapa Clínic con resultados óptimos en pacientes con diabetes, esclerosis múltiple o incluso para prevenir enfermedades como el Alzheimer. Pero a pesar de la cantidad de estudios sobre el CBD (y su aparente fantasía, con unicornio incluido, para la medicina), desde el Congreso y en boca del PNV, se dijo el pasado noviembre que no se regula el uso terapéutico de la marihuana porque no hay evidencias científicas de su éxito y conlleva muchos riesgos.

Cabe decir que uno de los motivos principales para rechazar numerosos estudios del CBD es que presenta efectos secundarios leves y de corta duración (estreñimiento, cansancio, cambio de apetito…), pero la propia OMS ha declarado el CBD como sustancia no tóxica. Contrariamente, en España se prescriben medicamentos con efectos secundarios graves, como el ibuprofeno que según un estudio de la AEG en 2001 hospitalizó por hemorragias digestivas a 16.000 pacientes. O la benzodiacepina, prescrita para el insomnio. Su problema de adicción reconocido por la ONUDD provoca que miles de pacientes acaben por marcarse un Requiem for a Dream y mueran por sobredosis.

No se regula el uso terapéutico de la marihuana porque no hay evidencias científicas de su éxito y conlleva muchos riesgos.

La conclusión es que, en vez de seguir criterios sanitarios objetivos, son las grandes empresas las que monopolizan el mercado y deciden los medicamentos que hemos de consumir. Por ello, si tú presentas una propuesta impoluta, con todos los parámetros científicos correctos, sobre el potencial terapéutico de los cannabinoides, te sonríen y lo utilizan para limpiarse el culo. Mientras, por otro lado, existen siete grandes hombres de negocios que gozan de una licencia mágica para el cultivo, producción, distribución y exportación de Cannabis Sativa y sus productos (véase la página de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, AEMPS, sobre las autorizaciones vigentes).

Es decir, que a pesar de los estudios científicos que demuestran los beneficios de los cannabinoides, España se niega a regularizar el cannabis medicinal, pero permite a empresarios como Juan Abelló construir su modesto imperio, como lo fue Alcaliber, gracias a su licencia especial de cultivo que, supongo, obtuvo por ser el más guapo del parque. Licencia que luego pasó a manos de la empresa Linneo, la cual recibió dos inyecciones de capital de 1,8 y 12 millones de euros de sus accionistas y que cuenta con cuatro hectáreas en Toledo, Albacete y Ciudad Real dedicadas a las flores de cannabis.

Dame una C de cultivo caótico

“¿Por qué utilizar los bosques y minas que necesitan cientos y miles de años para formarse, si podemos conseguir anualmente el equivalente de esos productos forestales y minerales de campos de cáñamo?”

Henry Ford dijo esto en 1941 cuando construyó un coche a base de cáñamo. Su defensa de la producción de este cultivo, para la alimentación y transformación de una industria más ecológica, quedaba muy alejada de la idea del cannabis como droga psicodélica del Woodstock. Así mismo, y siguiendo esta línea medioambiental, en territorios cercanos a Chernobil se cultivó cáñamo para acabar con los materiales radiactivos de la tierra. Realizaron el proceso de fitorremediación, término acuñado por el Dr. Ilya Raskin que hace referencia a la descontaminación de los suelos a través de especies vegetales.

La planta del cannabis posee 120 moléculas llamadas cannabinoides. La más conocida, y que da fama a su estigma social, es el THC (tetrahidrocannabinol). Sin embargo, en los últimos tiempos, su hermano CBD (cannabidiol) ha tomado protagonismo, dados sus beneficios a nivel terapéutico y en otros sectores como la industria cosmética. Estos dos cannabinoides se diferencian, principalmente, debido a que el CBD no produce el característico efecto psicotrópico del THC (comúnmente llamado colocón).

Hablo con el pequeño productor. Jan Serra trabaja en Biocamen, una empresa que desde hace tres años intenta llevar el cultivo de cannabis al nivel industrial y que explota 13.000 m².

Volviendo a los parámetros legales y lejos de la realidad de esos siete privilegiados con sus licencias mágicas, bajo a la tierra y hablo con el pequeño productor. Jan Serra trabaja en Biocamen, una empresa que desde hace tres años intenta llevar el cultivo de cannabis al nivel industrial y que explota 13.000 m² de invernadero, además de asesorar y colaborar en otros cultivos.

De nuevo, me cuenta que estamos en un país en el que las leyes van cambiando a gusto de unos pocos, en el que no se sigue un paralelismo con Europa y en el que todavía no está perfectamente regulado. Sin esas licencias específicas, la AEMPS no permite extraer CBD de la flor del cannabis ya que se consideraría droga. Únicamente es legal cultivar cáñamo biológico de semilla certificada (misma planta que el cannabis pero no tan trabajada genéticamente) o cáñamo sintético (producido en laboratorio). Y en ambos, uno no puede superar el 0,2 % de THC. Cuando, en realidad, el CBD extraído de la flor del cannabis, del cáñamo biológico o sintético, produce los mismos efectos en la salud.

Esta ley presenta un problema ya que cuanto más THC, mayor es el porcentaje de CBD (los cannabinoides siempre son proporcionales). Si posees una biomasa (masa triturada de la planta) con un 10 % de CBD, aproximadamente tendrás un 0,5 % de THC, y si es de 5 % de CBD, tendrás un 0,25 % de THC. Easy. La cuestión es que el precio de los productos de CBD varía según el porcentaje que contienen de este. Esto dificulta la competencia entre los agricultores, puesto que si no pueden sobrepasar el 0,2 % de THC ni extraer la molécula de la flor del cannabis (donde se encuentra el mayor porcentaje de cannabinoides), el nivel de CBD de la biomasa siempre será muy pobre.

En España el pequeño agricultor puede aspirar a una biomasa picada con un 3 o 4 % de CBD por el que le pagarán unos 10 €/kg. Mientras, en Suiza, se ganan 75 €/kg, con un clima peor que el de España con su caloret faller. Esta limitación reafirma el monopolio de los que poseen licencias mágicas y hace que el negocio, conocimiento y beneficio que podría quedarse en España y hacerla pionera en el sector, se vaya a otros lugares como Portugal, Suiza y Francia o a países de Sudamérica o África.

Dame una F de feliz futuro

 

Para acabar de entrar en los términos legales del CBD (que es donde parece que está todo el lío) hablo con Joan Bertomeu del Estudio Jurídico Brotsanbert, un despacho de abogados multidisciplinar y especialista en todo aquello que tiene relación con el cannabis. Joan se muestra más optimista respecto a la situación del CBD: el pasado diciembre el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictó una Sentencia (la STJUE de 19 de Noviembre de 2020) que anulaba una causa penal en Francia por la venta de líquido de vapeo de CBD importado desde la República Checa.

Esta sentencia representa un antes y un después en la producción y comercio de CBD porque 1) impide que los estados puedan restringir la importación de CBD legalmente producido en otro estado miembro (tenga usted un buen vuelo Sr. CBD); 2) considera que el CBD ni es un estupefaciente, ni es tóxico, ni se le conocen efectos perjudiciales para la salud (o sea, ni duendes flotando ni membranas en los dedos); 3) el CBD puede ser extraído de todas las partes de la planta incluyendo las flores y las hojas, no pudiendo limitarse el cultivo industrial a la elaboración de fibra o semilla (aquí no se tira nada, señoría); y 4) que es contrario a la ciencia y al espíritu de la convención que se fiscalice el CBD si viene de la flor de la planta y no si viene de la semilla o es sintético, dado que tienen los mismos efectos en la salud (tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando).

En consecuencia, la Comisión Europea ha desbloqueado las solicitudes para autorizar el aceite y el aislado de CBD natural extraído de cannabis y ha permitido el CBD proveniente del extracto, la tintura y la resina de cannabis (¡hurra para el sector cosmético!), cuando antes solo se permitía el CBD sintético o el extracto de semilla o de hoja. Vamos, que esta sentencia es digna del capítulo final de temporada de Ally Mcbeal, con su correspondiente pop del 2000 de fondo.

En tono esperanzador, Bertomeu dice que, en un futuro, la monopolización y la manía de la AEMPS por ser la única que determine quien tiene su licencia mágica quedará desbancada por el criterio europeo y la postura del TJUE, en la que todo ciudadano de la Unión se amparará. La aplicación de este derecho europeo es necesaria, principalmente porque si no, el Estado español será el único niño del patio que no podrá jugar con CBD sin las restricciones de una normativa disparatada y contradictoria, donde el CBD es un estupefaciente y solo se toca si es sintético y viene de la fibra o la semilla.

Y aunque Spain siempre lucha por ser different, Bertomeu cree que el futuro del CBD está lleno de luz: una senda clara donde habrá una apertura de su producción y comercio sin restricción y se evitará el monopolio. Entonces se aplicará un sistema económico igualitario, en el que autocultivadores y asociaciones de usuarios, sin ánimo de lucro, podrán actuar según unos parámetros y con seguridad jurídica. Y ya de paso, también pequeños y medianos productores, fabricantes y comerciantes podrán acceder al mercado en igualdad de condiciones. Y habrá paz en el mundo. Sounds good.

Con estas últimas palabras, me deshago de ese sabor amargo y casposo que desprende la industria española, y mi investigación adquiere un tono esperanzador desplegado en el prvenir del CBD. Parece ser que todavía queda un largo camino para que la apertura de condiciones sobre este producto le permita una mayor legitimidad en términos médicos y comerciales. Pero, y aunque la frustración de los que defienden esta nueva tendencia es palpable, creo que es la lucha de los profesionales contra la desinformación y por la igualdad de posibilidades la que solidificará, poco a poco, el futuro del CBD. El tiempo hablará. Hasta entonces: paz, amigos.